lunes, 28 de enero de 2013

El mundo se va a acabar... Si un día me has de querer, te debes de apresurar


El mundo se va a acabar... Si un día me has de querer, te debes de apresurar 
Jhon Monsalve 

Artículo publicado en la Revista Coito: http://www.facebook.com/revistacoito
Muchas veces, miles tal vez, creí estar enamorado en mi adolescencia. Veía una que otra chica que pasaba por el frente de mi casa saludando al viento, hablando sola, deseando el amor más puro del mundo. Y yo, apenas con la cabeza asomada, susurraba a gritos que estaba, con mucho gusto, a su disposición las veces que quisiese y para lo que gustase. Pero mis palabras se las llevaba el silencio, mientras mis ojos se daban cuenta de que aquella chica, fuera la que fuese, abrazaba apasionadamente a uno de los más reconocidos vagos del barrio en que habitaba. Y siempre era lo mismo: pasaba, hablaba, deseaba el amor puro, los susurros, el silencio y el abrazo pasional de dos amantes que envidiaba a muerte.  
Si hubiera conocido en aquel entonces la canción de Mono Blanco, grupo musical del Veracruz mexicano que recorre el mundo llevando los sonidos típicos de su pueblo... una canción titulada "El mundo se va a acabar", la habría dedicado a cada una de las chicas, fuese la que fuese, antes de verlas en los brazos de otros. Lo habría pensado bien y me habría animado a asomarme por la ventana un poco más y a recuperar las fuerzas que el miedo me robaba para decirle a alguna de ellas desde arriba: "Ámame que el mundo se va acabar". Y ya, y eso era todo, y, aunque posiblemente habría quedado como idiota, por lo menos, podría ser considerado un valiente, y un poeta, y un profeta a medias por decir una verdad en aras de un amor bien imposible 
Sabía muy bien que ninguna me convenía. Eran bonitas: sus cabellos iban lisos con diversos moños de tela barata, con perfume marca "Ramera" y con un caminar balanceado que iba al compás de sus brazos. Oían tecnocumbias, insultaban, peleaban a cuchillo, me ignoraban totalmente. No me convenían, pero me gustaban. Faltó estrategia. Una canción; eso era: una canción habría hecho la diferencia, las habría rendido a todas a mis pies. Si hay algo que asusta a comunidades como aquella en la que crecí es la amenaza del infierno. Por eso es que los más fieles creyentes se encuentran en los barrios más pobres: siempre se respaldan en la promesa del cielo y le huyen como locos al infierno ardiente. Así eran ellas; tal cual, no más: así: vagas y católicas, la combinación perfecta.  
El mundo se va a acabar, El mundo se va a acabar Si un día me has de querer, te debes de apresurar...  
Y así eran ellas, y con esta canción habrían caído a mis pies. Esta melodía es el más vivo acoso, la más grande amenaza, el miedo al caos. Tan pronto como les dijera esto, se apresurarían a mis brazos para amarme, sin importar que fuera yo el nerdo del barrio, el bueno, el que iba peinado vaginalmente al colegio y con pantalones saltacharcos. Y cuando les dijera:  
No-no-no-no-no no ves que el mar casi ya ha muerto di si no es cierto, que argumentar se va a acabar, se está acabando y tú pensando si me has de amar... 
Me preguntarían (o me habrían preguntado)que si sabía yo la técnica para no morir, para seguir disfrutando de las dulces mieles que les daba la sociedad, y yo les diría que sí, que solo era que me amaran y ya: sin más, sin tapujos, ni quejas, ni miedos, porque dios era amor y se arrepentiría de acabar el mundo si viera que las personas se aman. Y luego:  
Pon atención, no te das cuenta que el hombre inventa la destrucción, por la erosión, el río agoniza y eso da prisa a mi pasión...  
Y se cuestionarían si esas señales eran las que se veían en los barcos color naranja que atravesaban el Río de Oro desde hacía unos años. Yo les diría que por supuesto, que ahí estaban las señales del fin, y entonces me abrazarían como si fuera yo el salvador, y me creería el mesías o el Anticristo. Y de seguro se habrían desnudado al escuchar esto último:  
Ni que dudar, mira la tierra, con tanta guerra ¿dónde va a andar?; no hay que esperar que el mundo es loco y queda poco tiempo de amar... 
Y las tendría totalmente a mi disposición... y me burlaría de los vagos del barrio. Desnudas, asustadas por el fin, muertas de amor por mí. Suspirando una y otras vez por la satisfacción de la meta alcanzada, por el punto final de mis desdichas, por la humildad de pensar un poquito más allá y ganarle la guerra a dios y a las estupideces que se inventa el humano. Pero nada: fui tonto, fui débil, fui un cobarde que de haber logrado alguna de estas chicas con esta u otra canción jamás habría escrito este texto y estaría a estas horas trabajando de sol a sol como limosnero de esquina en alguna calle de aquel barrio o de esta ciudad atestada de parques y de bellas mujeres con fragancia inocente y moñitos de tela barata. 

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