sábado, 21 de enero de 2012

La literatura en la moneda colombiana

La literatura en la moneda colombiana

Por Jhon Monsalve
Imagen tomada de: http://operacion26.blogspot.com/2011/01/curiosidades-sobre-el-dinero.html

Hace unos días vi a esa mujer. Estaba sentada con un libro en las manos como esperando a su amado, como si al cerrar los ojos pensara que el tiempo retorna o que pasa muy rápido. Tras ella vi un paisaje que me recordó a Colombia: sus montañas, sus ríos, sus cielos. Di la vuelta tras ella y vi una casa, que parecía ser El Paraíso. Pensé en Eva, pregunté su nombre, y se llamaba María.

No pude olvidar su rostro, sus sueños, sus ojos, las trenzas. No pude olvidar ese sentimiento de esperanza, de paz, de resignación, de enfermedad. Era María esperando a Efraín, que se había ido para Londres. Se fue a estudiar. Se fue amándola. Ella me contó que aún lo esperaba, y que era consciente de que la enfermedad que mató a su madre pronto la mataría también a ella.

A María la conocí en un billete, a Efraín me lo inventé. Reconocí el rostro de Jorge Isaacs: el pelo, las entradas, el bigote poblado. Y comprendí que la literatura llegó hasta la economía, y que convive a diario con ella y con nosotros, sin siquiera darnos cuenta.

Fue por eso que decidí estudiar un poco el asunto; quería ver si había algo más, si el billete de Jorge Isaacs era el único que presentaba indicios literarios. Empecé con las monedas de 5 y 10 pesos: solo estaba el escudo de Colombia y el laurel abierto, símbolo de libertad. Luego vi la moneda de 20 pesos con Simón Bolívar en el anverso, la moneda que circula desde el 6 de octubre de 2004 con la misma importancia de la que circula desde el año 1989, con el escudo y el laurel abierto.

El escudo y el laurel son, pues, las características de las monedas de 5, 10 (algunas de 20), 50 y 100 pesos. Las de 200, que circulan desde el 1 de junio de 1994, tienen un volante de uso de la cultura Quimbaya. Las monedas de 500 tienen el árbol de Samán, como símbolo de la preservación del medio ambiente.

Vi los billetes y pensaba en María: en su ausencia, en sus sueños, en el libro que tenía en las manos. La esperanza de ella me daba ilusiones; su hermosura, me enamoraba. Pero no. Debía ser prudente: ella amaba solo a Efraín, lo esperaba con deseo y con paciencia. Él fue a estudiar por unos años; pronto volvería. No puedo dejar de verla, me atrae, me parece bella, sola, bella y sola. Vi el billete de 1000 pesos y reconocí a Jorge Eliécer Gaitán, recordado por el debate sobre la Masacre de las Bananeras, y por su discurso vigoroso y seductor, y por sus propuestas orientadas a reducir las jerarquías sociales, y por su muerte. Jorge Eliécer Gaitán, simplemente, me recordaba Cien años de soledad, pero no era lo que buscaba: necesitaba la presencia de la literatura en la moneda colombiana, y no relaciones bellísimas de tercer orden.

El billete de 2000 pesos me mostraba a Francisco de Paula Santander, presidente de la Nueva Granada entre 1832 y 1837. Es conocido hoy como el Hombre de las Leyes y como el Organizador de la Victoria. El frente del billete no me daba lo que buscaba; le di la vuelta, vi la Casa de la Moneda, una de las edificaciones históricas de Bogotá. No encontré nada más. Quise entrar, y me detuvo María; me dijo que el siguiente billete era, y que por favor se lo mostrara a Efraín cuando viniera de Londres, cuando la enfermedad y la soledad ya la hubiesen matado. No comprendí a María, y la vi más bella, pero también más muerta.

Revisé el billete de 5000 pesos y vi a José Asunción Silva: el rostro poblado también, con entradas también, y la expresión de Mona Lisa. María me insistía en que le mostrara el billete a Efraín, yo no comprendía por qué, yo no conocía a Efraín. Di la vuelta al billete, y leí:

Una noche
Una noche toda llena de perfumes, de murmullos y de músicas de alas,
Una noche
En que ardían en la sombra nupcial y húmeda las luciérnagas fantásticas,
A mi lado lentamente, contra mí ceñida toda, muda y pálida,
Como si un presentimiento de amarguras infinitas,
Hasta el más secreto fondo de las fibras te agitara,
Por la senda florecida que atraviesa la llanura
Caminabas,
Y la luna llena
Por los cielos azulosos, infinitos y profundos esparcía su luz blanca,
Y tu sombra
Fina y lánguida,
Y mi sombra
Por los rayos de la luna proyectadas,
Sobre las arenas tristes
De la senda se juntaban,
Y eran una,
Y eran una,
Y eran una sola sombra larga
Y eran una sola sombra larga
Y eran una sola sombra larga...
Esta noche
Solo; el alma
Llena de las infinitas amarguras y agonías de tu muerte,
Separado de ti misma por el tiempo, por la tumba y la distancia,
Por el infinito negro
Donde nuestra voz no alcanza,
Mudo y solo
Por la senda caminaba...
Y se oían los ladridos de los perros a la luna,
A la luna pálida,
Y el chillido
De las ranas...
Sentí frío; era el frío que tenían en tu alcoba
Tus mejillas y tus sienes y tus manos adoradas,
Entre las blancuras níveas
De las mortuorias sábanas,
Era el frío del sepulcro, era el hielo de la muerte
Era el frío de la nada,
Y mi sombra,
Por los rayos de la luna proyectada,
Iba sola,
Iba sola,
Iba sola por la estepa solitaria
Y tu sombra esbelta y ágil
Fina y lánguida,
Como en esa noche tibia de la muerta primavera,
Como en esa noche llena de murmullos de perfumes y de músicas de alas,
Se acercó y marchó con ella
Se acercó y marchó con ella...
Se acercó y marchó con ella...¡Oh las sombras enlazadas!
¡Oh las sombras de los cuerpos que se juntan con
[las sombras de las almas...
¡Oh las sombras que se buscan en las noches de tristezas y de lágrimas!...

Era eso lo que buscaba yo, y María también. La poesía en la moneda colombiana, el poema que hace parte de nuestra herencia cultural. Desde el 22 de septiembre de 1995 circula el poema Nocturno tras el rostro inexpresivo de José Asunción Silva.

María me pide que le muestre el billete a Efraín, me insiste, y no comprendo. Preparo los billetes de 10000 y 20000 pesos, y María no me deja, me dice que Policarpa Salavarrieta, la heroína colombiana, aparece en el primero, y que en el segundo, aparece con el pelo preparado, con el bigote también poblado y con los ojos pintados de azul por la luna, Julio Garavito Armero, nuestro astrónomo, dueño de algunos cráteres lunares. Me dijo que no perdiera tiempo, que buscara a Efraín, que le mostrara el billete de 5000 pesos, que le dijera que lo amaba y que lo esperaba en la muerte. Se desvaneció poco a poco, se cortó las trenzas, y me dijo: Estoy segura de que eso dirá cuando me encuentre en la tumba.
ESPERO SUS COMENTARIOS.

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