lunes, 1 de julio de 2013

Análisis literario de “Nocturno”, de José Asunción Silva

Análisis literario de “Nocturno”, de José Asunción Silva
Jhon Monsalve
Imagen tomada de internet
Nota preliminar: El siguiente análisis se hace, primordialmente, con base en el texto. Tal vez seamos conscientes de que, como lo afirma uno que otro ensayo, El Nocturno III, de José Asunción Silva, va dirigido a su difunta hermana: “Y nos consta también que en su Nocturno Tercero, en el que llora con amargura la muerte de su hermana y confidente Elvira (…)”. Por lo tanto, reitero que, aun sabiendo esto, el texto dice muchas más cosas que una simple información de dolor familiar, y por ese motivo, en ningún momento, saldrá la imagen de la hermana del poeta. Más bien veremos la figura de la amada de un Yo lírico nostálgico y lleno de ausencia.

A modo de introducción
Los colombianos llevan sobre sí y sin saberlo el poema de José Asunción Silva entre su bolsillo.  Ven el billete de 5.000 pesos, ven la cara de un señor barbudo y de mirada fija, concentrada, tal vez perdida entre la nada. Y listo, y compran y gastan e invierten el dinero haciendo uso de cientos de billetes iguales, y no son conscientes de la identidad de ese hombre y mucho menos del dibujo que  está al respaldo, en el que se identifica una mujer solitaria, entre árboles y bajo una luna llena, inmensa, casi amenazante. Y mucho menos se dan cuenta del poema inscrito en lo que parece ser un epitafio o un busto. Los colombianos cargan “Nocturno” entre las preocupaciones del día, entre los afanes, entre los negocios, y no saben nada del poema. El Sistema parece tenerlos sumidos en la más incógnita podredumbre humana: el desdén ante el arte y el amor al dinero y a la prosperidad. Claro que no son todos los colombianos: algunos se deben preocupar más por conseguir el billete para poder comer, y olvidan, sin culpa, la importancia cultural del poema modernista. Pero esto es tema aparte, y, aunque de una u otra forma se asocie con la perspectiva negativa ante la vida propia del movimiento literario, vamos al análisis.

El Modernismo en Colombia
Del mismo modo que Rubén Darío es el máximo exponente del Modernismo en Latinoamérica, lo es José Asunción Silva para el desarrollo de la misma corriente literaria en Colombia. Las características son muy similares, en cuanto a temática y, en ocasiones, a estructura. Recordemos que fueron, entre otras, dos de las características más importantes de este periodo literario: La ruptura de modelos tradicionales y las temáticas con respecto a lo difícil de la vida del siglo, ante perspectivas algo pesimistas. Este cambio estructural venía generándose por medio de los poetas malditos, en Europa. Cabe aclarar que no por ello pueden considerarse malditos los escritores modernistas, sino víctimas de una sociedad llena de cambios, de jóvenes Estados, de revoluciones y conflictos. Con respecto a las temáticas, de una u otra manera, también guardan cierta relación con las temáticas propuestas por los poetas malditos franceses. Baudelaire, por ejemplo, y aunque no aparezca entre los autores reseñados por Verlaine en el libro Los poetas malditos, fue considerado como tal partiendo de ciertos poemas en los que se representaba la vida clara y consciente de enfrentar un futuro inminente: la muerte cruel. Un ejemplo de ello es el poema Carroña, del autor de Las flores del mal. En el caso de José asunción Silva, la situación social y política del país y del continente se ve configurada de manera magistral en el poema El mal del siglo y, por otro lado, la muerte aparece con suprema nostalgia, tristeza y melancolía en el poema objeto de nuestro estudio: Nocturno.

“Nocturno”, poema en dos tiempos: nostalgia de una muerte
Aunque son tres los Nocturnos de Silva, solo trabajaremos, por motivos de tiempo y pertinencia, el Nocturno III, por ser considerado el más importante y el más trascendente de los poemas del escritor modernista. A continuación presentamos el poema y justo después empezaremos y daremos fin al respectivo análisis, tanto en lo estructural como en lo temático.

Nocturno
Una noche,
Una noche toda llena de perfumes, de murmullos y de músicas de alas,
Una noche,
En que ardían en la sombra nupcial y húmeda las luciérnagas fantásticas,
A mi lado, lentamente, contra mí ceñida toda,
Muda y pálida
Como si un presentimiento de amarguras infinitas,
Hasta el más secreto fondo de tus fibras te agitara,
Por la senda florecida que atraviesa la llanura
Caminabas,
Y la luna llena
Por los cielos azulosos, infinitos y profundos esparcía su luz blanca,
Y tu sombra
Fina y lánguida,
Y mi sombra
Por los rayos de la luna proyectada
Sobre las arenas tristes
De la senda se juntaban
Y eran una
Y eran una
¡Y eran una sola sombra larga!
¡Y eran una sola sombra larga!
¡Y eran una sola sombra larga...!
Esta noche
Solo; el alma
Llena de infinitas amarguras y agonías de tu muerte,
Separado de ti misma, por la sombra, por el tiempo y la distancia,
Por el infinito negro,
Donde nuestra voz no alcanza,
Solo y mudo
Por la senda caminaba...
Y se oían los ladridos de los perros a la luna,
A la luna pálida
Y el chirrido de las ranas...
Sentí frío. Era el frío que tenían en la alcoba
Tus mejillas y tus sienes y tus manos adoradas,
Entre las blancuras níveas
¡De las mortuorias sábanas!
Era el frío del sepulcro, era el frío de la muerte,
Era el frío de la nada...
Y mi sombra
Por los rayos de la luna proyectada,
Iba sola,
Iba sola,
¡Iba sola por la estepa solitaria!
Y tu sombra, esbelta y ágil
Fina y lánguida,
Como en esa noche tibia de la muerta primavera,
Como en esa noche llena de perfumes, de murmullos y de músicas de alas,
Se acercó y marchó con ella,
Se acercó y marchó con ella,
Se acercó y marchó con ella...
¡Oh, las sombras enlazadas!
¡Oh, las sombras de los cuerpos que se juntan con las sombras de las almas!
¡Oh, las sombras que se buscan y se juntan en las noches de negruras y de lágrimas...! 


La estructura de Nocturno III: el ritmo
El poema tiene un ritmo particular. El hecho de que haya versos de solo cuatro sílabas intercalados con otros que llegan incluso a veinte, hace del poema una composición rítmica. La métrica no es exacta y, por lo tanto, cumple una de las características principales de las que ya hablamos arriba. Lo que sí podemos afirmar es que los versos, tan variados en cantidad silábica, dan el ritmo necesario y característico del movimiento literario. Por otro lado, se presenta una recurrente repetición de algunos versos durante el poema, que aparece, generalmente, cuando se incrementa la nostalgia. Los recuerdos y la nostalgia llegan con los versos reiterados.

Temática y dos tiempos del poema
Si es de delimitar la temática de Nocturno III, de José Asunción Silva, habría que fijar dos términos: la muerte y la nostalgia. Para ser más precisos y delimitarlos aun más, propongamos un tema general que una los dos elementos: La nostalgia de la muerte. Por medio de isotopías, podemos darnos cuenta de ello: amarguras infinitas, arenas tristes, infinitas amarguras y agonías de tu muerte, el infinito negro, Sentí frío, las mortuorias sábanas, Era el frío del sepulcro, era el frío de la muerte, Era el frío de la nada, la muerta primavera, las sombras de las almas, las noches de negruras y de lágrimas. En la primera parte del poema, en la primera estrofa, podemos observar la felicidad acompañada de música, murmullos y de perfumes, que le dan un toque de tranquilidad a la situación amorosa. Sin embargo, en esa misma estrofa se evidencia el futuro de la amada: “A mi lado, lentamente, contra mí ceñida toda/ Muda y pálida/ Como si un presentimiento de amarguras infinitas/ Hasta el más secreto fondo de tus fibras te agitara (…)”. Nos encontramos así con  dos tiempos, de los cuales el último se viste de fantasma. No podemos negar que en la primera parte del poema aparece la amada y, en la segunda, su ausencia. Esto produce el sentimiento de nostalgia dejado por la muerte, que es sin duda la causante de los nuevos sentimientos del Yo poético. Las sombras que, desde el inicio del poema, unen a los amantes cumplen la función de llevar el amor incluso hasta la muerte. La sombra de él compaginó con la de ella y huyeron por siempre: Se acercó y marchó con ella; ¡Oh, las sombras enlazadas!

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