miércoles, 14 de diciembre de 2011

La Entrega en la poesía de Juana de Ibarbourou (Poemas: Lo que soy para ti, La Hora y Despecho)

La Entrega en la poesía de Juana de Ibarbourou

(Jhon Monsalve)

La Entrega es la cualidad de dejarlo todo en un caso, en un empeño, en una vida. La Entrega se resume por la cantidad de amor que en ella habita. La Entrega es la facultad de mirar que lo que se tiene en verdad no pertenece. La Entrega es llegar a vivir por algo o por alguien, o llegar a morir también. La Entrega es la punta del iceberg de la poesía de Juana de América.

Nacida en Uruguay, hija de hija de esa tierra y de padre español, crece en Melo, y reside por largo tiempo en Montevideo. Recibe en 1929 el título de Juana de América de mano de grandes poetas, en el salón de los Pasos Perdidos, lugar en que también fue velada. Poetisa que dejó una huella inmensa en la Literatura Latinoamericana. Escribió también relatos para niños. Esta mujer representa el sentimiento femenino latinoamericano, la entrega del alma, la Hora de la juventud, la primavera, y el sentimiento “en vano” de la entrega.



LO QUE SOY PARA TI

Cierva,

Que come en tus manos la olorosa hierba.

Can,

Que sigue tus pasos doquiera que van.

Estrella,

Para ti poblada de sol y centella.

Fuente,

Que a tus pies ondula como una serpiente.

Flor,

Que para ti solo da mieles y olor.

Todo eso yo soy para ti,

Mi alma en todas sus formas te di.

Cierva y can, astro y flor,

Agua viva que glisa a tus pies,

Mi alma es

Para ti,

Amor.

[De Lenguas de diamante]



Lo que soy para ti es el primer argumento de la Entrega. Se ve un yo poético que se da a su amante, que se despliega ante él, que se vuelve esclavo, perro faldero, dependiente, ser humillado, recipiente, lágrimas. Un poema que se sintetiza en el título. Lo de cierva se asocia con lo de esclava; lo de can, con perro faldero y fiel; la estrella, con dependencia de luz, para él, para darle lo mejor, para también depender de él. La fuente se asocia con la humillación, pues se cuelga a sus pies como serpiente;  la flor como recipiente de olor, y el agua que se desliza, como las lágrimas. La entrega en este poema es una autoflagelación, es un darlo todo por el ser amado: es olvidarse de sí, para vivir por otro.



LA HORA

Tómame ahora que aún es temprano
y que llevo dalias nuevas en la mano.

Tómame ahora que aún es sombría
esta taciturna cabellera mía.

Ahora que tengo la carne olorosa
y los ojos limpios y la piel de rosa.

Ahora que calza mi planta ligra
la sandalia viva de la primavera.

Ahora que mis labios repica la risa
como una campana sacudida a prisa.

Después..., ¡ah, yo sé
que ya nada de eso más tarde tendré!

Que entonces inútil será tu deseo,
como ofrenda puesta sobre un mausoleo.

¡Tómame ahora que aún es temprano
y que tengo rica de nardos la mano!

Hoy, y no más tarde. Antes que anochezca
y se vuelva mustia la corola fresca.

Hoy, y no mañana. ¡Oh amante! ¿No ves
que la enredadera crecerá ciprés?



La Hora es la Entrega condicionada. El provecho de la juventud, de la primavera. La Hora es la propuesta erótica del provecho de la piel que aún se desea, que está viva. El yo poético se dirige a alguien a quien trata de convencer de que no desperdicie la primavera del presente, su primavera, su cuerpo joven, que se marchitará con los años. La Entrega del yo poético es condicionada por el paso del tiempo.



DESPECHO

¡Ah, qué estoy cansada! Me he reído tanto,
tanto, que a mis ojos ha asomado el llanto;
tanto, que este rictus que contrae mi boca
es un rastro extraño de mi risa loca.

Tanto, que esta intensa palidez que tengo
(como en los retratos de viejo abolengo)
es por la fatiga de la loca risa
que en todo mi cuerpo su sopor desliza.

¡Ah, qué estoy cansada! Déjame que duerma;
pues, como la angustia, la alegría enferma.
¡Qué rara ocurrencia decir que estoy triste!
¿Cuándo más alegre que ahora me viste?

¡Mentira! No tengo ni dudas, ni celos,
Ni inquietud, ni angustias, ni penas, ni anhelos,
Si brilla en mis ojos la humedad del llanto,
es por el esfuerzo de reírme tanto...



Despecho es la Entrega a la alegría. La obligada entrega a la alegría. El yo poético ríe con esfuerzo para tratar de olvidar. La alegría que lo embarga es una alegría enferma. Despecho es el autoengaño de una felicidad utópica, inexistente, inventada por el dolor del llanto. Despecho es una ironía del amor acabado, es una explicación de lo más evidente, es un argumento de la felicidad muerta que intentan resucitar a la fuerza. Despecho es la Entrega obligada a la alegría: la máscara del que un día entregó todo.

De esta manera, se evidencia la recurrencia de la Entrega en la poesía de Juana de Ibarbourou, la representación de la mujer de América. La entrega del cuerpo, del alma, de la dignidad, de lo que atormenta el amor del yo poético, ya sea un ente humano, como el Hombre, en los dos primeros poemas, o como la Alegría, en el último.

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