lunes, 9 de enero de 2012

Reseña de Las Traquinias, de Sófocles

Reseña de La Traquinias, de Sófocles
Por Jhon Monsalve

SÓFOCLES. “Las Traquinias”. En: “Las Siete Tragedias”. México: Editorial Porrúa, 2001. Pág. 126-154.

“Las traquinias” es una obra de Sófocles que muestra a una mujer que se cansa de compartir el cariño de su esposo, de tal forma que intenta hechizarlo utilizando la sangre de Niso, un hombre que la tocó con lascivia cuando era pequeña; sin embargo, la sustancia rojiza que según él servía para hechizar, en realidad, llevaba a la muerte.


El autor griego inicia su relato con la soledad y destierro de Deyanira y con el consejo de la nodriza de que Hilo, uno de los hijos de la primera, fuera en busca de su padre para confirmar su existencia. Este obedeció.


Un mensajero aparece para asegurar que el semidiós, hijo de Zeus, vive, y poco después llega Licas, a quien el primero había oído afirmar lo ya dicho, con algunas mujeres que, según este, el hijo de Alcmena le había mandado para que habitaran en su casa. Deyanira centró su atención en una que no hablaba desde que salió de su patria tomada y destruida por Heraclés; se llamaba Yola. Licas informó a la madre de Hilo los momentos de esclavitud que su marido había vivido y, entre otras cosas, relató el momento en que este empujó a Ifito y lo asesinó; causa por la cual Deyanira fue desterrada, y su marido, esclavo.

 Las cautivas y Licas entraron al palacio, pero a Deyanira la detuvo el mensajero que informó que el acompañante de las mujeres había mentido: Eurito, padre de Yola, no admitió que Heraclés la tomara por concubina, así que destruyó su tierra completa, y mandó a la muchacha adonde su esposa. La hija de Altea enfrentó al mentiroso hasta que él confesó que todo era cierto, y envió a su esposo la túnica que roció con la sangre de Neso, nombrada al principio, obtenida de la herida de la flecha de Zeus. Antes de marcharse, Deyanira le advirtió que la túnica no podía ser vista por ningún destello de luz, sino como muestra a los dioses en algún día de sacrificios de toros.


Después de que el coro deseara la llegada de Heraclés, Deyanira se dio cuenta de que las intensiones de Neso al morir por su culpa no eran las mejores, y así como había desaparecido el pelo de oveja que había utilizado para untar la túnica, desaparecería el semidiós. De hecho, regresó Hilo, que había traído a su padre moribundo por petición suya, y se lo confirmó; aparte, culpó a su madre. Luego, ella, junto al lecho de su esposo, se suicidó, y su hijo se sintió culpable.


Entre lamentos, reclamos a los dioses y maldiciones a su esposa, Heraclés moría. Mandó a llamar a Deyanira para ver qué dolor atormentaba más el alma de su hijo, pero este le contó que su madre habíase suicidado y que los males que él (el padre) sufría eran culpa de Neso y de nadie más. Después de que el hijo de Zeus se dio cuenta de que el oráculo había predicho todo lo ocurrido, pidió a Hilo que lo llevara a una cumbre y lo quemara, y que después tomara como esposa a Yola. Si desobedecía, la maldición paterna caería sobre él. Así salieron a la montaña, mientras corifeo recalcaba al resto del coro que todo lo sucedido había sido intervención de Zeus.

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