miércoles, 25 de diciembre de 2013

Antropología simbólica y acción comunicativa: El eslabón del que carece la pedagogía contemporánea

ANTROPOLOGÍA SIMBÓLICA Y ACCIÓN EDUCATIVA:
EL ESLABÓN DEL QUE CARECE LA PEDAGOGÍA CONTEMPORÁNEA
Jhon Monsalve
Joan-Carles Mèlich Imagen tomada de Internet

Mèlich, J.C. (1998). Antropología simbólica y acción educativa. Barcelona: Editorial Paidós.

Joan-Carles Mèlich, Doctor en Filosofía y Letras de la Universidad Autónoma de Barcelona, autor de diversos libros filosóficos y educativos, escribió en 1996 “Antropología simbólica y educativa”, una obra en la que combina estos dos factores con el fin de poner en reflexión el eslabón que le hace falta a la cadena pedagógica y educativa: la reposición de lo mítico, lo simbólico y lo ritual.  Cabe aclarar desde ya que estos tres elementos han sido apartados del entorno educativo y del mundo de la vida en general a causa de la prioridad que se ha tenido hacia el estudio científico. Ya veremos, en el transcurso de este texto, las posturas del autor al respecto.
“Antropología simbólica y acción educativa” se divide en tres partes constituidas por capítulos particulares. Antes del primer apartado, el autor hace una Invitación a modo de prólogo del libro, en la que expone los elementos que se han dejado a un lado a causa, en parte, del avance científico. Allí explica que esos factores devienen del estado nocturno que se encubre con el sol de la ciencia. Luego hace una Entrada, a modo de introducción, en la cual reflexiona sobre la realidad relativa de las perspectivas humanas: asegura que para hablar de lo real debería remitirse al contexto y a la persona que lo considera como tal. Luego retoma lo que vendría a ser una sus más recurrentes hipótesis: sitúa al arte y a la religión dentro del lenguaje simbólico, y lo científico, por su parte, lo emplaza dentro de lo sígnico. Mèlich complementa estas ideas relacionándolas con el Mythos (lo simbólico) y con el Logos (la razón, lo científico); a partir de ello, afirma que para alcanzar las caras escondidas del fenómeno educativo resulta imprescindible salirse de lo racional y teórico para llegar a lo nocturno, es decir, a lo simbólico.
 Justo después de estos textos introductorios, el autor da inicio al primer apartado de “Antropología simbólica y acción educativa”, titulado “Los elementos del mundo social”, que está dividido en cinco capítulos que exponen los conceptos básicos relacionados con las tesis sobre la pedagogía y su eslabón faltante: 1) El mundo: antes de adentrarse en lo que Husserl, Habbermas, Schütz y Luhmann denominaron el Mundo de la vida, Mèlich comprende que, para algunos estudiosos de las ciencias sociales, solo son científicas aquellas investigaciones que parten de postulados de las ciencias naturales y, para otros, como él, según se evidencia,  hay una opción distinta, ni mejor ni peor: aquella que se encarga de las estructuras microsociales como la intersubjetividad, la interacción, la comunicación o la ética. Estas tal vez estén situadas en el mundo de la vida, el precientífico, para Hussserl, el anterior a cualquier constitución de la ciencia. Un mundo de la vida lleno de interacciones, de sociedades. Esta intersubjetividad será tenida en cuenta también por Schütz y retomada en la comunicación de Habbermas y en el entorno comunicativo de Luhmann. Lo importante aquí es la relación que puede hacerse con el ámbito educativo, en el que se participa directamente de la vida del otro, ya sea este estudiante o maestro. 2) La cultura: este concepto es, para el autor, una forma de construir el mundo. Por tal motivo, dependiendo de la cultura, se construyen distintos mundos, portadores de sentidos en la existencia humana. En este apartado toca por primera vez los motivos que se reiteran en todos los mundos de la vida y que serán explicados a su debido tiempo: la violencia, el sexo y la muerte. En cuanto al ámbito educativo, este tema es fundamental, ya que lo multicultural es, en muchas ocasiones, imperativo social, del que se espera haya la compatibilidad justa de cosmovisiones diferentes. 3) El símbolo: es portador de sentido; lo sígnico se estanca en lo físico, en la ciencia. El símbolo evoca un significado que no está presente, que construye el mundo. Según Mèlich, el símbolo ha estado en rivalidad con el signo, en la pedagogía occidental, guardando la misma equivalencia, respectivamente, del Mythos y el Logos. Gracias al símbolo podemos descubrir lo nocturno, es decir, lo más profundo. 4) El mito: para Mèlich, el mito sirve para garantizar la permanencia de una sociedad; por lo tanto, para que esto se lleve a cabo, es necesario volver constantemente a este. Como se habla de sociedad, es lógico que el mito sea un fenómeno colectivo. Este término, en el área educativa, se descubre en elementos que nos remiten al pasado, querámoslo o no: el currículum escolar, por citar el ejemplo del autor, es resultado de toda una tradición y de un proceso de civilización. En este apartado se continúa con la temática antecedida en el segundo capítulo: la violencia, pues es esta el origen de las acciones humanas, y como origen remite al mito. 5) El rito: no podemos hablar de rito sin ligarlo al sacrificio, a la violencia y a la muerte. Pues es el rito el que, junto al sacrificio, recobra la armonía de una sociedad. En los próximos capítulos entenderemos, según los argumentos de Mèlich, que el rito, en el ámbito educativo, ayudaría a solucionar problemas de riñas y discordias entre estudiantes.
El segundo apartado “Las formas simbólicas de la acción educativa” se divide en cuatro capítulos que exponen la diversidad de símbolos que se presentan en la educación y su importancia antropológica en la familia y en la escuela. El primer capítulo, Símbolos esenciales de la educación, presenta algunos símbolos que remiten a lo masculino, como la serpiente o el sol, y otros que se refieren a lo femenino, como la tierra y el huevo. Pero tal vez el símbolo más importante sea el del laberinto, pues representa la dificultad de un fin y que podría ser motivo de fracaso. Esto, sin duda, alude al currículum o al plan de estudios, en el ámbito educativo. El segundo capítulo de este apartado lleva por nombre Los valores ocultos y la razón perversa; el autor reflexiona sobre la debilidad de lo sagrado, a causa de la prioridad científica y tecnológica. A esto denomina Desencantamiento o Desmitificación, conceptos que se evidencian fácilmente en la acción educativa: las asignaturas humanas han sido remplazadas por asignaturas prácticas y científicas. El tercer capítulo, Los órdenes simbólicos en la familia y en la escuela, trata sobre las jerarquías que se imponen en estos ámbitos sociales, en los que la mímesis o imitación del modelo es vista con malos ojos, acto que produce la violencia. Un ejemplo de ello es el alumno que imita y quiere superar al maestro, pero este no se lo permite; para lograrlo, hace uso del castigo o de la ridiculización. El último capítulo de este segundo apartado se titula Del déficit mítico al reencantamiento del mundo; el autor inicia definiendo el déficit mítico como la carencia de puntos de referencia en los elementos sagrados (símbolo, mito y rito), es decir, como la incompatibilidad o el desacuerdo en la existencia de lo mítico o simbólico. Esta discrepancia se corrobora en el aula de clase y en la enseñanza de las asignaturas.
El último apartado “Los rituales de la educación: deseo, violencia y sacrificio” retoma lo simbólico, lo mítico y lo ritual para relacionarlo con la violencia y sus añadidos: el sacrificio y el deseo. Este último apartado está dividido en tres capítulos y un Telón de fondo y de fin, como lo llama Mèlich. En Ritos de paso y violencia cultural, el primer capítulo, se aborda el tema que desde el primer apartado se venía anticipando: la violencia, terreno sobre el cual se forma la cultura. Para complementar sus razones, cita a René Girard (una de las autoridades más citadas en este libro), quien afirma que toda civilización es fundamentada en la violencia. Este factor aparece en los patios de recreo de las instituciones; según el autor, en este espacio se producen riñas que podrían provocar más violencia y donde debe haber, para que vuelva la armonía, una suerte de inmolación, es decir, debe existir alguien sobre quien recaiga la culpa del desorden. En este ejemplo vemos la relación que hay entre rito, sacrificio y violencia. Los ritos de paso, que dan nombre al capítulo, se refieren a los nuevos estados humanos o nuevas etapas. Mèlich cita al etnógrafo francés Van Gennep para hablar de las tres fases en estos ritos: la separación, que alude al alejamiento del seno de la madre; la transición, que se refiere a la etapa de la adolescencia en la que todavía se depende de los padres, y, por último, la incorporación a la vida adulta. El segundo capítulo, Deseo, imitación y rivalidad: La antropología de René Girard, centra su atención en la afiliación de la teoría de Girard en el ámbito de la educación. Mèlich habla del deseo y de la rivalidad que se produce a causa de este. La relación es triangular: en el deseo interfiere un sujeto y un objeto, pero ello conlleva una rivalidad. A partir de Girard, se puede comprender fácilmente: alguien desea un objeto porque su rival lo desea. Incluso llega el momento en que el antagonista importa más que el objeto de deseo. En la educación se presenta, como ejemplo, la relación maestro-discípulo. Al primero le agrada que lo tomen como modelo (es decir, convertirse en alguien parecido al maestro es el objeto de deseo de los alumnos), pero cuando este ve que pueden superarlo, cambia de actitud y desconfía (el maestro se vuelve el rival del alumno). El tercer capítulo de este último apartado se denomina Una pedagogía de la crueldad; en este capítulo Mèlich retoma el tema de la violencia y explica que la importancia y comprensión del sacrificio radica en lo significativo que pueda ser este acto para los practicantes. En este sentido, y según lo que explica el autor, el rito es violencia que sirve para controlar la violencia. Por esta razón, se inmola Edipo, acto de sacrificio y de ritual, que ayuda a controlar el caos en que vivía Tebas a causa de la peste. Al finalizar este capítulo, el autor ve con preocupación el hecho de que la cultura europea (y por qué no también la latinoamericana) haya extirpado el elemento religioso de sus actos, del mismo modo que la educación, siguiendo su ejemplo, lo hizo. En el Telón, las últimas páginas de “Antropología simbólica y acción educativa”, Mèlich retoma la conexión con el pasado de lo simbólico, lo ritual y lo mítico y afirma, como asentando una de sus tesis más recurrentes, que sin tradición, es decir, sin mito, ni símbolo, ni religión, la educación quedaría vacía.
De esta manera, Joan-Carles Mèlich descubre lo que se escondía tras lo oscuro, en lo nocturno: un eslabón que en lugar de acercarse nuevamente (si es que algún día estuvo en su sitio) a la cadena de la acción educativa, se aleja más y más, para darle paso, de modo inconsciente, a una razón perversa, tecnológica, científica y poco humana. Habría que estudiar con detenimiento si en verdad la educación, por lo menos en Latinoamérica, ha sido secularizada, o si manteniendo una enseñanza religiosa, ha carecido, sin embargo, de lo humano y ético que produciría lo mítico. Por otra parte, ya vimos que el símbolo, el mito y el rito son inherentes al hombre. Entonces, ¿qué hay en lo científico, en el día, que no permite las maravillas de la noche? Tal vez estos tres elementos se adecuen a los nuevos tiempos y a las nuevas tecnologías, a las ciencias naturales… Tal vez en Europa ya haya un eclipse, y mientras tanto, en Latinoamérica, la luna apenas se está fusionando con el sol.

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