miércoles, 22 de agosto de 2012

Análisis de La Vorágine, de José Eustasio Rivera


LA VORÁGINE: EL TORNADO DE LA SELVA, LA PASIÓN DESENFRENADA Y LA AGLOMERACIÓN CONFUSA DE SUCESOS
Jhon Monsalve

Leí que la Vorágine era la novela de la selva.  Lectura que me pareció extraña porque, si bien es cierto que ocurre en dicho espacio, no hay que dejar a un lado que el principal objetivo de su escritura fue la denuncia del abuso que se venía llevando a cabo en las caucherías del Vichada. No había leído la novela, pensé leerla pero no tan pronto; uno de los motivos que tuve para avanzar en la lectura, tal vez más rápidamente que mis compañeros de curso, fue el de comprender las razones por las cuales el profesor había catalogado de ese modo la novela de José Eustasio Rivera.
Vorágine, según la Real Academia Española, en su primera acepción, es un “Remolino impetuoso que hacen en algunos parajes las aguas del mar, de los ríos o de los lagos”, pero después de haber leído la obra y de comprender la razón del título, podría afirmar que más que un remolino es un tornado, que se lleva todo lo que encuentra, que despedaza ilusiones y sueños.
Sí, es cierto, la denuncia que se hace es el objetivo de la novela, pero su personaje principal o protagonista es la selva. Debemos diferenciar muy bien la una de la otra: La vorágine es la novela de la selva del mismo modo que Cien años de soledad es la novela de los Buendía. Notemos, a partir de estos ejemplos, que el dativo en los dos casos antecede a los personajes más recurrentes y no al objetivo de la obra en sí.
En la segunda acepción de la palabra vorágine, la RAE la define como la “Pasión desenfrenada o mezcla de sentimientos muy intensos”. No hay que negar que, tal como lo afirma Ayala Poveda cuando pone en paralelo esta novela con María, La Vorágine es la novela del amor desenfrenado que ocurre en un ambiente de vicios y pasión, donde sobresale la crueldad humana y los sentimientos brutales. Y es verdad: ¿Qué mejor mezcla de sentimientos que aquella que sobrevenía sobre los personajes cuando estaban en la selva?: la ilusión perdida, la esperanza puesta en Clemente Silva, las ganas de asesinarlo, el deseo de que viviera para que los sacara de allí. Además, la pasión con que Arturo Cova hacías las cosas: con egolatría, con racismo, con odio, con afán, con deseos de asesinar a Barrera, hacen de este personaje y de otros con características semejantes (como Alicia, que huye; como Griselda que actúa, que dispara; como Clemente Silva que busca a su hijo; como Zoraida Ayram y Barrera que persiguen sus proyectos sin importarles el bienestar del que los rodea: todos ellos actúan bajo la pasión desenfrenada de sus propósitos) caracteres, como los llamaba Aristóteles, pasionales desenfrenados.
Según la RAE, en su última acepción, vorágine es la “Aglomeración confusa de sucesos, de gentes o de cosas en movimiento”. Acepción que aplica para el caso de la novela, porque en todo momento hay sucesos confusos que giran en torno a lo que narran los personajes mientras están en la selva: los indígenas asesinan, ellos (los perdidos en la selva) están cansados, los trabajadores son explotados, ellos pierden las ilusiones de salir de la selva, los niños son esclavizados en pro de la extracción del caucho, ellos se enferman de la selva y oyen a los árboles, a la naturaleza.
De esta manera, puede afirmarse que La vorágine es una novela que denuncia la los abusos de las caucherías por medio de una narración que, en todo momento y de una u otra forma, hace alusión a su nombre. José Eustasio Rivera logra configurar perfectamente el nombre de su obra con los sucesos que en ella ocurren: tornados, pasiones y aglomeraciones confusas. 

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