jueves, 11 de octubre de 2012

Reseña de Los siete contra Tebas, de Esquilo


RESEÑA DE LOS SIETE CONTRA TEBAS
Jhon Monsalve

ESQUILO. “Los siete contra Tebas”. En: Las siete tragedias. México, D.F; Editorial Porrúa, 2003.
Los Siete contra Tebas, de Esquilo, muestra al pueblo aqueo que quería apoderarse del pueblo cadmeo. Siete guerreros venían a  posicionarse de Tebas y seis guerreros enviados por Eteocles irían a luchar contra ellos para defender a su pueblo; Eteocles era el séptimo guerrero.

Desde el inicio de esta tragedia, el coro, formado por mujeres tebanas, informa sobre qué tratará la historia y pide al cielo y confía en Zeus la protección de su pueblo. El coro se dirige a todos los que van a luchar para defender a Tebas (quien dirige es Eteocles) e insinúa que es obligación de estos guerreros pelear por su patria porque es la tierra que los alimentó y los hizo crecer. El coro avisa que Tiresias, un profeta, ve en sus oráculos el futuro ataque a Tebas por parte de los aqueos y a los guerreros a los que se dirige les ordena ir a cada una de las siete puertas para luchar contra ellos.

Un explorador es el encargado de dar información acerca de los guerreros que estaban echando a suerte la puerta que iban a tomar según el orden del sorteo, y Eteocles, después de oír esto, pide a sus dioses que protejan a su pueblo. El coro vuelve a entrar para rogar a los dioses de una manera exagerada la salvación del pueblo, pero esa manera de rogar hacía que la gente se preocupara de manera también exagerada; es eso precisamente lo que a Eteocles no le gustó, es más, él a las mujeres tebanas las trató muy mal…; las tomó como maldición.
Al ver la situación Eteocles prometió a los dioses sacrificios a cambio de la salvación de su ciudad e hizo ver al coro que es mejor prometer que llorar. Eteocles decide mandar a seis guerreros para que peleen con los siete guerreros aqueos; él decide ser el séptimo.

Un mensajero es el que trae las ubicaciones de los siete contra Tebas. El primero es Tideo, ubicado en la puerta de Prieto, que llevaba en su escudo la imagen de un cielo con sus astros y según Eteocles ese dibujo representaba un mal agüero; sin embargo, envió a un hombre noble y a quien no le gustaba el miedo, el hijo de Ástaco. El coro sólo pedía a los dioses salvación a su pueblo, pero desde ahora pediría también por cada guerrero.

En la segunda puerta, Electra, estaba Capaneo, hombre mayor en poder que pensaba arrasar con la ciudad; en su escudo llevaba pintado un guerrero sin armas pero con una antorcha, y escrito en letras de oro se leía: “La ciudad incendiaré”; Eteocles contra él mandó a Polifonte.

Frente a la tercera puerta, Néite, estaba Eteoclo tercero con sus yeguas que las hacía girar y en su escudo llevaba la imagen de un hoplita que ascendía los peldaños de una torre enemiga con el propósito de destruirla, y en el mismo escudo un letrero: “No me va a derribar del Baluarte ni Ares siquiera”. Contra este Eteocles manda a Magareo que no abandonaría el campo de batalla por el relincho de las yeguas.

Era Onca Atenea la puerta siguiente; frente a ella Hipomedonte que llevaba un escudo con un tifón grabado que de su boca salía un humo oscuro y reborde del escudo estaba trenzado en espiras de serpiente. Contra él Eteocles envió a Hiperbio que con un escudo donde estaba grabada la imagen de Zeus definía que más que una batalla entre dos guerreros sería una batalla entre dos dioses: Tifón y Zeus.

Partenopeo Arcadio era el quinto guerrero situado en la puerta de Bóreas que juraba que iba a arrasar con la ciudad cadmea; en su escudo una esfinge carnicera sujetada con clavos, entre sus garras lleva a un hombre cadmeo con el fin de que le lluevan muchos dardos. Contra partenopeo Eteocles envía a Actor que no piensa tolerar que un hombre salte el muro.

Un sabio y prudente guerrero, en la siguiente puerta, lleva un escudo sin emblema; quería demostrar no parecer valiente. Sin embargo, el mensajero que informaba todo esto a Eteocles le advirtió que mandara sabios adversarios contra él (habló en plural). Contra él envió a Lástenes de talante viejo, pero de cuerpo joven.

En la séptima puerta estaba Polinices, el hermano del mismo Eteocles con un escudo de doble emblema: una mujer conduciendo a un hombre armado y con un letrero que decía: “reintegraré este hombre a su ciudad para que recupere su patria (…)”. Contra él fue Eteocles. El coro trató de hacerlo cambiar de opinión, pero no pudo.

Y es precisamente después de esto que la tragedia explica el pasado: todo vino desde Layo, abuelo de Eteocles. Layo podía salvar su patria si no tenía hijos; sin embargo, tuvo a Edipo. Edipo tuvo cuatro hijos (Etéocles, Polinices, Antígona e Ismene) con su propia madre sin saberlo… Cuando se dio cuenta, con el corazón enloquecido lanzó una maldición a sus hijos: Partirían la herencia peleando.

En el desenlace de esta tragedia encontramos a un pueblo salvado de la esclavitud, pero también a dos hermanos muertos. El coro no sabía si alegrarse por su pueblo o ponerse a llorar por las muertes. Y tras los lamentos de Antígona e Ismene (hermanas de los muertos) hay una pregunta: ¿Dónde enterrarlos? Entonces habló el Heraldo e informó que Eteocles sería sepultado en esa tierra, y que a su hermano Polinices no se le daría sepultura, sino que sería pasto de perros; tampoco sería llorado porque así lo habían decidido los magistrados de Tebas. Sin embargo, Antígona decidió enterrarlo sin importarle los mandatos de la ciudad. Una parte del coro acompañó a Antígona sin importarles tal vez futuros castigos; la otra parte del coro decidió ir a enterrar a Eteocles, sin violar las leyes, porque después de los dioses él fue el salvador de la ciudad.

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