miércoles, 8 de junio de 2011

Las ranas, de Aristófanes, reseña

Las Ranas, de Aristófanes
Portada
Jantias cargaba un hato y trataba de contar chistes a Baco, mientras se dirigían a casa de Heracles; así empieza “Las ranas”, una de las comedias de Aristófanes.
Baco tocó fuerte a la puerta de Heracles, de tal forma que éste hizo una comparación entre el que tocaba y Centauro; según Baco, el llamado a la puerta había producido temor en el dueño de la vivienda. Heracles vio que Baco iba vestido de la misma manera que él, y se rio. Baco le contó, mientras Jantias seguía cargando el hato, que se había embarcado en un navío y que su grupo había derribado a trece naves enemigas; Heracles no le creyó. Sin embargo, al seguir el hilo de la historia, que llevaba el mentiroso, añadió que en el navío se había apoderado de él un deseo por Eurípides (que ya estaba muerto), y que necesitaba de la guía de Heracles para ir al infierno y lograr su propósito.
Desde el principio el autor centra su comedia en el fin buscado: un poeta para que la República se salvase. El problema no estaba en conseguir un poeta, sino en encontrar a ese poeta. Baco se había vestido como Heracles porque éste ya había ido al infierno a buscar al ‘Cerbero’, un perro, y conocía personas y obstáculos con los cuales se choca cuando se va a tal lugar.
Heracles le indicó algunos caminos, pero ninguno convenció a Baco. No obstante, optó por el mismo camino que tomó Heracles cuando fue él quien fue.
Para llegar al infierno era necesario pasar cuatro obstáculos: una profunda laguna, serpientes, monstruos, un vasto Senegal donde se castigaba, y por último, flautas, los iniciados (gente bienaventurada), que daría información a Baco, y alegres palmoteos.
Caronte los esperaba en una Barca, mientras Baco negociaba con un muerto la llevada del hato hasta el infierno, pero el muerto no aceptó menos de dos dracmas. Jantias tuvo que ir por otro camino, pues en la barca no podía ir ninguno que no hubiera combatido en alguna batalla naval.
Aunque desde el principio de la comedia el dramaturgo maneja el humor que corresponde al texto, es en las próximas escenas donde él enfatiza la parte cómica… Baco cogió el remo, después de advertirle a Caronte que no sabía remar, y las ranas empezaron a croar, mientras las nalgas del principiante empezaban a dolerle. Baco mandó a callar a las ranas, pero no le hicieron caso. Al fin, llegaron al segundo paso, al que Jantias ya había arribado, pero que aún no había visto ningún monstruo como lo había dicho Heracles, por eso Baco pensó que todo era invento de Heracles para intimidarlo. Sin embargo, se oyeron ruidos y apareció Empusa, monstruo que tomaba diferentes formas; Baco se asustó hasta que el monstruo desapareció.
Tras escuchar los requisitos del coro, Baco les preguntó dónde quedaba la morada de Hades a lo que respondieron: “(…) estáis en su misma puerta”. Después de presentarse Baco como Heracles, Hades salió corriendo para traer al lugar perros e hidras para que despedazaran al visitante; así cobraría la muerte de ‘Cerbero’, el perro que el verdadero Heracles había tomado de allá cuando fue.
Podríamos decir que Aristófanes jugó con el tome y devuélvame en varias páginas de su comedia. En el momento en que Jantias toma el vestido de Baco y se convierte en Heracles (porque él no le teme al Hades), aparece una criada que le ofrece por cuenta de Perséfona manjares y bailarinas; al ver tales atenciones Baco obligó a Jantias que le devolviera lo suyo, porque tales cosas en posesión de Jantias lo hacía ver ridículo.  Sin embargo dos taberneras lo reconocieron por el nombre y recordaron que Heracles había comido miles de cosas sin pagar; claro está Heracles en esta ocasión era Baco. Cuando ellas fueron en busca de Cleón para que citara a Heracles al juicio, Baco pidió nuevamente a Jantias que se pusiera el disfraz de Heracles con la condición de que si volvía a pedírselo toda su familia sería exterminada. Jantias aceptó.
Este comediante que vivió durante la guerra del Poloponeso tal vez dejara moralejas en sus obras. “El que se las da de vivo puede terminar en ataúd”. Arribó Éaco al lugar para castigar al ladrón, pero éste ahora interpretado por Jantias, le dijo que atormentara a su esclavo (a Baco) y que si llegaba averiguar algo contra él (contra Jantias) que lo matara como en ese momento quería. Pero Baco no lo permitió y trató de convencer a Éaco de que él era un dios, pero no rompió su promesa. Jantias propuso que después de que fueran azotados por Éaco, el primero que llorara era el falso dios… y así fue, pero Éaco no fue capaz de diferenciar entre el uno y el otro.
De repente, se oyeron ruidos y griteríos; claro está, después de que Éaco aclarase quién era Jantias y quien, Heracles (que en realidad era Baco). La disputa y los gritos eran de Esquilo y Eurípides, que discutían por la buena alimentación y el puesto junto a Hades que ganaba el que fuera superior en el arte que desempeñaban; en este caso el mejor poeta.
Hades decidió hacer un certamen para elegir al mejor, y Baco fue el juez.
Aristófanes nos muestra a Eurípides muy arrogante y a Esquilo como un hombre que se dejaba arrebatar por la ira. Eurípides criticaba a Esquilo porque sus personajes no hablaban en escena en un periodo de tiempo, y cuando hablaban aterraban a los espectadores. En cambio, Eurípides alivianaba las tragedias con monólogos, y el carácter y nacimiento del drama era explicado por él en el primer personaje. Aparte Eurípides enseñó a los espectadores el arte de hablar, relató cosas usuales y perfeccionó la inteligencia de los hombres, introduciendo en sus dramas la meditación. Mientras hablaba el coro tranquilizaba a Esquilo.
Eurípides exponía en sus tragedias consejos para mejorar a los ciudadanos, y Esquilo los quería volver valientes y de elevada estatura, apasionados por las lanzas y armas; lo importante era sembrar el deseo de vencer a los enemigos.
Y se relata una discusión de redacción en los textos de los poetas: primero, Eurípides veía los errores de Esquilo, mientras éste refutaba. Esquilo criticó y examinó los monólogos de su oponente, después de haber criticado sus versos.
Por último Aristófanes le da el significado de juez a Baco, cuando al traer una balanza, hace que éste pese los versos. Siempre ganó Esquilo. Sin embargo Baco no podía elegir a ninguno de los dos para llevarlo de nuevo a Atenas, porque sentiría que se estaba enemistando con alguno. Cuando él llegó al infierno iba a por Eurípides. No obstante, decidió llevarse a aquel que le diera un buen consejo para la República.
El consejo de Eurípides fue confiar en aquellos en los que no habían confiado, porque la situación cambiaría si no se seguía confiando en los que en ese momento se confiaba. Y después de admirar el consejo de Eurípides, Baco pidió la respuesta a Esquilo que contestó que los de la República se salvarían cuando creyeran que la tierra de sus enemigos es de ellos, y la suya de sus enemigos. Luego de que Eurípides le recordara a Baco que éste había ido al infierno a por el primero, Baco respondió que, aunque la lengua hubiese prometido, escogía a Esquilo.
Antes de partir, Hades dio hospitalidad a Baco y le pidió que salvara a la ciudad, mientras le daba unas cuerdas para que los enemigos de la paz de Atenas se suicidasen. Esquilo le pidió a Hades que su puesto lo cedieran a Sófocles y no a Eurípides. Y partieron en compañía del coro, que cantaba mientras en las manos llevaba antorchas. El coro pidió a los dioses infernales un buen viaje para los que partían y sensatos pensamientos para Atenas.

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