domingo, 28 de julio de 2013

La crónica del examen del Concurso Docente 2013

La crónica del examen del Concurso Docente 2013
Jhon Monsalve
Imagen tomada de internet
Bueno, Jhon, estás frente al espejo y, en unos minutos, después de que te bañes, te afeites, te cambies para la ocasión, saldrás a tratar de encontrar el futuro en una hoja de respuestas. Mientras tanto, mírate y date cuenta de que aún no tienes cara de profesor, de que la barriga apenas te está saliendo, y eso porque te has excedido últimamente en el consumo de cerveza y de comidas rápidas… Fíjate en que a tu cara le hace falta un poco más de seriedad y que tus conocimientos aún son nulos para enfrentarte a la difícil tarea de formar y educar éticamente una sociedad para el futuro. No te importa nada, Jhon… vas en todo caso, tratas de ser responsable, de llegar temprano y esperas, como siempre, que las promesas que te hacen se lleven a cabo tal cual las dijeron. Pensaste que el Icfes había mejorado su puntualidad y que, por esta razón, sería cínico el acto de que los líderes de salón miraran mal a aquellos que llegaban tarde porque se les presentó a último momento algún problema o porque se les había olvidado, como casi se te olvida a ti,  que el porvenir junto al Estado les dan el chance de lanzar la moneda para ver si ven al fin la cara que sueñan.
Te fuiste, Jhon, y no desayunaste, no comiste nada, querías disfrutar del viaje del bus en ayunas, en lugar de llevar la barriga llena y algunas náuseas. Te cargaste dos lápices, por si acaso, y te fuiste revisando en cada parada del bus el documento de identidad, el borrador, el sacapuntas… Estabas paranoico, Jhon, muy pocas veces te vemos así. Los lápices tocaron su música en el transcurso del viaje y una señora, y luego otra, y después otra, se subieron al bus con una mirada de fracaso que no dudé en asociar con el peso de la docencia, de la mala educación, de la impotencia de no sobresalir en su trabajo ni en los tres exámenes que ya llevan encima. Te miraban, Jhon, y tú solo hacías sonar aquellos lápices al compás de los huecos y de los sueños frustrados.  
Te bajaste en la UIS, y viste cientos de colegas, con caras tristes pero optimistas. Hablaban del Concurso anterior, de las preguntas, de lo que creen ellos que se repite, y tú sin ninguna experiencia, sin nada más que tus libros en la cabeza que tal vez no sirvan de nada en ese examen, te dices entre dientes que, para tranquilizar los ánimos, deberías tomarte un café. Te decides al fin por una avena y compras un paquete de galletas para suavizar los ánimos. Te tocó hacer fila, Jhon, porque los profesores son muy educados; no como tú que le contestas a tu papá no como él quiere sino como se te da la gana. No sabes por qué, pero te fastidian esos profesores, la manera como se expresan, como hablan, se les nota la mediocridad por encima, como tú, Jhon, aunque no lo quieras aceptar. Dices que se comportan como si fueron peritos y los más nobles del mundo… ya los verás en clase algún día, Jhon, pasando por encima de los estudiantes y pensando solo en su labor docente, en sus casas, en sus egos. Y llegarán al hogar en la noche no con el afán de preparar clases porque el Estado no paga horas extras, sino de ver el programa de moda o la novela de mayor rating. Ahí se quedan los peritos, Jhon, y lo sabes bien, y más abajo queda su bondad y su carisma.
Según tus reflexiones, no entras en esa categoría, y ahora más que nunca piensas que para ser docente te hace falta mucho. Te despides de los que puedes regalando una sonrisa más de compasión que de compañerismo. ¿Acaso tú no eres uno de ellos, Jhon? Te preguntas, te planteas situaciones y concluyes que, posiblemente, lo que le conviene al país sea gente como la de la fila, pues se ahorrarían dolores de cabeza, movilizaciones, revoluciones futuras. Ay, Jhon, y te vi la cara cuando llegaste al lugar del examen y buscaste un lugar en el piso para pararte, porque todos los demás docentes, con las ganas de prosperar con un triste sueldo, llegaron más temprano que tú, y eso ya es mucho.  Caras conocidas, solo algunas, las demás están regadas por la ciudad y por el país, buscando lo mismo que tú: una limosna estatal por un trabajo que vale oro. Y llegó la hora del examen y apenas abrían la puerta para buscar el salón. Qué irresponsables, pensaste. Luego, la búsqueda, la caminada, el desbarajuste te llenaron de ira, y el desorden alfabético de los nombres te agregó al día la pizca de miedo normal en estos casos.
Adioses para los conocidos y cédula en mano. Te tocó la primera hilera, como siempre te ha gustado, y después de amenazadoras recomendaciones, dejaste en el piso, al lado del tablero, tu celular, que ya estaba apagado, para que nadie te llamara y te soplara las preguntas una por una, en un acto heroico que solo ellos, los que ya son docentes, y no pueden evaluar de otra forma, se imaginan.
La Aptitud Matemática es una prueba de lógica en la que se necesitan conocimientos mínimos de Quinto y Sexto grado. Algo que se supone deben, según tu opinión, saber todos los docentes porque ya pasaron por esas… No obstante, de la misma manera como, tal vez, muchos en Colombia que estudiaron lo tuyo no sabían que León de Greiff en aquel poema evocaba a Shakespeare sin nombrarlo, con eso de Macbeth, así mismo hay quienes ni se enteran de que 1/7 representa una de las siete unidades en que se divide una unidad mayor. No te burles, Jhon, de los que no sabían lo de Shakespeare… Ten en cuenta que, primero, tú no te las sabías todas y que incluso dudas que tengas la más mínima posibilidad de pasar el examen, y segundo, que tus compañeros, tus colegas, se graduaron de una universidad tan mediocre en esta área como la de Pamplona o que algunos que hayan estudiado en la UIS no supieron la respuesta de Macbeth porque, curiosamente, en una Licenciatura en Español y Literatura, no dictan al menos una Literatura Universal, y eso que el maestro de esta área tiene que conocer a fondo tales temas para trabajarlos de la mejor manera en cualquier grado académico. Bueno, total… la prueba de matemáticas estuvo algo compleja, Jhon, pero menos mal estudiaste algo de regla de tres, una que otra cosa de geometría, y pudiste contestar lo más cercano posible… al menos eso crees…
El problema aparece, según tu opinión, en la prueba de Aptitud Verbal. Aunque es lógico que en la de matemáticas debías leer y hacer una que otra inferencia, se supone que este rasgo tendría que ir reforzado y con un grado de dificultad propio de maestros en la prueba de Aptitud Verbal. Y nada. Un texto algo extenso, tres preguntas y solo una de ellas era de comprensión lectora. Bien lo dijo uno de tus colegas que estaba sentado a tu derecha: “Esto es un insulto para nosotros, Jhon”. Y pensaste que era cierto, que cómo era posible que se priorizara en que una palabra es sinónima de otra o que un conector puede tomar el lugar de otro. Pero bueno, piensas… Luego se quejan de por qué el maestro solo enseña ortografía en clases de Español… Ya estás sospechando de dónde es que nace el agua sucia del río. Y antes que se te olvide: la ortografía que tanto evaluaron en la prueba de lenguaje se quedó en la década pasada. Todavía tildan “solo” y todos los pronombres “éste, ésta (…)”. Qué triste, sí, Jhon, cómo se contradicen.
De la Prueba Sicotécnica ni qué hablar. Tonta. Bueno, no sabes. Eso lo hacen sicólogos especializados, Jhon, no critiques esas cosas. Pero insistes en que fue tonta, porque, según tu ingenuidad hipócrita, es obvio que todos los docentes son éticos y piensan en trabajo de grupo y no tienen ideales individuales. Tú la embarraste, Jhon, cómo se te ocurrió desear como premio de tu jefe una colección de tus libros favoritos, si debiste, más bien, contestar que un diplomado, porque así verá tu jefe y los evaluadores de la prueba que estás interesado en seguir estudiando. Solo pensaste en que un diplomado hoy en día no es nada y que si no te dan al menos una beca para maestría o doctorado de premio, mejor eliges una colección de los libros de Cortázar o de Borges. Así eres tú, Jhon… A veces, cansas, pero eres así.
Y ya, y decides no hablar más, porque lo otro fue particular y a casi nadie le interesa. Así son todos los profesores, según tú. Y bien… saliste, almorzaste, volviste a la 1:30 p.m. a encontrarte con la impuntualidad, contestaste, casi te duermes, y ahora que puedes hacerlo, te da por escribir… no se te borran las caras, las preguntas, las respuestas mal contestadas… haces sonar de nuevo los lápices…

8 comentarios:

  1. Jhon, muchas gracias por la crónica, el texto estuvo muy divertido. Desde luego, como se mencionaba anteriormente, estas pruebas dejan mucho que desear. ¿Cuándo dejaremos descansar al método Tayleriano?

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    1. Tal vez nunca, Yésica... Tal vez no les convenga...

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  2. Un examen demasiado injusto con muy poco tiempo para contestar las preguntas. No se evalúan conocimientos importantes de verdad, lo que se colocan son trampas y con presión del tiempo… no se evalúa la parte humana del docente, el saber enseñar entre otras cosas….
    Las personas deben ser educadas en dos dimensiones principalmente, la parte humana y la parte intelectual o de conocimientos… pero en realidad este examen solo evalúa conocimientos… lo que quiere decir que solo privilegia la mentalidad competitiva (producir obreros útiles) y deja totalmente de lado la parte creativa… evalúa un modelo educativo que nació en la sociedad industrial y que no ha cambiado… la parte humana de este modo desaparece nuevamente de los currículos…. y al creación pasa a un segundo plano…. Error fatal ya que estamos en la era de la democratización tecnología y las empresas que sobrevivan, son las que sean capases de crear nuevas cosas… y de nuevo se reproduce el modelo educativo competitivo y se deja de lado el creativo que es en realidad el que está cambiando el mundo… cuando se modernizara el Icfes…. Cuando dejara de evaluar contenidos procedimentales que no aportan a un modelo educativo de nación….

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  3. Bueno Jhon. . . ya no estás frente al espejo, ahora estas frente al computador reflexionando con un estilo muy semejante al de Cortázar, acerca del ambiente, las preguntas, y todo el sistema, muy bueno Jhon, ahora sabemos que seguro no es necesario ser un excelente maestro para pasar el examen de docentes en Colombia, basta saber algunas cosas básicas, como la ortografía que me ha faltado en este texto, reglas de tres y otras cosas lógicas. El punto es que ojala los excelentes maestros quisieran cambiar su país aportando sus conocimientos a cambio de una limosna del estado, y ojala no se dejen contaminar en el camino, ni se dejen permear por el contexto, la pobreza, la falta de interés y motivación de los estudiantes, ojala sigan siendo excelentes, pero no Jhon los excelentes maestros buscan otras cosas que hacer. . .

    Saludos Jhon Excelente texto.

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    1. Hola, Melina. Gracias por su comentario. Sabe que partiendo de él concluí que soy un pésimo maestro, porque yo quiero, lo digo sin miedo a equivocarme, ser docente durante toda mi vida y no buscar otras cosas que hacer... Lástima, Melina... yo creí que podría ser un poquito bueno en esta difícil tarea de formar país... Muchos saludos, Melina. Y gracias nuevamente.

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  4. oye que tal amigo, al fin y al cabo ganaste o no el concurso docente? por que entidad territorial te habías presentado?

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    1. Me había presentado a Bucaramanga. Pasé. Continúo en el proceso. Saludos.

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