domingo, 16 de diciembre de 2012

Feliz Navidad, Niño Jesús



Feliz Navidad, Niño Jesús
Jhon Monsalve 
Artículo publicado en la “Revista Coito”: http://www.facebook.com/revistacoito

Te escribo, ante todo, para desearte que seas feliz esta Navidad; siempre se olvidan de ti. Nadie ha caído en la cuenta de que tú también eres un niño, y como niño también sueñas, también quieres juguetes, también necesitas amor. Todos te piden cosas, pero nunca te dan nada. El año pasado me trajiste la bici que quería, y te agradezco. Este año tengo dos deseos: quiero que resuelvas algunas de mis dudas y que seas feliz, no porque das, sino porque al fin recibes... La risa de los bebés es especial: da la impresión de que aún guardaran los vestigios del cielo... Mi mamá me contó que eres hijo de Dios, y yo le dije que eso era obvio porque todos éramos hijos de Dios. Yo pienso que no debemos discriminar a nadie, y yo creo que Dios, tu Papá, debe dar ejemplo de eso.
Debo confesarte que no entiendo por qué te llaman Niño Dios, como si fueses un pasado del Todopoderoso. Tengo entendido que eres Jesús, y no Dios, eres una persona distinta a tu Papá. Mi mamá siempre te llama Niño Jesús, y es mucho mejor, y nadie se confunde.
Otra cosa: quiero preguntarte por qué la gente te adora como niño, si yo sé que tú ya creciste, moriste en la Cruz, resucitaste y luego te fuiste para el cielo, donde está tu Papá. Yo creo que la gente no debería alabarte como un niño, porque tú eres grande como la tierra, o sea que eres un gigante: eso me enseñaron en la catequesis.
Eso sí: ojalá nunca reciba respuesta de esta carta, pues así ratificaré mis sospechas: que, en realidad, tú no existes y que eres un invento de los papás...
Niño Jesús, que la pases muy bien en el cielo, donde, supongo, siempre hay nieve para jugar. Pensándolo bien: si eres el Niño Jesús, que está en el cielo, ¡entonces moriste cuando eras bebé! Lo siento mucho, Niño Jesús. Ten en cuenta, sin embargo, que allá estás con tu Papá, el más poderoso de todos, y ningún niño está triste al lado de su padre.
Ojalá no existas, Niño Jesús, para no sentirme engañado: en la Iglesia siempre me han dicho que tú creciste y moriste por mí. Si no creciste, entonces, ¿quién fue el que murió? Y si creciste, ¿por qué te alabamos a ti y te pedimos regalos?
Niño Jesús, en la catequesis también me enseñaron que la punta del árbol de Navidad representa la morada de los dioses, y las raíces, el infierno. Lo raro, Niño Jesús, es que a ti te ubican en la parte de abajo.
Niño Jesús, créeme que yo me sentiría mal si matan a miles de niños por mi culpa. Acaso, ¿no era justo dar la vida por ellos también? Niño Jesús, si existes, envíale una carta a todos los niños del mundo para informarles que el 28 de diciembre no es un día de relajo y de bromas, pues se conmemora la muerte de todos los niños que murieron en tu lugar y por tu culpa. Haz eso, y te aseguro que el resentimiento disminuirá.
Niño Jesús, esta Navidad solamente pido que, si existes (ojalá no existas), la pases bien, que te desaburras leyendo las cartas de todos los niños del mundo, que al fin te hayan enviado algún regalo, que respondas a mis preguntas... Si no lo haces, me daré cuenta de lo que siempre he sospechado: que mis padres y la Iglesia me han tomado como idiota.

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