martes, 8 de mayo de 2012

Análisis de La Resistencia de Ernesto Sábato


La resistencia, de Ernesto Sábato: Nostalgia del presente, recuerdos del pasado y reflexiones éticas
Jazmín Andrea Cely  y  Jhon Alexánder Monsalve Flórez
La Resistencia es la esperanza. Es aquello que se hace aun cuando todo está perdido. La Resistencia es pensar y hacer cosas buenas en una sociedad en decadencia. Ernesto Sábato propone La Resistencia para este mundo cambiado, diferente en valores, en emociones, en pensamientos. Propone la Resistencia contra el tiempo, contra lo que no es como ayer.
En el desarrollo de sus ideas, Ernesto Sábato hace un esbozo de una sociedad en decadencia, en donde la televisión es la causa de la aislación humana. Argumenta en contra de la televisión porque es el principio de lo antisocial. El hombre llega del trabajo cansado, después de una jornada larga, y no se sienta en familia, como antaño, sino busca la compañía de lo virtual, de los dioses de la pantalla. Esto demuestra la decadencia de lo humano: el olvido de los antiguos valores, la indiferencia de ser más en sociedad. La Resistencia es contra los cambios; la esperanza de hacer algo para no seguir decayendo.
Se olvidaron los antiguos valores como la vergüenza y la capacidad de creer en lo que no se ve. Sábato pone como ejemplo culturas que no se hallan, después de desmitificar sus ritos, sus certezas. Hay que resistir, según el autor, incluso a esto: al olvido de los dioses, de la fe, de la consistencia de la sociedad.
Hay una forma para dejar de decaer: buscar al Hombre Nuevo en la reintegración. Se puede resistir al tiempo, al espacio y a la decadencia en sociedad. Se debe tener en cuenta que la resistencia se logra gracias a la ayuda del otro, al olvido de la individualidad, a la aceptación de que somos más junto a los otros.
La Resistencia es la esperanza del Nuevo Cambio: de dejar a un lado la televisión, de retomar las conversaciones en familia, de darse cuenta de que sin los demás no es posible un cambio para bien, en medio del mal en que se habita, en que se convive. La Resistencia es la esperanza de no decaer más.
En “La Resistencia”  encontramos constantemente  la afirmación de que el ser humano no es únicamente  un objeto físico, sino que está compuesto de alma y mucha inteligencia, que le permite tomar decisiones para construir un mundo de bienestar de acuerdo a sus necesidades. Sin embargo, hallamos  un pensamiento en nuestra actualidad que, a causa de la modernidad, se  ha implantado y lidera una forma de  vida  totalmente en contra de las tradiciones culturales y los buenos valores, es un ideal que se nos ha impuesto de manera mundial y que gira en torno al ansia del dinero, mantiene a los seres humanos encadenados al poder y a las comodidades materiales dejando de lado intereses realmente importantes como las reflexiones profundas y  la vida en comunidad.
 Ernesto Sábato, autor de “La Resistencia”, presenta una descripción detallada de lo que somos actualmente como personas y en lo que hemos convertido a nuestro mundo, haciendo ver que estamos viviendo en un entorno totalmente descompuesto producto de una serie de objetivos banales que nos hemos dedicado a perseguir sin obtener ningún beneficio óptimo para nuestro espíritu y que nos obliga a estar en constante lucha y competencia por crear y alcanzar nuevos instrumentos en los que nos podamos desahogar constantemente.
 En medio del análisis que hace el autor, encontramos un punto de partida para lograr un cambio en nuestra sociedad actual, que nos permita transformar nuestra triste realidad. Dicho cambio está en nuestra inteligencia, razonamiento por medio del cual podremos elegir una mejor manera de construir nuestra cultura. Para lograrlo, es indispensable empezar a reeducarnos en la realidad y la consciencia pensando en construir una vida más humana lejos del individualismo y la competencia, para alcanzar una construcción ética de la personalidad que nos ayude a tener más seguridad al momento de oponer resistencia  a  hechos nos lleven  a la destrucción y más bien dedicarnos a construir nuevas formas de vida que nos acerquen cada vez más a nuestras raíces culturales, a los afectos  y a la solidaridad con los demás.
Así se construirá una nueva personalidad axiológica que dé lugar a  incluir de manera razonable y pertinente la idea de la resistencia como un arma para la defensa de nuestra vida, ya que dadas las condiciones de superficialidad en las que nos encontramos y que mantienen este mundo actualmente desubicado, confundido y lleno de profundos vacíos, es necesario oponernos ante grandes males que han  producido tales desastres.
 Para empezar, es necesario oponernos a la globalización, que es el punto de partida de todos los infortunios morales en que vivimos, de ahí encontramos elementos tóxicos y vigentes cada vez más con admirable fuerza e importancia en la cotidianidad como la tecnología y los medios de comunicación que nos llevan a tener pensamientos vacíos y  malos sentimientos como  la indiferencia, la desconfianza, la falta de fe, la resignación y el conformismo. Despojándonos de las raíces de nuestra desgracia  lograremos alcanzar una nueva forma de pensamiento que vaya de acuerdo a la actualidad y al razonamiento de lo que realmente nos garantizará un mejor porvenir. Obtendremos, así, la fuerza para decidir con entera confianza resistir a estos actos dañinos y volver a las buenas costumbres de otros tiempos que giraban en torno a los valores del espíritu y que  nos acercaban a nuestras tradiciones populares, a nuestras gustos y vocaciones, a la  vida en sociedad, a nuestras creencias  y a la originalidad que nos hacen ser seres únicos e importantes.
Partiendo de lo ya dicho, intentamos relacionar la ética, la base fundamental de la cultura, con el cuarteto de José Martí: La cultura es la verdad/que el pueblo debe saber/ para más nunca perder/ su amor por la libertad. José Martí tiene como lema “Ser culto para ser libre”, haciendo referencia a una alfabetización que permita un pensamiento crítico en busca de la libertad. Si se conoce, si se es culto, se puede ser libre. El ethos se forma a partir de los actos de cada individuo, de sus experiencias en sociedad, de lo que aprenda con los demás; de esta manera, este concepto se vuelve la base fundamental de la ética, de la moral, del carácter de cada individuo, de las costumbres de la sociedad.
Ahora bien, aunque la cultura, una primera cultura, sea entendida como las características y costumbres de una sociedad y aunque partiendo de esto puede concluirse que la ética es su base fundamental, el concepto de cultura (un segundo concepto, aunque no subordinado) por parte de José Martí correspondería más al conocimiento, a la alfabetización, que se logra también en sociedad y termina, al final, haciendo parte de la primera cultura. La cultura de José Martí es el principio del crecimiento del ethos y de la cultura social, la primera cultura: la personalidad, las experiencias y los actos de cada individuo hacen parte de la cultura de José Martí: la cultura de la educación, del ser como persona, de la formación de donde parte el pensamiento y el sentimiento social de cada individuo.

4 comentarios: