domingo, 2 de marzo de 2014

"Viaje al centro de la tierra", de Julio Verne: entre el frío y el calor... y en duda el avance científico

“VIAJE AL CENTRO DE LA TIERRA”, DE JULIO VERNE: ENTRE EL FRÍO Y EL CALOR… Y EN DUDA EL AVANCE CIENTÍFICO
Jhon Monsalve
Imagen tomada de internet
El presente texto que, como todos, no pasa de ser, en ocasiones, una simple reseña o un análisis rudimentario, merece ser comenzado por la catarsis que produjo en mí, como hacía ya varios meses no ocurría en tal proporción con otras obras literarias. Y digo merece, porque no encuentro otra forma de agradecer al texto que la de ponderarlo como uno de los mejores que he leído en mi cortísima vida. Tal vez este sea el peor inicio para expresar una perspectiva sobre una novela, pero, por una parte, prometo, si no vuelven a ocurrir este tipo de liberaciones, no volver a hacerlo, y por otra, tratar de mirar “Viaje al centro de la tierra” sin subjetividad alguna.
En 1864 se publica esta novela de uno de los mejores escritores de todos tiempos, Julio Verne. Sus libros han sido traducidos a decenas de idiomas y, luego de los de Agatha Christie, son los más traducidos en el mundo. Entre sus novelas, se encuentran “Veinte mil leguas de viaje submarino”, “La vuelta al mundo en ochenta días” y “Viaje al centro de la tierra”.
Para nadie es un secreto que las novelas de Verne fueron, en muchas ocasiones, profecías de descubrimientos tecnológicos posteriores. Sus novelas se sitúan dentro de la ciencia ficción y hace uso de teorías y eventos científicos para llevarlas a cabo. En el caso que nos compete, pareciera que la ciencia  no estuviera lo suficientemente acertada en algunas proposiciones, debido, por ejemplo, a que la temperatura con la que era considerada la corteza terrestre en su medio no pasaba de ser, según lo vivido por los personajes, una falacia.
La trama se desarrolla, en su mayoría, en el continente europeo, más específicamente, en Islandia. El científico Lidenbrock halla un manuscrito antiguo cuyo enigma codificado hacía alusión a un viaje que cierto erudito aventurero, Arne Saknussemm, había hecho al centro del globo terráqueo. A partir de ese momento, Lidenbrock tuvo como empresa llegar al mismo lugar siguiendo las pistas que el manuscrito le aportaba. Junto a él se llevó a Axel, su sobrino, quien tuvo que dejar a su novia para ir a conquistar lo que, desde un inicio, le pareció una locura.
Por la boca de un volcán, se introdujeron en compañía de otros hombre que, llegado a cierto punto se devolvieron, y de Hans, un cazador islandés, fiel, impasible y que se dejaba guiar y ayudaba por cierto dinero diario. La descripción del interior del volcán es perfecta, muy científica y bastaría, me apeno al decirlo, de un conocimiento óptimo en química y física para comprender a cabalidad cada uno de los elementos que componían el interior del globo y su función, sus peligros o ventajas. Llevaron víveres para varios meses y agua no la suficiente. Cuando se hubo acabado esta última, buscaron la manera para beberla de las entrañas de la tierra, y así lo hicieron; incluso, el hilo de agua que surgió los guio hasta unas cientos de leguas más abajo, donde, luego de despertar Axel de un sueño profundo, en el que cayó después de un golpe en la cabeza y un extravío dentro de la tierra, encontraron un inmenso mar y vegetación gigantesca. Era, de cierto modo, como si hubieran viajado no al centro de la tierra, sino al pasado prehistórico. Incluso había animales marinos, y entre tantas peripecias, les pareció haber visto a un humano de inmensas dimensiones. Luego, en la flota en la que habían recorrido gran extensión marítima, cayeron a una especie de precipicio que terminó siendo la erupción de un volcán en otra parte del mundo que los vomitó después de una aventura que aportaría, en el mundo de la novela, grandes avances a la ciencia.
Islandia es un país generalmente frío. Incluso se llama así porque traduce literalmente La isla del hielo.  En la constante oposición de un país con un clima bajo y la de un lugar cuya temperatura llegó a superar los 70 grados centígrados, se encontraron estos personajes, quienes e cierta manera representaban hechos y posturas científicas de la época. Sin ninguna duda, el profesor Lidenbrock hacía parte de aquellos escépticos en la materia; Axel siempre estuvo a favor de lo que ya se había estudiado, como el calor del centro del globo terráqueo, y el impasible de Hans representaría a aquellos a los que poco les interesaban estos avances y hallazgos. Esto, sin duda, tocaría probarlo, pero no es mi intención en este texto. Lo dejo a la intemperie para que algún osado lo pueda desarrollar mejor.

Gran novela, sin duda. Nunca se me irá de la mente la imagen de un mar subterráneo en el que la prehistoria cobra vida. Yo sí creo que aquel ser antropomorfo que vieron en aquella playa era un humano. No sé… En los ojos de Lidenbrock lo vi, parecido a aquel cadáver encontrado hacía apenas un breve tiempo. Entre el Naturalismo y el Romanticismo, esta obra es, sin duda, una de las más grandes del siglo XIX, y por qué no de todos los siglos. 

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