sábado, 21 de enero de 2012

La literatura en la moneda colombiana

La literatura en la moneda colombiana

Por Jhon Monsalve
Imagen tomada de: http://operacion26.blogspot.com/2011/01/curiosidades-sobre-el-dinero.html

Hace unos días vi a esa mujer. Estaba sentada con un libro en las manos como esperando a su amado, como si al cerrar los ojos pensara que el tiempo retorna o que pasa muy rápido. Tras ella vi un paisaje que me recordó a Colombia: sus montañas, sus ríos, sus cielos. Di la vuelta tras ella y vi una casa, que parecía ser El Paraíso. Pensé en Eva, pregunté su nombre, y se llamaba María.

No pude olvidar su rostro, sus sueños, sus ojos, las trenzas. No pude olvidar ese sentimiento de esperanza, de paz, de resignación, de enfermedad. Era María esperando a Efraín, que se había ido para Londres. Se fue a estudiar. Se fue amándola. Ella me contó que aún lo esperaba, y que era consciente de que la enfermedad que mató a su madre pronto la mataría también a ella.

A María la conocí en un billete, a Efraín me lo inventé. Reconocí el rostro de Jorge Isaacs: el pelo, las entradas, el bigote poblado. Y comprendí que la literatura llegó hasta la economía, y que convive a diario con ella y con nosotros, sin siquiera darnos cuenta.

Fue por eso que decidí estudiar un poco el asunto; quería ver si había algo más, si el billete de Jorge Isaacs era el único que presentaba indicios literarios. Empecé con las monedas de 5 y 10 pesos: solo estaba el escudo de Colombia y el laurel abierto, símbolo de libertad. Luego vi la moneda de 20 pesos con Simón Bolívar en el anverso, la moneda que circula desde el 6 de octubre de 2004 con la misma importancia de la que circula desde el año 1989, con el escudo y el laurel abierto.

El escudo y el laurel son, pues, las características de las monedas de 5, 10 (algunas de 20), 50 y 100 pesos. Las de 200, que circulan desde el 1 de junio de 1994, tienen un volante de uso de la cultura Quimbaya. Las monedas de 500 tienen el árbol de Samán, como símbolo de la preservación del medio ambiente.

Vi los billetes y pensaba en María: en su ausencia, en sus sueños, en el libro que tenía en las manos. La esperanza de ella me daba ilusiones; su hermosura, me enamoraba. Pero no. Debía ser prudente: ella amaba solo a Efraín, lo esperaba con deseo y con paciencia. Él fue a estudiar por unos años; pronto volvería. No puedo dejar de verla, me atrae, me parece bella, sola, bella y sola. Vi el billete de 1000 pesos y reconocí a Jorge Eliécer Gaitán, recordado por el debate sobre la Masacre de las Bananeras, y por su discurso vigoroso y seductor, y por sus propuestas orientadas a reducir las jerarquías sociales, y por su muerte. Jorge Eliécer Gaitán, simplemente, me recordaba Cien años de soledad, pero no era lo que buscaba: necesitaba la presencia de la literatura en la moneda colombiana, y no relaciones bellísimas de tercer orden.

El billete de 2000 pesos me mostraba a Francisco de Paula Santander, presidente de la Nueva Granada entre 1832 y 1837. Es conocido hoy como el Hombre de las Leyes y como el Organizador de la Victoria. El frente del billete no me daba lo que buscaba; le di la vuelta, vi la Casa de la Moneda, una de las edificaciones históricas de Bogotá. No encontré nada más. Quise entrar, y me detuvo María; me dijo que el siguiente billete era, y que por favor se lo mostrara a Efraín cuando viniera de Londres, cuando la enfermedad y la soledad ya la hubiesen matado. No comprendí a María, y la vi más bella, pero también más muerta.

Revisé el billete de 5000 pesos y vi a José Asunción Silva: el rostro poblado también, con entradas también, y la expresión de Mona Lisa. María me insistía en que le mostrara el billete a Efraín, yo no comprendía por qué, yo no conocía a Efraín. Di la vuelta al billete, y leí:

Una noche
Una noche toda llena de perfumes, de murmullos y de músicas de alas,
Una noche
En que ardían en la sombra nupcial y húmeda las luciérnagas fantásticas,
A mi lado lentamente, contra mí ceñida toda, muda y pálida,
Como si un presentimiento de amarguras infinitas,
Hasta el más secreto fondo de las fibras te agitara,
Por la senda florecida que atraviesa la llanura
Caminabas,
Y la luna llena
Por los cielos azulosos, infinitos y profundos esparcía su luz blanca,
Y tu sombra
Fina y lánguida,
Y mi sombra
Por los rayos de la luna proyectadas,
Sobre las arenas tristes
De la senda se juntaban,
Y eran una,
Y eran una,
Y eran una sola sombra larga
Y eran una sola sombra larga
Y eran una sola sombra larga...
Esta noche
Solo; el alma
Llena de las infinitas amarguras y agonías de tu muerte,
Separado de ti misma por el tiempo, por la tumba y la distancia,
Por el infinito negro
Donde nuestra voz no alcanza,
Mudo y solo
Por la senda caminaba...
Y se oían los ladridos de los perros a la luna,
A la luna pálida,
Y el chillido
De las ranas...
Sentí frío; era el frío que tenían en tu alcoba
Tus mejillas y tus sienes y tus manos adoradas,
Entre las blancuras níveas
De las mortuorias sábanas,
Era el frío del sepulcro, era el hielo de la muerte
Era el frío de la nada,
Y mi sombra,
Por los rayos de la luna proyectada,
Iba sola,
Iba sola,
Iba sola por la estepa solitaria
Y tu sombra esbelta y ágil
Fina y lánguida,
Como en esa noche tibia de la muerta primavera,
Como en esa noche llena de murmullos de perfumes y de músicas de alas,
Se acercó y marchó con ella
Se acercó y marchó con ella...
Se acercó y marchó con ella...¡Oh las sombras enlazadas!
¡Oh las sombras de los cuerpos que se juntan con
[las sombras de las almas...
¡Oh las sombras que se buscan en las noches de tristezas y de lágrimas!...

Era eso lo que buscaba yo, y María también. La poesía en la moneda colombiana, el poema que hace parte de nuestra herencia cultural. Desde el 22 de septiembre de 1995 circula el poema Nocturno tras el rostro inexpresivo de José Asunción Silva.

María me pide que le muestre el billete a Efraín, me insiste, y no comprendo. Preparo los billetes de 10000 y 20000 pesos, y María no me deja, me dice que Policarpa Salavarrieta, la heroína colombiana, aparece en el primero, y que en el segundo, aparece con el pelo preparado, con el bigote también poblado y con los ojos pintados de azul por la luna, Julio Garavito Armero, nuestro astrónomo, dueño de algunos cráteres lunares. Me dijo que no perdiera tiempo, que buscara a Efraín, que le mostrara el billete de 5000 pesos, que le dijera que lo amaba y que lo esperaba en la muerte. Se desvaneció poco a poco, se cortó las trenzas, y me dijo: Estoy segura de que eso dirá cuando me encuentre en la tumba.
ESPERO SUS COMENTARIOS.

miércoles, 18 de enero de 2012

¿Qué carrera debo estudiar?: Diferencia entre las carreras técnicas, tecnológicas y profesionales



¿Qué carrera debo estudiar?: Diferencia entre las carreras ténicas, tecnológicas y profesionales

Por Jhon Monsalve

Una de las cosas más difíciles de hacer en la vida es elegir la carrera universitaria. Muchos se inclinan por la vocación; otros, por la economía: “La carrera que me vuelva millonario”, decía un amigo que embarazó a la novia al mes de haberse  graduado.

En este texto les dejo, queridos nuevos bachilleres, un consejo para la elección de su carrera. No crean que porque este blog es de literatura los persuadiré para que estudien lo mismo que yo. No. Porque, por una parte, comprendo que cada quien elige lo que quiere y, por otra, no puedo convencerlos de que estudien literatura porque serían mi competencia.

La educación en nuestro país no está muy bien que digamos. Los niños pasan el año sin haber aprendido nada, llegan a quinto sin saber multiplicar; a octavo, sin saber dividir; a décimo, sin saber qué es una fracción equivalente; a la universidad, sin saber qué es álgebra. Y ni hablar de la escritura, porque bien se sabe que escriben mal, sin tildes, sin comas, sin puntos, sin ánimos.

En esta ocasión no hablaré de ortografía, porque conozco muchos que han sabido hacer una carrera sin necesidad de ella. No hablaré de matemáticas, ni de biología, ni de sociales. Hablaré de algo que le impide ser culto al humano, del problema más grande en este país: la poca capacidad de raciocinio, de pensamiento.

Ustedes que ya van a entrar a la universidad tengan en cuenta que la carrera que elijan los va a volver ignorantes por siempre o los va convertir en personas socialmente críticas. ¿Qué es ser crítico? Es mirar desde una perspectiva analítica lo que aprendo, lo que vivo, lo que leo, lo que piensan otros, lo que siento, lo que hago, lo que me enseñan, lo que no aprendo. Es comprender que las cosas tienen un sentido, un porqué.


Hoy se dice que las carreras que dan más plata son las técnicas y las tecnológicas. No sé quién se inventó eso, pero jamás un técnico ganará lo mismo que un ingeniero, ni un tecnólogo lo mismo que un licenciado. Las carreras técnicas funcionan centradas en los efectos, es decir, en el hacer por hacer porque el profesor dijo que así se hacía. Es una especie de manipulación profesional, un golpe bajo para el ciudadano. Esto se representa con la siguiente gráfica:


 ¿Por qué creen que el presidente, el gobernador y el alcalde invierten en ese tipo de educación? Porque lo que más les interesa es que el ciudadano no logre un nivel de análisis crítico de su profesión porque luego vendrá el análisis crítico hacia el Estado, y así se empiezan las revoluciones. Un pueblo analfabeta es un pueblo como el nuestro: cero lectura, cero crítica, mucha televisión.

¿Entonces cuál es la educación brindada en una universidad no técnica ni tecnológica? Primero: las universidades jamás serán técnicas ni tecnológicas porque dejarían de ser universidades. Si ustedes piensan llegar a la universidad para estudiar una de esas carreras, nunca lo lograrán, porque lo que pisarán serán simples centros educativos, muchas veces con ánimo de lucro, que son todo, menos universidades. Una universidad da educación profesional; el resto son oficios. Segundo: la educación universitaria se caracteriza por un esquema educativo que se representa de la siguiente forma:


Es decir que, mientras la educación en una carrera técnica o tecnológica es basada en una comunicación lineal (emisor, mensaje, receptor), donde puede manipularse la información al antojo del profesor y donde solo se abre la posibilidad de opinión en caso de que el estudiante repita las palabras o siga los pasos del profesor, mientras esto pasa, la educación universitaria es crítica; si hay equivocaciones las toma como parte de un proceso, si hay dudas la resuelve en grupo, el emisor será también receptor y viceversa. Este es el ideal. Es normal que aún haya docentes universitarios que no sepan de esto, que sean peores que los de las otras instituciones, pero sin duda alguna, pase esto o no, la capacidad de crítica aumentará mucho más en una carrera profesional que en una simple carrerita de medio pelo, de paso rápido, que educa para OBLIGARLOS A NO PENSAR.



lunes, 9 de enero de 2012

Reseña de Las Traquinias, de Sófocles

Reseña de La Traquinias, de Sófocles
Por Jhon Monsalve

SÓFOCLES. “Las Traquinias”. En: “Las Siete Tragedias”. México: Editorial Porrúa, 2001. Pág. 126-154.

“Las traquinias” es una obra de Sófocles que muestra a una mujer que se cansa de compartir el cariño de su esposo, de tal forma que intenta hechizarlo utilizando la sangre de Niso, un hombre que la tocó con lascivia cuando era pequeña; sin embargo, la sustancia rojiza que según él servía para hechizar, en realidad, llevaba a la muerte.


El autor griego inicia su relato con la soledad y destierro de Deyanira y con el consejo de la nodriza de que Hilo, uno de los hijos de la primera, fuera en busca de su padre para confirmar su existencia. Este obedeció.


Un mensajero aparece para asegurar que el semidiós, hijo de Zeus, vive, y poco después llega Licas, a quien el primero había oído afirmar lo ya dicho, con algunas mujeres que, según este, el hijo de Alcmena le había mandado para que habitaran en su casa. Deyanira centró su atención en una que no hablaba desde que salió de su patria tomada y destruida por Heraclés; se llamaba Yola. Licas informó a la madre de Hilo los momentos de esclavitud que su marido había vivido y, entre otras cosas, relató el momento en que este empujó a Ifito y lo asesinó; causa por la cual Deyanira fue desterrada, y su marido, esclavo.

 Las cautivas y Licas entraron al palacio, pero a Deyanira la detuvo el mensajero que informó que el acompañante de las mujeres había mentido: Eurito, padre de Yola, no admitió que Heraclés la tomara por concubina, así que destruyó su tierra completa, y mandó a la muchacha adonde su esposa. La hija de Altea enfrentó al mentiroso hasta que él confesó que todo era cierto, y envió a su esposo la túnica que roció con la sangre de Neso, nombrada al principio, obtenida de la herida de la flecha de Zeus. Antes de marcharse, Deyanira le advirtió que la túnica no podía ser vista por ningún destello de luz, sino como muestra a los dioses en algún día de sacrificios de toros.


Después de que el coro deseara la llegada de Heraclés, Deyanira se dio cuenta de que las intensiones de Neso al morir por su culpa no eran las mejores, y así como había desaparecido el pelo de oveja que había utilizado para untar la túnica, desaparecería el semidiós. De hecho, regresó Hilo, que había traído a su padre moribundo por petición suya, y se lo confirmó; aparte, culpó a su madre. Luego, ella, junto al lecho de su esposo, se suicidó, y su hijo se sintió culpable.


Entre lamentos, reclamos a los dioses y maldiciones a su esposa, Heraclés moría. Mandó a llamar a Deyanira para ver qué dolor atormentaba más el alma de su hijo, pero este le contó que su madre habíase suicidado y que los males que él (el padre) sufría eran culpa de Neso y de nadie más. Después de que el hijo de Zeus se dio cuenta de que el oráculo había predicho todo lo ocurrido, pidió a Hilo que lo llevara a una cumbre y lo quemara, y que después tomara como esposa a Yola. Si desobedecía, la maldición paterna caería sobre él. Así salieron a la montaña, mientras corifeo recalcaba al resto del coro que todo lo sucedido había sido intervención de Zeus.

Reseña de Esencia y formas de lo trágico, de Karl Jaspers.

Reseña de Esencia y formas de lo trágico, de Karl Jaspers.
Por Jhon Monsalve

Karl Jaspers


JASPERS, Karl. Esencia y formas de lo trágico. Buenos Aires: Editorial Sur, S.R.L., 1960.

Esencia y formas de lo trágico es un libro del escritor y filósofo alemán Karl Jaspers que consta de una introducción y cuatro capítulos centrados en el saber trágico y en la poesía.

 En la introducción, habla de las intuiciones originarias que de cualquier forma quisieron transmitir la verdad. Estas intuiciones formaban un todo; luego, de ellas salieron el arte, la religión y la poesía. El escritor explica cada una de ellas y dice que la religión constituye el ámbito previamente determinado del filosofar; asegura que la religión da forma al alma, aunque esta última, a través del tiempo, se desprendió de la religión.


El primer capítulo nos muestra a una filosofía oculta en las intuiciones nombradas que se separaron del todo en el que estaban. Antes de explicar el clímax del capítulo (el saber trágico) deja claro que los fenómenos que lo componen están basados en la historia, es decir, algo ahistórico no posee saber trágico porque todo saber es universalmente temporal. En una parte de este capítulo, el autor presenta una reseña histórica donde nombra a los mejores escritores de epopeya y tragedia; antiguos y contemporáneos. Dice que  la tragedia griega se presenta en torno a los dioses y que Shakespeare, por ejemplo, presenta sus obras en torno a la plenitud del ser humano. Nos muestra también a Calderón y Racine como escritores de tragedias cristianas, donde aparecen limitados los problemas, la riqueza de las figuras y la grandiosidad. Habla del saber pretrágico que como ahistórico no es un saber completo… donde la universalidad también es incompleta. Y es entonces cuando Jaspers explica el saber trágico, que para que se presente es necesario que esté el sufrimiento y la destrucción trágica. Sin embargo, dice que en Homero lo trágico se presenta en el culto de los dioses y en el gozo de la contemplación (JASPERS, 1960: 24).

El autor asegura que la tragedia busca la catarsis del alma y que  el saber trágico se presenta en dos formas: en la epopeya y en la tragedia. El hombre reclama una liberación profunda, y la religión se la promete. Este filósofo dice que al cristiano se le escapa la sustancia del saber trágico (JASPERS, 1960: 32)… Nos insinúa que el héroe de la tragedia se nota, porque fracasa como fracasó Cristo. El saber trágico tiene como fin la redención, o sea, la liberación. Y culmina el capítulo dando un abrebocas  a lo que será el último capítulo del libro: afirma que una verdadera creación poética no puede ser interpretada con un  pensamiento exhaustivo porque aun así sería una creación superflua; “ninguna creación poética permite una visión interpretativa hasta su mismo fondo” (JASPERS, 1960: 35).

En el capítulo 2, este escritor alemán muestra los objetos trágicos en la poesía que abren paso a las relaciones entre héroes y dioses en la tragedia. Al complementar el primer capítulo, asegura que lo trágico es la grandeza del hombre en el fracaso. Explica que la atmósfera trágica se centra en el acontecer presente, en el sentimiento desde ya acostumbrado a la futura desgracia. Profundiza en este capítulo en el saber trágico y dice que en él hay luchas inevitables; en la poesía estas luchas se presentan entre hombres o el hombre lucha consigo mismo. Karl Jaspers divide las interpretaciones trágicas en dos: inmanente y trascendente. Y a la vez divide estas dos, cada una, en dos: Primero, en lo inmanente, encontramos la lucha del individuo y lo cósmico; que no es más que la lucha del hombre frente a las leyes universales… de una manera trágica cuando se acata a las normas o de una forma no trágica cuando es arbitrario el acatamiento. Segundo, también en lo inmanente, la lucha de los principios de la existencia ahistórica que es cierta lucha entre lo nuevo que defiende sus derechos y lo antiguo que también los defiende.

Tercero, en lo trascendente, la lucha entre el hombre y las potencias, o sea, la lucha entre el hombre y los demonios o los dioses. Cuarto, también en lo trascendente, la lucha entre dioses donde el hombre funciona como pelota, como escenario o como intérprete (JASPERS, 1960: 46). Otros de los objetos trágicos en la poesía son la derrota y el triunfo; Karla Jaspers dice que se puede triunfar en el fracaso con la misma idea que comentó en el capítulo 1. Explica la culpa en la poesía, y es aquí donde se puede deducir que no todo lo que la gente llamamos “tragedia” es tragedia… porque para que esta se dé es necesaria la punición de la culpa. En este capítulo, el autor considera que el hombre es culpable por el simple hecho de existir o culpable del mal en el mundo porque no se ha sacrificado para salvarlo; es algo así como una culpa colectiva. El escritor termina este capítulo con la interpretación de Edipo y Hamlet para demostrar que hay tragedias donde el héroe mismo pregunta por la verdad… “porque la unidad de la verdad es una condición fundamental del saber trágico” (JASPERS, 1960: 56).


La subjetividad de lo trágico es el título del tercer capítulo. El autor inicia esta parte del libro tratando de definir la redención como una necesidad del hombre después de estar abandonado en el mundo. Es interesante leer en este capítulo la insistencia de Jaspers en aquello que la gente llamamos “tragedia” y que para nada lo es; “(…) para que sea tragedia es necesario que el héroe sea instalado en el saber trágico y que el espectador sea conducido hasta este” (JASPERS, 1960: 82).


Este capítulo está centrado en el espectador que se identifica con el héroe de la tragedia que, al sentirse personalmente allí, en el lugar del héroe, se está convirtiendo en Hombre. El hombre después de identificarse con el héroe trágico ve la posibilidad de aguantar cualquier cosa… y hasta ve el júbilo del ser en la desgracia. Y es que según Aristóteles la contemplación de lo trágico es una catarsis. O sea, el espectador tiene todas las de ganar.

 En este capítulo, hace un paralelo entre la tragedia griega, la cristiana y la filosófica con el objetivo de buscar en ellas la liberación de lo trágico, es decir, tratar de encontrar la forma para la superación de lo trágico. En la tragedia griega, se da una relación entre los hombres y los dioses; para la liberación ya hablada, el hombre pone su confianza en los dioses. En la tragedia cristiana, se logra la redención por obra de la gracia y, por consecuencia, una eterna salvación del alma. En la tragedia filosófica, Jaspers pone como ejemplo una obra de Lessing “Natham el sabio” donde la tragedia aparece superada por la obra de la idea del ser humano que se autoposee. Este filósofo explica que Natham el sabio no es una tragedia, porque la tragedia en Natham perteneció al pasado de su historia. Sin embargo, toma a Natham como ejemplo de héroe en la tragedia filosófica. Finaliza el capítulo diciendo que los grandes escritores de ese tiempo (o grandes poetas) educaban a su pueblo… y que el auditorio se transformaba interiormente gracias a lo que él (el auditorio) contemplaba. 


En el cuarto capítulo, el escritor muestra los tipos de interpretaciones y sus límites. En la poesía trágica encontramos autointerpretaciones que son de carácter mítico y filosófico. Para que haya interpretación mítica es necesaria la presencia de dioses, por esa razón a las obras de Shakespeare no podemos interpretarlas míticamente, pues carecen de divinidades. El gobierno de las cosas es la base de la interpretación mítica. La conducción que ejerce el hombre, para el gobierno de dichas cosas, es comprendida como destino (JASPERS, 1960: 107). Karl Jaspers asegura que la conducción (ya sea la Providencia que dirige las cosas para la salud del alma o la que dirige el hombre y que es interpretada como destino) tiene lugar por obra de las acciones del hombre mismo, que llevan al hombre hacia donde no piensa y producen lo que no quiere.


En las interpretaciones filosóficas, muestra el carácter universal de las interpretaciones y dice que la tragedia es colocada en el ser como tal y que por lo trágico este ser desaparece; es decir en la tragedia habla una cosa que dejó de ser trágica. Luego, la tragedia es colocada en el mundo… Y es aquí, donde da la razón, solo a algunas personas, de que se pueden catalogar las cosas del mundo como trágicas: “La tragedia del mundo es entonces (…) la finitud de todas las cosas, la multiplicidad de todo lo que está superado, la lucha de toda existencia contra toda existencia por la supervivencia y el poder (…)” (JASPERS, 1960: 110). Lo realmente trágico, según Jaspers, es la catástrofe que se origina del éxito.

Pero las interpretaciones tienen sus límites; para esto, es importante conocer la realidad trágica que viene después de la transfiguración del hombre en el saber trágico que no es más que la interpretación misma. En este capítulo, Karl Jaspers deja claro que lo trágico no es una característica de la esencia del hombre, sino de la aristocracia humana. Aclara también que el saber trágico es limitado porque no configura una interpretación del mundo ni interpreta el dolor universal. Y nuevamente aclara que lo trágico no es la enfermedad ni la muerte, ni la miseria.

Cierra con el tema en que se basó el libro: el saber trágico; pero en este caso, afirmando que en el saber trágico se da la superación de lo trágico, mediante la contemplación.

Resumen detallado y personajes de Pedro Páramo


Resumen detallado y personajes de Pedro Páramo

Jhon Monsalve

Imagen tomada de: http://nipalabrista.blogspot.com/2010/11/acerca-de-pedro-paramo.html#!/2010/11/acerca-de-pedro-paramo.html

Para leer el análisis interpretativo de la obra, realizado por el mismo autor de este blog, click aquí

Para leer sobre el contexto de la novela Pedro Páramo, hecho por el mismo autor de este blog, click aquí.


Información preliminar: La novela se divide en dos mundos: por un lado, el de Juan Preciado, que va en busca de su Padre, Pedro Páramo, y por el otro, el mundo de Pedro Páramo, el hombre más importante de Comala. Este resumen fue hecho respetando la cronología de los sucesos. Una de las características de la novela es que está escrita en forma laberíntica, una novela en la que hay que atar cabos: puede estar narrándose la vida de Pedro Páramo y de un momento a otro pasar a la historia paralela de Juan Preciado. La concentración del lector juega un papel importante. Hay que tener en cuenta que Juan Preciado llega a Comala cuando esta ya está deshabitada, desolada; entonces, todo personaje que aparezca en su ayuda o que se comunique con él está muerto. En la historia de Juan Preciado todo hecho de intercomunicación es producido por las voces del más allá, en continua comunicación con el personaje. Por otra parte, de Pedro Páramo se narra un pasado, su niñez, su poderío en Comala, la cantidad de hijos que tuvo con distintas mujeres, su amor por Susana. Pedro Páramo revive en los recuerdos de los ya muertos.

Resumen de Pedro Páramo: presentación cronológica de los hechos, al estilo "capítulo por capítulo"

Juan Preciado llega a Comala, un pueblo desolado (cercano a Colima, en México) en busca de su padre: Pedro Páramo. Su madre se lo pidió antes de morir: que fuera a pedir lo que le correspondía. En el camino, Abundio, un señor que lo guio hasta Comala y que era sin saberlo también hijo de Pedro Páramo, le enseñó a Juan Preciado la Media Luna, tierra de su padre, y lo injusto de tener el apellido de él y de no haber heredado nada. Abundio le dijo que Pedro Páramo había muerto hacía muchos años, y después le indicó el camino para que llegara a casa de doña Eduviges Dyada, a quien le diría que iba de parte de Abundio. Cuando llegó a esa casa, la señora Dyada lo trató muy bien y le informó que gracias a los avisos de Dolores, la madre de Juan Preciado,  había sabido que él iba a hospedarse en su casa. Lo extraño era que su madre ya estaba muerta, como Pedro Páramo, y que era imposible que le hubiese dicho tal cosa a doña Eduviges.

Pedro Páramo evoca en sus pensamientos poéticos y de recuerdos de infante a Susana, mujer de la que se nota enamorado. Una vez su madre duró buen tiempo tratando de que saliera del baño mientras él pensaba en Susana. Esa vez lo mandó su madre a que ayudara a su abuela con el molino, pero estaba roto y no había plata para arreglarlo porque fue gastada en el entierro del abuelo de Pedro Páramo y en diezmos católicos. Tuvieron que sacar fiado el molino, algunas medicinas y otras cosas en casa de Inés Villalpando.

Doña Eduviges le dijo a Juan Preciado que lo tuteaba porque lo sentía como su hijo “No ve que casi sí eres mi hijo”. Le contó que el día del matrimonio de Doña Dolores, la madre de Juan Preciado, con Pedro Páramo, Dolores le pidió que se acostara con su esposo porque según Saltaperico, el mismo Inocencio Osorio, el conocido como provocador de sueños que abusaba de sus poderes para abusar de las mujeres, le había dicho que esa noche era luna brava y que , por lo tanto, no podía unirse a nadie. Entonces doña Eduviges se acostó con Pedro, pero el cansancio hizo que ni siquiera la tocara; solo entrecruzaron las piernas. Un año después nació Juan Preciado del estómago de Dolores.

Doña Eduviges oyó que se acercaba un caballo. Era el caballo de Miguel páramo, hijo de Pedro Páramo. El caballo se sintió siempre culpable por la muerte de su amo. En un atajo para llegar más rápido a Contla, pueblo donde vivía la mujer que Miguel amaba, se cayó del caballo cuando trató de saltar una cerca. Pedro Páramo pidió la compañía de doña Eduviges. Lo enterró el padre Rentería, a pesar de que Miguel Páramo lo hubiese insultado muchas veces, hubiese violado a su sobrina y asesinado a su hermano.

El padre Rentería pensaba en lo que había hecho y sacaba como conclusión que los ricos eran los que le daban de comer. Recapacitaba sobre el hecho de que no le había dado el perdón a doña Eduviges por haberse suicidado.

Por otro lado, Toribio Andrete discute límites de tierra con Pedro Páramo, pero este afirma que la tierra no tiene límites. Fulgor sedano, administrador de Pedro Páramo, intercede por las propiedades, está al tanto de todo lo económico, y le informa a Pedro Páramo que le debe a distintas familias gran cantidad de dinero, y aun más a las Preciado. A partir de esto, convence a Fulgor para que vaya y pida la mano de Dolores Preciado, futura madre de Juan Preciado, para casarse con ella y saldar las deudas de familia. En ese momento Dolores estaba a cargo de las posesiones. Pedro Páramo alababa los ojos de Dolores. Y Fulgor fue a pedir la mano de Dolores Preciado, y ella aceptó aunque pensó que era muy apresurado un matrimonio en dos días, como Pedro Páramo quería, y más en esos  días que tenía la menstruación. Sin embargo, aceptó.

Pero quedaban aún deudas pendientes: Toribio Andrete puso límite a su territorio, y Pedro Páramo lo demandó por usufructo: Derecho a disfrutar bienes ajenos con la obligación de conservarlos; robo de propiedades (?).

Por su parte, Juan Preciado fue guiado por Damiana Cisneros, que le contó sobre los ecos del pueblo, de las fiestas y las voces que permanecían. Luego desapareció: como todos, ella también estaba muerta.

Recordando que su madre le había dicho que Comala era el pueblo de los De repente, de repente un mano tocó su hombro, la mano de Donis, un hombre que se acostaba con su hermana y a quienes el obispo no quiso perdonar, como no perdonó a las almas que penaban. La hermana de Donis vio a Juan preciado tiritar mientras dormía, y pensó que de pronto estaba sintiendo lo mismo que ella sentía cuando su hermano la hacía suya. Donis le prometió a Juan Preciado que el día siguiente lo guiaría para que volviera al lugar de donde había venido, pues aparte de quedarse a dormir con la pareja de hermanos, que siempre andaban desnudos, les hizo preguntas de cómo salir de Comala. En realidad Juan Preciado temblaba de miedo y no de enfermo. En un momento en que los hermanos desnudos salieron un poco, entró una señora a llevarse unas mantas. Juan Preciado seguía con miedo: temblaba. Luego Donis se fue en busca de un becerro y su hermana aseguraba que no regresaría. Le dio de comer a Juan Preciado gracias a que intercambió unas sábanas por comida con su hermana.

Y después de ir a dormir con  la hermana de Donis, sintió tanto calor que incluso el aire se esfumó, salió de la casa hacia la plaza, y murió ahogado: muerto de miedo. Él le dijo a Dorotea, su compañera de tumba, que lo habían matado los murmullos. La madre le había dicho: Comala, donde se ventila la vida como si fuera un murmullo, como si fuera un puro murmullo de la vida. Murió en la plaza tratando de encontrar la compañía del bullicio de personas muertas. Murió cuando le pidieron que rogara por ellas.

Cuando Miguel páramo tenía 17 años ya era un mal hombre: había matado al hermano del padre Rentería. Sin embargo, Pedro Páramo le dijo a Fulgor que en hechos como ese el asesino era él, Pedro Páramo. Un día llegó Fulgor con el cadáver de Miguel Páramo ante Pedro, le aclaró que había sido un accidente en su caballo, que sufría por culpabilidad. Pedro Páramo mandó a matarlo para que no sufriera más.

El padre Rentería fue a hablar con el padre de Contla, la ciudad vecina, y este le dijo que había permitido que Pedro Páramo acabara con la iglesia de Comala, posiblemente, porque perdonaba confesiones como: Entregué  mi hija a Pedro Páramo o Me acosté con pedro Páramo.

Cuando la tierra se humedecía la voz de los muertos se despertaba. Habló Susana sobre su madre, que murió de tisis y nadie fue al velorio por miedo al contagio. Habló también uno de los muertos por Pedro Páramo, de los que mató por el asesinato de su padre. En una boda, en la que Lucas Páramo era el padrino, dispararon contra el novio, y una de las balas mató a Lucas Páramo. Como no supo quién disparó y mató a su padre, entonces, buscó a todos los de aquella fiesta y les pagó (o pegó) con la misma moneda.
Cuando a Susana se la llevaron al cementerio, Pedro Páramo sufrió mucho. Él la amaba más que a nadie. Desalojó las tierras y quemó todos los enceres. Toda la gente empezó a irse de Comala. La gente que se quedó lo hizo bajo la promesa de que heredarían algo de la fortuna de Pedro Páramo. Todos esperaban su muerte. Luego vino la guerra: Los Cristeros, y arrasaron con todo.

Por los tiempos que se avecinaban, algunos años antes de lo anterior, Bartolomé san Juan fue a vivir con su hija a Comala. A Pedro Páramo le gustó tanto Susana que mató a su padre para quedarse con ella.

Justina avisó a Susana que su padre había muerto hacía dos días y que ya lo habían enterrado. Susana rio porque se dio cuenta de que el gato no había sido el que la había asustado y molestado, sino su padre.

Por otro lado, mataron a Fulgor, y Pedro Páramo se enteró y mandó a buscar a Tilcuate, una especie de guardaespaldas. Los revolucionarios fueron en busca de Pedro Páramo, mientras Tilcuate, escondido, lo cuidaba. Le confesaron que la revolución era contra el gobierno y contra personas como él. Pedro Páramo se unió a ellos con dinero y hombres para el apoyo de la revolución. Puso a Damasio como el jefe de los revolucionarios y le pidió que lo mantuviera informado. Mataron a Tilcuate un día.

Juan preciado junto a Dorotea hablaba de lo que Susana susurraba: un monólogo erótico frente al mar, recordando a Florencio.

Gerardo, el abogado de Pedro Páramo, que fue quien avisó también la muerte de  Tilcuate, renunció a su trabajo para irse para Sayula, confiado de que Pedro Páramo remuneraría todo el tiempo que trabajó para él.

Cisneros vio entrar a Pedro Páramo a escondidas donde Margarita. Recordó la noche en que entró a su propio cuarto. Mientras estaba con Margarita imaginó a Susana. Los villistas, por otro lado, había arrasado con mucho y Damasio se unió a ellos, y aunque pidió más apoyo económico a Pedro Páramo, este no se lo dio.

Susana era considerada loca. Le temía a la oscuridad. Alucinaba por Florencio, su único amor. Susana alcanzó a comulgar antes de morir. La luz de la ventana de la pieza donde dormía se apagó, lo que llevó a la conversación de doña Fausta y doña Ángeles. Era el 7 u 8 de diciembre cuando Susana murió. Las campanas sonaban en todos los recintos, tanto que vinieron de Contla y de muchos otros lugares, artistas, cirqueros y músicos. Y Comala se volvió fiesta, en lugar de luto, entre tanta gente, y por ello Pedro Páramo juró vengarse: Me cruzaré de brazos y Comala se morirá de hambre.

Por otro lado, el padre Rentería se unió a la revolución.

Abundio fue en busca de trago a casa de los Villalpando pues quería colmar la pena de la muerte de  Refugio, su mujer. Al regresar pasó por la casa de Pedro Páramo, y Damiana Cisneros lo recibió con una cruz como espantando al demonio, y gritaba: Están matando a Pedro Páramo. La gente acudió, pero fue tarde: ya había herido, de alguna forma, a Damiana, pero Pedro Páramo aún estaba bien. Abundio, aun siendo sordo, no soportó los gritos de Damiana. Abundio solo quería una colaboración para el entierro de su mujer, Refugio. Pedro Páramo recordaba a Susana y se le borraba en el recuerdo, sentía que se desvanecía. Pensó que en unas horas vendría Abundio para insistir con sus manos ensangrentadas en la ayuda. Cayó mientras Damiana lo cargaba ayudándolo, como si fuera un montón de piedras.


Personajes

Juan Preciado: hijo de Pedro Páramo y de doña Dolores. Fue a Comala en busca de su padre para que le diera lo que le pertenecía por ser su hijo.

Pedro Páramo: personaje con distintos matices. Fue pobre de niño, y con el pasar del tiempo se convirtió en el hombre más importante y temido de Comala.

Doña Dolores: Madre de Juan Preciado. Una de las tantas mujeres de Pedro Páramo. Al morir pidió a su hijo que buscara a su padre para pedirle lo que le correspondía.

Abundio Martínez: uno de los hermanos de Juan Preciado. Personaje que guía a Juan Preciado hasta Comala. Tiene una gran importancia por su intervención al final de la novela.

Doña Eduviges Dyada: primera señora que acoge a Juan Preciado en su hogar. De joven por poco tuvo relaciones sexuales con Pedro Páramo por un favor que le hizo Dolores.

Inés Villalpando: Al parecer, dueña de una tienda. Le fía un molino a la abuela de Pedro Páramo cuando estaba pequeño.

Micaela: Muchacha de servicio que ayudaba a la abuela de Pedro Páramo en los quehaceres de la casa.

Susana: una de las mujeres de Pedro Páramo. A la que más amó.

Inocencio Osorio: el provocador de sueños, que indujo a Dolores a no acostarse con Pedro Páramo la noche de su boda, porque la luna estaba brava.

Rogelio: Personaje que ponía a cuidar su niño a Pedro Páramo, a la vez del telégrafo, mientras se emborrachaba.

Miguel Páramo: hijo predilecto y reconocido de Pedro Páramo. Un mal hombre.

Colorado: caballo de Miguel Páramo.

Padre Rentería: Sacerdote del pueblo.

Anita: sobrina del padre Rentería,  violada por Miguel Páramo.

Terencio Lubianes: uno de los que cargó a Miguel Páramo cuando murió.

Ubillado: hermano de Terencio Lubianes, que también ayudó a cargar al muerto.

Toribio: amigo de los dos anteriores.

Isaías: amigo de los tres anteriores.

Jesús: amigo de los anteriores.

María Dyada: Hermana de doña Eduviges Dyada. Contó que su hermana era bondadosa, tanto, que le dio un hijo a todos.

Toribio Aldrete: quien hizo negocios de tierra con pedro Páramo. Se ahorcó.

Damiana Cisneros: Cuidó a Juan Preciado cuando era niño. Siempre estuvo al servicio de Pedro Páramo, a quien también cuidó en su niñez.

Lucas Páramo: padre de Pedro Páramo.

Matilde Preciado: hermana de Dolores Preciado.

Fulgor Sedano: administrador de Pedro Páramo.

La lola: la misma Dolores.

Los Preciados, Los Fregosos y Los Guzmanes: familias a las que Pedro Páramo les debía dinero.

Sixtina: hermana de Damiana Cisneros.

Filoteo Aréchiga: quien llevaba mujeres a Pedro Páramo. Juan Preciado oía las voces de las muertas que huían de Filoteo porque se las iba a llevar pedro Páramo.

Galileo: Hombre que dice que nunca le vendió tierras a Pedro páramo, aunque este asegure que sí.

Chona: señorita que tiene a su cargo a su padre moribundo. No acepta huir con el hombre que ama por no dejar a su padre en cama. Pide el favor a Juliana de que se case con su novio.

Juliana: Leer el anterior personaje. Esto se sabe gracias a las conversaciones de los muertos que oye Juan Preciado.

Donis: hombre que se acuesta con su hermana, y que alojan en su casa a Juan Preciado.

Filomeno, Dorotea, Melquíades, Sóstenes y Prudencio, el viejo: personajes que, según la hermana de Donis, viven aún en Comala.

Dorotea: A quien se encontró Juan Preciado después de muerto. Estaba en su misma tumba. Era apodada la Curraca. En vida le buscaba mujeres a Miguel Páramo.

Justina Díaz: Cuidó a Susana de niña. Entre las dos vieron morir y enterrar a su madre. No pagó las misas gregorianas para que su madre saliera del purgatorio. Nadie fue ni al velorio ni al entierro. Parece ser que la madre de Susana murió de tisis, y todos temían el contagio.

Bartolomé San Juan: Padre de Susana.

El tartamudo: quien avisó a Pedro páramo que a Fulgor lo habían matado y que vendrían matarlo también a él, a Pedro Páramo.

El Tilcuate: Guardaespaldas de pedro Páramo, después del aviso de El Tartamudo.

Florencio: amor eterno y verdadero de Susana.

Perseverancio y Casildo: de los revolucionarios: de los Cristeros.

Damasio: quien pedro páramo puso como jefe de los revolucionarios. Pedro páramo le regaló una casa.

Gerardo Trujillo: Abogado de la familia de Pedro Páramo.

Margarita: mujer con la que se acostó Pedro Páramo.

Doña Fausta y doña Ángeles: dos señoras de edad preocupadas porque la ventana que siempre había estado con la luz prendida ahora estaba a oscuras. En esa ventana dormía Susana. Se preocupaba porque se acercaba la natividad, y que su muerte podría dañarlo todo.

Doctor Valencia: Doctor que iba a prisa a casa de Pedro Páramo cuando la luz de la ventana se apagó.

Refugio: mujer de Abundio Martínez. También conocida como al Cuca.

Gamaliel Villalpando: hijo de Inés Villalpando. Era un borracho que maldecía a su madre y a su propia vida.

sábado, 7 de enero de 2012

Algunos comentarios sobre la nueva ortografía

ALGUNOS COMENTARIOS SOBRE LA NUEVA ORTOGRAFÍA
JHON MONSALVE



Texto publicado el 29 de mayo de 2011 en el blog de la Maestría en Semiótica, de la Universidad Industrial de Santander

Hace unos años, cuando entré a la universidad, me di cuenta de que había normas para hablar y para escribir. Yo no lo sabía: pensé que las normas eran solo legislativas y bíblicas. Sin embargo, me enamoré de ellas, y desde entonces, las respeto como si fueran escritas por mi madre. Empecé a leer gramáticas, a corregir a la gente, a estudiar mucho el tema para ser el mejor; en ese tiempo, quería ser como Fernando Ávila o como Puno, mi profesor de ortografía en la universidad, y quería trabajar para la Real Academia Española.
Estudié mucho la gramática y seguí las normas al pie de la letra. Llegué a decir Gay y quería que todos lo dijeran igual, tal cual como se escribe; todo el mundo criticaba mis correcciones y mi manera de hablar: me empezaron a odiar. En ese momento me di cuenta de que siempre se odia y se critica a los que cumplen las normas. Pero volví a hacer amigos cuando comprendí el concepto de Norma propuesto por Coseriu y cuando caí en la cuenta de que la ortografía regulaba la escritura y que, según Saussure, la escritura solo era una subordinación de la oralidad. Volví a hacer amigos cuando comprendí que las normas se rompen y que la ortografía solo importa a personas excéntricas como yo. A partir de ahí, estudié la gramática en silencio, simulando que la Sociolingüística, con argumentos buenos pero no tan fuertes, me había convencido por completo. Pues bien, escribo este texto con el objetivo de que las personas que piensan y sienten como yo estos temas de gramática se enteren, si es que no lo saben ya, de que hay nuevas normas, que, según lo que veo en internet y en últimos periódicos, se están pasando por alto y se obviarán por un buen tiempo.
No pretendo cambiar nada; si por mí fuera, haría mi propia ortografía, como el Maestro Fernando Vallejo hizo la suya, pero no lo hago porque a nadie le importa y porque la lengua es mutable diacrónica y diatópicamente. Este texto es solo informativo.
Me regalaron hace poco la Nueva Ortografía de la Real Academia Española, y leí algunas cosas que me dejaron un poco desorientado: tengo que empezar a desaprender. Desaparecieron por completo los dígrafos y quedaron, en definitivo, veintisiete letras en el alfabeto español. Hasta aquí, todo normal. Pero la RAE propone algo nuevo al respecto: un solo nombre para las letras; dicho de otro modo, sugiere que dejemos de decir ve pequeña o ve corta, be larga o be grande, doble ve o doble u, y ere. La propuesta es que digamos erre (cosa en la que estoy en desacuerdo porque son más las eres /r/ que decimos que las erres /R/), be sin adjetivo, uve con acento grave (yo siempre la digo aguda y también mis profesores y amigos, y la seguiré diciendo aguda) y, la más difícil de todas, uve doble (me quedo con doble ve). Aclaro: son solo recomendaciones.
En el Español correcto para Dummies, Fernando Ávila decía que la Academia se contradecía al aceptar algunos verbos y sustantivos monosílabos que se tildaban porque en algunas regiones pronunciaban en dos sílabas dichos monosílabos. La Academia ya no acepta esa tilde porque, como es lógico, va contra la regla: monosílabo es monosílabo y no se tilda, a excepción de aquellos con tilde diacrítica. Ahora (esto sí lo exige) debe escribirse sin tilde monosílabos como guion, ion, fie, crio, etc.
Hay una nueva norma que comparto y que pensé proponer hace un tiempo, pero por miedo a burlas jamás la escribí; me alegré al verla tal como yo la quería: se toma como prefijo, en usos en los que se tomaba como adjetivo, la partícula (hoy afijo) ex. Antes debía, como todo adjetivo, ir separado del sustantivo; ahora es prefijo, y solo se separa cuando el sustantivo está acompañado por un adjetivo, es decir, en el caso de exmarido (que apropósito, aún aparece separado en la definición de ex, en el DRAE) no se separa, pero en ex primer presidente sí.
Otra propuesta (en esa no había pensado; algo tan sencillo y tan lógico se me pasó por alto) fue la elisión de la tilde en la conjunción o entre números o signos porque podría confundirse con un cero. Es evidente que el espacio entre un número y la conjunción (1 o 2) es muy distante comparado con el espacio de un cero en una decena o en una centena (102), y en computador incluso se ve la diferencia en el tamaño. Ya no se tilda la conjunción entre números, y es lógico.
De último dejé la norma que me dejó más desorientado, sin embargo, acepto que los argumentos de la Academia son muy buenos, y a mí me convencen con argumentos. La tilde en los pronombres demostrativos este, ese, aquel podía ponerse o no, según lo que el escritor decidiera (por ejemplo, yo siempre la ponía; creía que el pronombre parecía más pronombre con la tilde); no obstante, la regla cambió: ya no se pueden tildar estos pronombres porque, como en la tilde de guión, va contra las reglas de acentuación. En el caso de los monosílabos lo apoyé; en este caso, me duele aceptarlo. Insisto: la tilde le da más cuerpo al pronombre, como en o como en .
Otra tilde que ya no se pone, ni en caso de ambigüedad, es la tilde diacrítica de solo[1] , que la aceptaba siempre y cuando se presentara ambigüedad; sin embargo, la Real Academia explica que el doble sentido puede evitarse con el uso de adverbios como solamente y únicamente o, llegado el caso, cambiando el orden de la oración. Lo cierto es que ya no se tilda el adverbio solo, ni siquiera cuando hay ambigüedad.
Y termino mis comentarios diciendo que de la misma forma como aún hoy tildan la palabra fe, porque antes de 1954 se tildaba, veremos cómo la gente seguirá tildando lo que ya no se tilda, porque el desdén, con respecto a estos temas, los hace vivir errados creyendo saberlo todo.


[1] la Academia afirma que ni en el caso de los pronombres demostrativos, ni en el del adverbio solo, podía catalogarse la tilde como diacrítica por el hecho de que esta se pone para hacer diferencia entre una sílaba átona y una tónica en palabras de igual escritura. En este caso, los pronombres demostrativos y el adverbio solo son tónicos de igual forma que los adjetivos demostrativos ese, este, aquel carro y que el adjetivo solo, él está solo.


Artículos relacionados:


http://monsalve-jhon.blogspot.com/2012/01/discusion-sobre-ortografia-en-un-grupo.html

jueves, 5 de enero de 2012

Análisis literario del poema Un sueño en un sueño, de Edgar Allan Poe



Análisis literario del poema Un sueño, de Edgar Allan Poe

Por Jhon Monsalve
Edgar Allan Poe


Edgar Allan Poe es conocido, sobre todo, por sus cuentos. Junto a Kipling y Maupassant, Poe es considerado el padre de la narración corta. Son muy pocos los poemas que los críticos rescatan. Entre esos está Un sueño (1849), el poema del abandono, del olvido, de la desesperanza, de la desilusión, del amor acabado, del sufrimiento. He aquí la versión inglesa, y más abajo, su respectiva traducción:

Take this kiss upon the brow!
And, in parting from you now,
Thus much let me avow --
You are not wrong, who deem
That my days have been a dream;
Yet if hope has flown away
In a night, or in a day,
In a vision, or in none,
Is it therefore the less _gone_?
_All_ that we see or seem
Is but a dream within a dream.
I stand amid the roar
Of a surf-tormented shore,
And I hold within my hand
Grains of the golden sand --
How few! yet how they creep
Through my fingers to the deep,
While I weep -- while I weep!
O God! can I not grasp
Them with a tighter clasp?
O God! can I not save
_One_ from the pitiless wave?
Is _all_ that we see or seem
But a dream within a dream?



La estructura

Parece ser que, en la versión inglesa, el poema está escrito en verso octosílabo, dividido en dos estrofas: una de once versos, la otra de trece. En la primera estrofa riman los tres primeros versos, y como pareados, los ocho siguientes. En la segunda estrofa, los cuatro primeros versos riman en pareado, los tres siguientes tienen la misma rima, y los seis últimos riman en pareados. Hay dos admiraciones en el poema y cuatro interrogantes.

El contenido

El poema se divide en dos estrofas. Cada estrofa tiene voz propia. Al parecer el yo poético habla por los dos: por el que abandona y por el que es abandonado. De eso trata el poema: de un hombre que abandona a su pareja porque se le acabó el amor de la noche a la mañana. Ella trata de rescatar algo de lo que posiblemente queda, y no lo logra. El único consuelo es que  todo lo que se ve y todo lo que parece hacen parte de un sueño dentro de un sueño.

Antes del siguiente punto, les dejo el poema con la traducción de Carlos Arturo Torres. Traducido en verso de una manera magistral.

Edgar Allan Poe
Un sueño

¡Recibe en la frente este beso!
Y, por librarme de un peso
antes de partir, confieso
que acertaste si creías
que han sido un sueño mis días;
¿Pero es acaso menos grave
que la esperanza se acabe
de noche o a pleno sol,
con o sin una visión?
Hasta nuestro último empeño
es sólo un sueño dentro de un sueno.

Frente a la mar rugiente
que castiga esta rompiente
tengo en la palma apretada
granos de arena dorada.
¡Son pocos! Y en un momento
se me escurren y yo siento
surgir en mí este lamento:
¡Oh Dios! ¿Por qué no puedo
retenerlos en mis dedos?
¡Oh Dios! ¡Si yo pudiera
salvar uno de la marea!
¿Hasta nuestro último empeño
es sólo un sueño dentro de un sueño?

Versión de Carlos Arturo Torres

El significado

Aunque muchas interpretaciones afirmen que el poema tiene que ver con el desvanecimiento de la vida, del pasado, de la familia, de los hechos de Poe. En este análisis se propone otra hipótesis:

El hecho de que el hombre (o la mujer, por no decir el yo poético) le dé un beso en la frente y no en la mejilla o en la boca dice mucho. Desde ahí se ve la distancia del uno al otro: el que actúa y el que es pasivo. El que da el beso en la frente es el que abandona sin duda alguna y el que lo recibe, sin esperarlo ahí, sino en la boca, es el que sufre. Al parecer ella le había dicho que sus vidas, en su amor, parecían puestas en un sueño. Y él le replica con lo mismo: que es verdad, que no se equivoca al decir que su vida era un sueño, pues todo lo que se vive y lo que se aparenta hace parte de un sueño dentro de un sueño, del que se puede despertar de un momento a otro, y dejarlo como si nada, en el sueño verdadero. En un sueño se siente, se ama, se odia; en el despertar, en el otro sueño, podrá considerarse que lo sentido, lo amado o lo odiado no era más que una ilusión. Son dos los sueños: el del amor y el de la desilusión. La realidad no se ve.

La esperanza del amor se fue de un momento a otro, de la distancia que hay entre el sueño y el despertar, que es el otro sueño. Y el hecho de que la esperanza se hubiese ido tan rápidamente no le quita lo que ello conlleva: el desvanecimiento del amor que sentía.

Ella (por no decir el segundo yo poético), por su parte, se siente en una ribera de olas precipitadas, tratando de salvar lo últimos granos de oro, que representan el alma de la relación. Ve cómo se le escapan los granos de oro, ve cómo se aleja su amado sin poder hacer nada para evitarlo, lo único que queda es el llanto. Y por último, ya cuando las fuerzas humanas no pueden por sí solas, se acude a la ayuda divina, a Dios, con la pregunta: ¿entonces es verdad que todo lo que se ve y parece es solo un sueño dentro de un sueño?