sábado, 20 de abril de 2013

Entre gatos y ratones (Jhon Monsalve), cuento publicado en Vanguardia Liberal el 20 de enero de 2013


ENTRE GATOS Y RATONES
(Cuento publicado en Vanguardia Liberal el 20 de enero de 2013)
Jhon Monsalve
Imagen tomada de: poemasilustrados.blogspot.com
Cuando me asomo a la ventana, veo a los gatos tratando de atrapar  a los ratones. Se turnan por periodos de cuatro horas para aprovechar las demás durmiendo, o para ir, muy cautelosamente y hasta con coquetería, a las casas vecinas y robar todo lo que sea de comer porque nunca se sacian. Son cuatro horas, no más... A veces, por consenso de los demás gatos, los que ya habían ido a atrapar ratones tienen el beneficio y el placer de ir cuatro horas más a seguirlos matando, mientras los demás duermen o roban lo que pueden en las noches o en los días: para el hurto no tienen horario.
Cuando me asomo a la ventana, veo a los ratones corriendo. Es evidente que el tamaño los asusta y que sus chillidos no son tan fuertes como los miaus de los gatos. Por más que se unan y que griten y que se vayan contra los felinos, nadie les presta atención: los gatos no les tienen miedo, poseen uñas que desgarran sus gargantas y dientes filosos que destrozan sus cuerpos. Por eso corren: porque no hay otra salida.
Los ratones siempre se esconden en unas casitas de barro, nada parecidas a las mansiones de los gatos, que son acolchadas, con abrigos, de varios pisos porque siempre les gusta dormir en lo más alto, donde puedan ver aun más pequeños a los pobres ratones. A veces se les lanzan desde arriba y los atrapan en el preciso momento en que los roedores salen a buscar las migajas que dejan los gatos de los ratones ya muertos.
Un día creí que eso iba a cambiar. Miré por la ventana y salieron miles de ratas cansadas de la situación y del maltrato hacia sus hijos y familiares, y que estaban dispuestas a morir por la dignidad y por el respeto. Pero los gatos al ver que era tal la multitud, decidieron despertar a todos los demás, que dormían tranquilamente para reponer fuerzas y atacar de nuevo. Se despertaron, vieron a las ratas que venían a toda velocidad, y sacaron sus uñas, y no se necesitaron más de 32 gatos para acabar con miles de ratas y algunos ratoncitos valientes, que pedían lo justo.
Cada vez que salgo a la ventana, veo cómo los gatos que descansan se levantan de vez en cuando para lamerse el pelo, las patas, el vientre. Veo cómo bostezan de sueño, cómo se alimentan una y otra vez de las cabezas  de los ratones muertos que aún sirven y cómo vuelven a sus camas acolchadas para continuar con su merecido descanso. Por el otro lado de la calle, los gatos matan cientos de ratones y los devoran paulatinamente, para que sufran más. Otros llevan un pedazo de carne robado de la casa vecina y discuten por el mejor pedazo.
Negocian por momentos, sonríen por momentos y terminan luchando entre ellos mismos con uñas y muelas. Los chillidos que dan asustan a los ratones, los cuales elevan plegarias al cielo improvisado de sus casas, donde pusieron estratégicamente a un ratón muerto con los brazos abiertos y las piernas unidas en algo muy parecido a una cruz, dizque para que les diera aliento y los ayudara a soportar los sufrimientos de la vida. Los gatos son los únicos que saben que esas plegarias no ayudan a los roedores a resolver sus problemas.
Cada vez que salgo a la ventana, veo cómo los ratones huyen de miedo o lloran a sus muertos. Los ratones más pequeños están desnutridos; se puede dibujar con ellos el sistema óseo, estén vivos o muertos. A veces, los ratones adultos y muertos, ya devorados por los gatos, resultan con más carne en su cuerpo que estos pequeños. También veo cómo celebran la vida cada vez que salen ilesos de las garras de los felinos. También se pelean los restos, pero no por ansias, como en el caso de los gatos, sino por necesidad. Pero eso no es lo peor...
Cuando me asomo a la ventana, veo a la gente de este país acariciando a los gatos y temiéndoles a los ratones.

4 comentarios:

  1. Hola John,
    me ha gustado el cuento de tu autoría, ahora una pregunta, digo ¿porque le tememos a los ratones y no a los gatos?
    bueno creo que en el ecosistema el ratón sirve para algo pero el gato tambien lo mata por algo si esto lo trasladamos a los seres humanos ceo que como quedaría que el que tiene el poder mata a su antojo al que depende de él.
    En serio muy lindo el relato y da que pensar e interpretar
    un abrazo. Carmen tu fiel seguidora, y ¡un placer!

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    1. Carmen, gracias por sus comentarios. Siempre me son muy gratos. Pronto iré a su blog para ver cómo sigue la novela. Muchos saludos.

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  2. Jhon excelente cuento y te cuento que en lo personal odio los gatos. Feliz día.

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    1. Gracias, Laurita. Feliz día también para usted.

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