domingo, 3 de junio de 2012

La triple mímesis para Dummies


LA TRIPLE MÍMESIS PARA DUMMIES
Jhon Monsalve

En vista de la incomprensión de una teoría de la narratividad necesaria para entender, más que otra cosa, la relación entre lo abstracto del tiempo y del alma humana, me permito, con un atrevimiento que me puede costar, explicarles la importancia de la triple mímesis en la literatura y en parte de la filosofía. Para entender esta propuesta de Paul Ricoeur es necesario conocer el concepto de Mímesis desde su origen. La mímesis, para Aristóteles, es la imitación de la naturaleza con fines artísticos. En otras palabras, es la imitación del mundo para volverlo arte: pintura, música, literatura. Pues bien, Paul Ricoeur, filósofo y antropólogo francés, que ha intentado unir la fenomenología con la hermenéutica, retoma el concepto de mímesis para hablar del tiempo y de la narración en un libro que, leído una o dos veces es incomprensible, pero que con alguna guía y con un par de lecturas más se presenta un poco más claro: Tiempo y narración. Partamos de la pregunta: ¿qué es el tiempo? Y divagaremos por los mares y por los cielos de la teoría y no llegaremos a un acuerdo. Solo sabemos que el tiempo es una extraña abstracción que por más que queramos tomarla, se nos presenta intangible. Aristóteles lo definía como lo que hay antes y después de una acción, y ahí paraba. Para San Agustín, hay un pasado del presente y un futuro del presente, pero también llega hasta ahí, y la búsqueda de una explicación se parquea en las mentes e intranquilidades de los que quieren ir más allá. ¿Cómo atrapar el tiempo? ¿Cómo acercarnos lo más próximo a sus entrañas? A partir de esto, Paul Ricoeur propone la única forma posible de atrapar el tiempo: por medio de la narración.
Bueno, ¿y a todas estas, dónde está la triple mímesis? ¿Por qué he hablado de todo menos de lo que debería? La triple mímesis, como dije, debe entenderse desde el concepto aristotélico, y, por ende, se explica fácilmente: Es la imitación del mundo puesto en escena e interpretado por el lector. Una obra literaria se compone por tres imitaciones: la mímesis I, la mímesis II y la mímesis III.
         Mímesis I: Hace referencia a la prefiguración. El autor del texto toma parte del mundo y lo representa en una obra. Toma pedazos de la realidad y los transforma.  El mundo como tal, que sería la primera mímesis, es la imitación de las ideas humanas.
          Mímesis II: Es la configuración. Es decir, la obra por sí misma, ya escrita, editada, dispuesta a ser leída por alguien. La mímesis II es la imitación del mundo, y como imitación no logra el grado de realidad, pues simplemente es una copia editada de esta: la obra es ficción.
           Mímesis III: Es la reconfiguración. El lector toma el texto y lo interpreta, gracias a la posibilidad que bien grafica y representa Henry James en la Casa de la Ficción: para cada lector hay una mímesis distinta, una imitación y representación de lo que la obra le dice, le cuenta y le sugiere, por medio y gracias a su experiencia.
A partir de esto, puede afirmarse que la mímesis II es una mediación entre la mímesis I y la mímesis III: pues gracias a ella, encuentran relación. Entiendo el Quijote en su contexto, capto incluso el comportamiento y pensamiento de una época, me encuentro a mí mismo en las letras de hace más de 400 años, gracias al texto escrito, a la mediación. Comprendo el mundo que imitó el autor.
Por medio de la narración atrapamos el tiempo: ahí se encuentra, es la única alternativa. Como también aparece como única posibilidad el encapsulamiento del alma: ahí en la triple mímesis: el alma humana se expresa, se plasma por escrito y se encarcela en el lector.

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