viernes, 26 de agosto de 2011

El artículo de costumbres: Información y Literatura

EL ARTÍCULO DE COSTUMBRES. LA CRÓNICA EN LA PRENSA:
INFORMACIÓN Y LITERATURA[1]
(Jhon Monsalve)

Portada de la Selección de crónicas colombianas 1529-1548
El presente texto tiene como fin presentar el análisis descriptivo de algunas crónicas colombianas consideradas, por su estructura, artículos de costumbres. El objetivo de dicho análisis es mostrar el carácter informativo del artículo de costumbres, que se acerca más a lo literario que a lo informativo. Durante el desarrollo de este documento, se irán mostrando sendos fragmentos de crónicas colombianas en orden cronológico, desde el siglo XIX. Estas serán la base y los ejemplos para la tesis aquí propuesta: El artículo de costumbre es un texto literario del que subyace cierta información relacionada con lo que se narra, más como complemento que como eje del texto. Es esa información sutil (incluso pasada por alto) la que podría explicar el lugar de la crónica como texto literario en un medio de información como la prensa.
En la segunda mitad del siglo XIX, José Caicedo Rojas, escritor costumbrista, hablaba de tres tipos de crónica: la crónica antigua, que se refiere a los hechos de otras épocas narrados más con objetivos históricos que literarios; los artículos de costumbres, que pintan la manera de vivir de la sociedad moderna; y los cronicones, que describen con minuciosidad las características, defectos y extravagancias sociales de una nación[2]. Los textos a continuación presentados son fragmentos de crónicas que, dentro de la taxonomía de José Caicedo Rojas, pertenecen a los artículos de costumbres y guardan relación con los cronicones[3]
EL TIPLE[4]
José Caicedo Rojas, 1884.
Tal fue el efecto que en esos pobres labriegos produjeron recuerdos de su tierra, de su rancho, de su familia, y en quienes los melancólicos sonidos de un tiple despertaban la memoria vivísima de todo lo que amaban en el mundo. Nunca habían sentido más profundamente la ausencia forzada de su hogar, y la tentación fue irresistible. « Me levantaré e iré a mi casa », dijeron como el pródigo, y así lo hicieron. Esta experiencia del mágico poder del tiple es tan constante que por eso sin duda se priva entre nosotros al pobre soldado que sale a campaña de llevar y acariciar ese fiel compañero de sus penas y fatigas.
José Caicedo Rojas cuenta la historia de unos soldados que en plena guerra de 1840, cerca de San Gil, Santander, desertan porque la música los llena de nostalgias: las letras de las canciones los llenaban de recuerdos y de hogar. La estructura narrativa y las figuras literarias parecen esconder la poca información dada. En el fragmento elegido, por ejemplo, se encuentran figuras como el asíndeton (recuerdos de su tierra, de su rancho, de su familia); símiles como « Me levantaré e iré a mi casa », dijeron como el pródigo; y metáforas como el fiel compañero de las penas y fatigas, haciendo referencia al instrumento musical.
La información de este fragmento está antecedida y procedida por un gran número de matices literarios: puede decirse que un 30% de la crónica es verso: el autor escribe literalmente las coplas que acompañaban al tiple. La información que parece pasar por alto es la prohibición de que los soldados llevaran o tuvieran contacto con algún instrumento musical. La fecha, la guerra y el lugar son la información dada, que subyace a tan completa composición literaria. Esta evidente prioridad es comprensible en el siglo XIX, porque muy pocos periódicos eran considerados informativos.
Ahora bien, el siguiente tipo de crónica es catalogada por Mariluz Vallejo Mejía como Crónica de Estilo, por hacer del texto una pieza literaria que toma como pretexto la actualidad[5]. Pero, ante todo, es un artículo de costumbres de Santa Marta y de Mompós, en el que se comparan las dos ciudades con una descripción del ambiente que comparten.
VISITA A SANTA MARTA[6]
García Márquez, 1948.
Creo que desde ese punto de vista, las ciudades que más se parecen son Santa Marta y Mompós. Detrás de los inmensos ventanales, en las calles de esta última, se oye durante las doce horas del día un insistente e inconcluso ejercicio de piano que no puede ser ejecutado sino por una de esas muchachitas soñadoras, de trenzas largas y ojos provincianos, que todavía no saben realmente si están aprendiendo a tocar el piano para este mundo o para las páginas desoladas de una novelita romántica. En Santa Marta sucede exactamente lo mismo. Y en cada casona antigua, hay una lápida histórica y un ejercicio de piano.
García Márquez describe a la mujer costeña con una metonimia de ojos provincianos, que casi parece una sinestesia. Este párrafo es por sí solo una pieza literaria producto de la experiencia de un viaje a Santa Marta. En reiteradas ocasiones, los viajes son el principio del artículo de costumbres. Y muy al margen del texto, casi escondida, se encuentra la información que parece ser el fin de una antesala literaria que predomina en el texto. Esta crónica es, ante todo, literatura, pero publicada paradójicamente en un medio de comunicación que es más informativo que literario. Parece ser que la mínima información que se da: En cada casona antigua, hay una lápida histórica, y el hecho de estar contando la realidad le abre un campo amplio a la literatura en los medios de información. Aquí nace otro punto para futuras investigaciones: se debería empezar a pensar hasta qué punto la literatura es fantasía, si ya entre ella se cuenta la crónica, que une realidad con metáfora. Puede decirse que la crónica, como se ha venido desarrollando (en forma de artículo de costumbres o de crónica de estilo) relata acontecimientos reales con una estructura literaria, que se forma por la perspectiva del cronista, sus análisis e interpretaciones, por ser testigo de lo que cuenta. Tanto García Márquez como Caicedo Rojas, separados por casi un siglo, interpretan los hechos, con la autoridad del que es testigo de ellos.
La crónica a través del tiempo ha tenido muchos cambios, y la información que hoy parece casi al margen de lo literario era antes la que predominaba. Es más: en la Conquista de América, la crónica era un texto informativo y no literario. América, como lo afirma Caparrós, se hizo a base de crónicas: América se llenó de nombres y de conceptos y de ideas sobre ella a partir de esas crónicas, que eran como un intento increíble de adaptación de lo que se sabía a lo que no se sabía[7]. Cristóbal Colón fue el primero en relatar a la Realeza, por medio de crónicas, lo que eran las tierras del Nuevo Mundo. Bartolomé de las Casas, por medio de la Brevísima relación de la destrucción de las Indias, pudo informar a Felipe II sobre los abusos de los españoles en tierra americana. Lo que prevalece aún y lo que de una u otra forma puede caracterizar al texto como literario es, posiblemente, la subjetividad del que cuenta: narrar lo que se ve sin recurrir a otra perspectiva, ni a terceros, como, en muchas ocasiones, lo hacen los historiadores.
MADRID, CUNDINAMARCA.  
Antonio Caballero, 2004.
¡Me cago en Diossss! — Rugía entonces el taxista con voz pedregosa de tabaco y aguardiente de orujo. Y gargajeaba lejos por la ventalla del yelmo, como por la ventanilla de un taxi. Y encerrado en su armadura de cuero y hierro olía potentemente a sudor rancio, a lana sucia, a meados. El “lengua” — como se llamaban los intérpretes—les traducía lo dicho a los indios: — Dice el doctor que se hace popó en Chía. Chía no era entonces un centro comercial, como es ahora, sino la diosa madre de los chibchas.
Antonio Caballero hace un paralelo entre el Madrid de Cundinamarca y el Madrid de España. En el fragmento aquí elegido, habla de los taxistas de la Conquista, que como imagen literaria, no son más que aquellos que llegaron al Nuevo Mundo a imponer hasta sus expresiones. Lo que importa es la forma como la narración del taxista en el yelmo le da un carácter literario al texto acompañado por figuras como el símil (Y gargajeaba lejos por la ventanilla del yelmo, como por la ventanilla de un taxi) o el asíndeton (olía potentemente a sudor rancio, a lana sucia, a meados).
Aunque toda la crónica es un texto que describe de forma literaria los dos lugares, también, con dicha descripción, informa cómo son y qué los diferencia. Pero hay otra información que está presente en el fragmento seleccionado y que caracteriza a gran número de textos de este estilo: los datos históricos (como Chía, la diosa chibcha) en relación con lo que se predica en la crónica: con Cundinamarca y con España. La crónica en este caso, por contar características de las sociedades y por describir sus comidas y extravagancias, es tomada aquí como un artículo de costumbres o como un cronicón, según la clasificación de José Caicedo Rojas.
A modo de conclusión:
Con base en un análisis textual, previamente hecho, este documento presenta, por medio de ejemplos, la primacía de lo literario del artículo de costumbres y la información que parece subyacerle y que le da un lugar en la prensa.  Claro está que cuando el artículo de costumbres empezó a publicarse en Colombia, los periódicos priorizaban en la divulgación literaria y muy pocos eran considerados informativos. Daniel Samper Pizano lo afirma de esta manera: « En los siguientes años—es decir, después de los primeros periódicos que se publican en la Nueva Granada—aparecerán nuevos y más estables periódicos. La mayoría de ellos tienen una alta carga política e ideológica; otros optan por la divulgación literaria; muy pocos pueden considerarse informativos»[8]
El artículo de costumbres, precisamente, fue prioridad en la prensa del siglo XIX. El costumbrismo venció incluso al poder reciente de la fotografía: La forma más fácil de reproducir una mirada sobre un lugar era la forma escrita, prácticamente la única forma de contar el mundo (…)[9]. El Costumbrismo parecía dar al país una identidad y un sentido nacional, expuesto en periódicos en forma de artículos que hacían  parte, desde ese momento, de un género literario y no periodístico, aunque su divulgación se hiciera a través de la prensa. Ahora parece dársele un lugar en ella: no por historia o tradición, sino por lo que logra informar detrás de la composición literaria.
BIBLIOGRAFÍA
PIZANO, Samper. La crónica en la historia colombiana. En: Antología de grandes crónicas colombianas, Tomo I, 1529-1948. Bogotá: Aguilar, 2003, P. 38.

GARCÍA MÁRQUEZ, Gabriel. Visita a santa Marta. En: Obra periodística Vol. 1, Textos costeños. Barcelona: Bruguera, S.A., 1981, p. 191-194.

CAPARRÓS, Martín. La crónica según Martín Caparrós. En: El oficio de narrar. [En línea] Disponible en: http://eloficiodenarrar.wordpress.com/2009/03/10/la-cronica-segun-martin-caparros/. (Consultado el 2 de abril de 2011).




[1] Jhon Alexánder Monsalve Flórez, estudiante de la Licenciatura en Español y Literatura de la Universidad Industrial de Santander. 
[2] PIZANO, Samper. La crónica en la historia colombiana. En: Antología de grandes crónicas colombianas, Tomo I, 1529-1948. Bogotá: Aguilar, 2003, P. 38.
[3] Aunque los fragmentos de crónicas aquí elegidos describan, como los cronicones, las características, las extravagancias y los defectos sociales de algún pueblo o ciudad, no pueden considerarse como tales, porque estos se centran más en los defectos sociales que en las costumbres y, por eso, son considerados los pioneros de la crónica roja.
[4] CAICEDO ROJAS, José. El tiple. En: Antología de grandes crónicas colombianas, Tomo I, 1529-1948. Bogotá: Aguilar, 2003, p.157-162.
[5] PIZANO, Samper. La crónica en la historia colombiana. En: Antología de grandes crónicas colombianas, Tomo I, 1529-1948. Bogotá: Aguilar, 2003, P. 40.
[6] GARCÍA MÁRQUEZ, Gabriel. Visita a santa Marta. En: Obra periodística Vol. 1, Textos costeños. Barcelona: Bruguera, S.A., 1981, p. 191-194.
[7] CAPARRÓS, Martín. La crónica según Martín Caparrós. En: El oficio de narrar. [En línea] Disponible en: http://eloficiodenarrar.wordpress.com/2009/03/10/la-cronica-segun-martin-caparros/. (Consultado el 2 de abril de 2011).
[8] PIZANO, Samper. La crónica en la historia colombiana. En: Antología de grandes crónicas colombianas, Tomo I, 1529-1948. Bogotá: Aguilar, 2003, P. 36.
[9] CAPARRÓS, Martín. La crónica según Martín Caparrós. En: El oficio de narrar. [En línea] Disponible en: http://eloficiodenarrar.wordpress.com/2009/03/10/la-cronica-segun-martin-caparros/. (Consultado el 2 de abril de 2011).

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