domingo, 17 de abril de 2022

Tres textos en una de las bibliotecas digitales más grandes de Latinoamérica

 

Tres textos en una de las bibliotecas digitales más grandes de Latinoamérica

Jhon Monsalve

Imagen tomada de: https://www.ellibrototal.com/ltotal/


Hace unos años, El Libro Total, la que es considerada como una de las bibliotecas digitales más grandes de Latinoamérica, publicó tres textos de mi autoría. El primero de ellos fue mi libro Til-de no lleva tilde, en el que explico, paso a paso y con un método completamente original, dónde va la tilde en lengua española. A continuación, dejo el enlace: 

https://www.ellibrototal.com/ltotal/?t=1&d=10628

Los otros dos textos fueron, primeramente, publicados en mi blog y tomados, bajo mi consentimiento, claro está, por El Libro Total, por considerarlos útiles para la formación de estudiantes en la región hispana. Los dos textos son análisis de obras literarias universales: El diablo de la botella y El extraño caso del Dr. Jekill y Mr. Hyde, de Stevenson. Dejo a continuación los enlaces para quien desee consultarlos y leerlos, mediante recursos bastante didácticos que ofrece esta biblioteca.

https://www.ellibrototal.com/ltotal/?t=1&d=10245


https://www.ellibrototal.com/ltotal/?t=1&d=10246 

De este modo, permítaseme no solo invitarlos a hojear estos tres libritos, sino también, y sobre todo, presentarles un lujo de biblioteca digital, creada orgullosamente en Santander, Colombia.

 

miércoles, 15 de diciembre de 2021

La mediación pedagógica de procesos escriturales en la educación superior

 

La mediación pedagógica de procesos escriturales en la educación superior

Jhon Alexánder Monsalve Flórez

Imagen tomada de: https://www.semana.com/vida-moderna/articulo/educacion-escritura-computador-no-mano/359909-3/. 

El centro de la transposición didáctica no es el saber sabio, ni el saber enseñado (Chevallard, 1991), sino las mediaciones que se llevan a cabo en el aula para lograr el paso entre el primero y el segundo. En el caso de la enseñanza de la escritura en la universidad, nos enfrentamos a dos procesos de transposición que, aunque van unidos, pertenecen a latitudes diferentes. En primer lugar, se hallan las disciplinas que, con sus diversos metalenguajes, exigen usos específicos de la lengua para su comprensión o producción de nuevo conocimiento (Carlino, 2005); en segundo lugar, se encuentra la teoría de la escritura, con sus particularidades conceptuales y procedimentales (Cassany, 1990; Serafini, 1994; Flower y Hayes, 1981). Los docentes de escritura nos encontramos, entonces, ante una doble exigencia en la educación superior: 1) entender, al menos, las generalidades teóricas de las disciplinas y 2) enseñar muy bien los procesos escriturales que dan sentido a los contenidos de las disciplinas. Tales metas pueden lograrse a través de una mediación pedagógica oportuna: el estudiante socializa su saber científico, para recibir después, por parte del maestro, la orientación de cómo producir los discursos científicos correspondientes. La relación horizontal del conocimiento se hace, así las cosas, más que evidente.

Corredor, Pérez y Arbeláez (2009) describen cuatro condiciones del profesorado para una mediación pedagógica apropiada: la coherencia psicológica, que se refiere al reconocimiento del nivel cognitivo del estudiante por parte del maestro; la coherencia de contenidos, la cual hace alusión a la pertinencia de los procesos orientados en clase, según el nivel conceptual o de saberes previos de los estudiantes; la motivación y la implicación de los estudiantes, referente a la participación activa del aprendiz, dentro de una perspectiva constructivista; y, finalmente, la aplicación y la utilidad, entendidas como la orientación de saberes funcionales para las situaciones de la vida académica y no académica.

Dependiendo del curso de escritura que orientemos, los profesores evaluamos, por medio de un diagnóstico pedagógico (Arriaga, 2015), el nivel cognitivo y los saberes previos de los estudiantes. Con base en ello, tomamos decisiones sobre cómo proceder en el aula con pertinencia para la enseñanza de la escritura en disciplinas específicas; entonces, proponemos dos actividades transversales, unidas a la doble exigencia enunciada en el primer párrafo: creamos espacios de socialización conceptual para entender, en términos generales, la densidad terminológica del discurso propio de las disciplinas científicas y, luego, cuando ya entendemos grosso modo el proceso, orientamos la escritura. La aplicación y la utilidad se entienden, de esta manera, dentro de las necesidades de los profesionales en formación; en otras palabras, se tienen en cuenta explícitamente los resultados de aprendizaje (MEN, 2019; CESU, 2020)

Una asesoría de escritura de trabajos de grado puede ejemplificar lo abordado anteriormente. Aparte de las horas de clase, los profesores somos citados por los estudiantes para resolver problemas de escritura con los que, habitualmente, se hallan: coherencia, cohesión, ortografía, pertinencia de contenido, etc. En las asesorías, luego de haber determinado el nivel cognitivo y de conocimientos previos, procedemos a escuchar a los estudiantes. Nos cuentan las dificultades que han tenido, nos relatan sus experiencias negativas, sus inseguridades, pero también nos actualizan en aspectos disciplinares. No entendemos todo el metalenguaje, por supuesto, pero comprendemos las generalidades del trabajo. Solo después de ello, orientamos procesos de escritura: enseñamos a planificar, a textualizar y a revisar. Las asesorías, entonces, se dividen en dos momentos, concatenados con las mismas metas del primer párrafo: socialización de los educandos sobre los saberes científicos y enseñanza de la escritura por parte del profesor. De esta manera, potenciamos y proyectamos no solo competencias científicas y resultados de aprendizaje, sino también habilidades generales: la autonomía, la participación y la adecuación apropiada del discurso científico.

Las cuatro condiciones de la mediación pedagógica también se evidencian en procesos de escritura orientados a grupos particulares de carreras específicas. Verbigracia, cuando los docentes de escritura llegamos al aula con un grupo de Trabajo Social, no sabemos, en principio, aspectos relacionados con esta carrera. Aunque hemos sido educados en las generalidades de las Ciencias Sociales, nuestros saberes no son tan específicos para guiar al estudiante en cuanto a la planificación, textualización y revisión de textos científicos de esa área. Así las cosas, procedemos en el mismo orden: diagnóstico sobre nivel cognitivo y de saberes previos de escritura, socialización grupal de los conceptos de base y de los procesos que se requieran para el proceso y, por último, la orientación escritural en dependencia de las generalidades teóricas ya comprendidas por el maestro. La funcionalidad de los procesos de escritura dentro de las esferas científicas de la universidad se hace visible y se encamina a la consecución de los resultados de aprendizaje del futuro profesional.

Finalmente, pensamos que los profesores de las disciplinas específicas podrían hacer el trabajo ideal en la mediación pedagógica de la escritura en la universidad. No obstante, se presentan, para ello, mínimamente dos obstáculos: en primer lugar, el imaginario de que los estudiantes universitarios deben saber escribir todos los géneros textuales posibles y, por ende, no es trabajo del maestro de la carrera orientar procesos que deberían estar ya superados; en segundo lugar, la falta de preparación de estos docentes en temas de didáctica de la escritura. Mientras se derrumban estas barreras, aquí seguimos los maestros de escritura científica, buscando la mediación pedagógica más oportuna, que cumpla, en lo posible, con las cuatro condiciones de base: la coherencia psicológica, la coherencia de contenidos, la autonomía de los estudiantes y la funcionalidad de lo que ellos aprenden.

Referencias

Arriaga, M. (2015). El diagnóstico educativo, una importante herramienta para elevar la calidad de la educación en manos de los docentes. Atenas, 3(31), 63-74.

Carlino, P. (2005). Escribir, leer, y aprender en la universidad. Una introducción a la alfabetización académica. Fondo de cultura económica.

Cassany, D. (1990). Enfoques didácticos para la enseñanza de la expresión escrita. Comunicación, lenguaje y educación, 2(6), 63-80.

Chevallard, Y. (1991). La transposición didáctica. Del saber sabio al saber enseñado. AIQUE Grupo Editor S.A.

Consejo Nacional de Educación Superior (CESU) (2020). Acuerdo 02. https://www.mineducacion.gov.co/1759/articles-399567_recurso_1.pdf.

Corredor, M.; Pérez, M. y Arbeláez, R. (2009). Estrategias de enseñanza y aprendizaje. Ediciones Universidad Industrial de Santander.

Flower, L. y Hayes, J. R. (1981). A Cognitive Process Theory of Writing.  College composition and communication, 32(4), 365-387.

Ministerio de Educación Nacional (MEN) (2019). Decreto 1330. https://www.mineducacion.gov.co/1759/articles-387348_archivo_pdf.pdf.

Serafini, M. (1994). Como se escribe. Paidós.

viernes, 13 de agosto de 2021

¿Qué es la investigación-acción en educación?

 

¿Qué es la investigación-acción en educación?

Jhon Monsalve


Imagen tomada de: https://www.uniminutoradio.com.co/wp-content/uploads/2020/06/Banner-Ciencia-Participacion-696x464.jpg

Todos hemos escuchado hablar de constructivismo. Sabemos que generar procesos de pensamiento activo (crítico y científico) en los estudiantes es la meta de la educación del presente. Sabemos también que el dictado, la memorización y la creencia absoluta en lo que dice el docente son aspectos que han perdido valor en las últimas décadas. Nos enfrentamos ahora al reto de saber cómo elaborar procesos de pensamiento dentro del aula de clase, a partir de los cuales los estudiantes puedan participar activamente en la construcción de su propio aprendizaje y desarrollo.

La investigación-acción viene a apoyar este objetivo. No nace a la par del constructivismo, pero sí se emparenta directamente con él. El nacimiento de la investigación-acción se lo debemos a Lewin, quien, a mediados del siglo XX, propone para las ciencias sociales en general una metodología de investigación, mediante la acción. Luego de este autor, Stenhouse plantea las bases de esta metodología en el ámbito de la educación. Con el tiempo, aparecen, entre otros, Elliot y Mckernan, que son dos de las autoridades más referenciadas en los trabajos o artículos científicos que describen tal proceso.

Todos los autores convergen en que la investigación-acción se da en la práctica y con la intervención directa del maestro dentro del proceso. El maestro puede proponer o escuchar propuestas de los estudiantes y, a partir de ello, plantear ciclos de desarrollo y de aprendizaje. Para ello, configura, solo o junto a los estudiantes, un plan de acción que surge de una necesidad y que será puesto en práctica en el desarrollo de una secuencia de aprendizaje, evaluada con constancia. Luego de un primer ciclo, el docente y/o los estudiantes plantean nuevos inicios para potenciar los aspectos que no hayan sido exitosos o completados durante el primer ciclo.

El desarrollo de esta metodología se entiende siempre desde un planteamiento de investigación, que considera la delimitación del problema, la revisión de antecedentes, así como la concreción de objetivos, la construcción del marco teórico y la determinación de la metodología, a partir de fases, estrategias e instrumentos. Luego de este planteamiento, en la acción se ejecutan las actividades planificadas y se reflexiona constantemente sobre el proceso, con el fin de tomar caminos para la propuesta de nuevos ciclos de acción, que se caracterizan por revisar el problema, replantear las soluciones a lo que ha faltado y proponer nuevos caminos de acción. Estos, de ser necesario, se evaluarán con el fin de continuar o no el proceso de desarrollo y de aprendizaje.    

La investigación-acción suele asociarse con la pedagogía por proyectos o con el aprendizaje basado en proyectos. Cualquiera de estos enfoques tiene como base la metodología de investigación-acción y, por el número de ciclos que puedan surgir para solucionar los problemas que se presenten en la acción, es imposible determinar cuánto durará la pesquisa dentro del aula (o fuera, según sea el caso).

Desde este blog, invito a los docentes a que busquemos alternativas para investigar la acción educativa, con el fin de que nuestros estudiantes alcancen las competencias de pensamiento crítico y científico, que siempre hemos querido. Ya hemos superado el umbral del dictado y de la memorización; a muchos nos falta llegar a la investigación-acción. El interesado puede empezar revisando qué es la pedagogía por proyectos, el aprendizaje basado en proyectos y las secuencias didácticas. ¡Muchos ánimos!

sábado, 13 de marzo de 2021

Los errores históricos más comunes sobre la conmemoración del día de la mujer

 

Los errores históricos más comunes sobre la conmemoración del día de la mujer

Jhon Monsalve

Imagen tomada de: https://fernandafamiliar.soy/wp-content/uploads/2019/03/Dia-Mujer.png

Veo necesario hacer unas aclaraciones históricas sobre la conmemoración del día de la mujer, en vista de la información sin fundamento y basada en rumores que pululan en internet. He leído que Zetkin propuso el 8 de marzo como fecha para la celebración. He leído que el 8 de marzo se debe a un incendio en una fábrica de textiles en donde mueren muchas mujeres. He leído que la ONU estipuló tal fecha en 1975. Voy a argumentar por qué todo lo anterior es falso.

En primer lugar, la conmemoración del día de la mujer se comprende como el resultado de una lucha femenina desde mediados del siglo XIX. Hay unas coincidencias interesantes de fechas, pero no determinan nada, solamente, la coincidencia. A finales del siglo XVIII y principios del siglo XIX, en plena Revolución Industrial, se abre paso a la mujer para que trabaje en fábricas textiles. Desde un inicio, hubo injusticias en pagos de salarios y en ausencia de seguridad laboral para las mujeres. Los hombres tenían mayores beneficios. Esto lleva a que las primeras voces feministas (permítanme el término) surgieran en 1848 con Cady Stanton y Lucretia Mott. Stanton provenía de una familia reconocida por su lucha a favor de los derechos de los esclavos a principios de los años 40 de ese siglo y, ahora, encabezaba la lucha por la igualdad en el trabajo ejercido por mujeres. En 1848 se reunieron decenas de mujeres para levantar su voz en contra de las injusticias.

El 8 de marzo de 1857 se realizó la primera huelga de mujeres en Estados Unidos con el fin de lograr condiciones más humanas de trabajo. Dos años después, se configuró el primer sindicato de mujeres para perseguir tal fin.

El siglo XIX forjó unas bases fuertes en esta lucha femenina. En 1908, ya no fueron decenas, sino 15.000 mujeres las que salen el 8 de marzo a protestar en las calles de Nueva York bajo los mismos argumentos. Había pasado más de medio siglo de lucha y los resultados no eran aún tangibles. El 28 de febrero de 1909, las mujeres estadounidenses celebran, por primera vez, el día nacional de la mujer, logro importante para la voz femenina en esa época lenta, muy lenta, en reacomodarse a nuevos paradigmas sociales. En Copenhague, en 1910, Clara Zetkin, perteneciente a la izquierda alemana, propone un día internacional de la mujer trabajadora, que fue conmemorado por primera vez el 19 de marzo de 1911, en tierras cercanas a esta defensora de los derechos laborales de la mujer.

Hasta aquí ha habido coincidencias. Marzo es un mes que tiende a reiterarse en cuanto a hechos históricos relacionados con la lucha de reivindicación femenina, pero no hay nada que determine como fecha exacta el 8 de marzo como día para tal conmemoración. Clara Zetkin sí fue la primera que propuso internacionalizar tal proyecto, pero no estipuló el día 8 de marzo para ello.

Las coincidencias de marzo continuaron en la segunda década del siglo XX, sobre todo, en dos momentos. En primer lugar, el incendio del que todos hablan ocurrió el 25 de marzo de 1911 (no el 8 de marzo). Sí fue un hecho fundamental para la lucha femenina, por supuesto, pues incentivó la reflexión y la lucha sobre los derechos laborales de la mujer; sobre todo, porque, aunque también murieron hombres, las fuentes de prensa más extendidas exponen un elevado número de incineradas: 123. Tristemente, dentro de las reglas de la fábrica, estaba sellar la salida y la entrada del lugar de trabajo.

En el calendario romano, coincide también el 8 de marzo como el día en que inicia la Revolución Rusa, en donde las mujeres trabajadoras alzaron su voz. Incluso Lenin en 1921 apoya tal conmemoración internacional en sus tierras.

Corrió el siglo XX. La ONU, en 1975, estipuló el Año Internacional de la Mujer, pero nunca el día. Es más, fue hasta 1977 cuando este organismo sugirió a los países del mundo que consideraran una fecha para conmemorar esta lucha de la mujer, que ya superaba un siglo desde sus inicios. No todos los países eligieron el mismo día, pero sí hay una coincidencia entre muchos (sobre todo, porque, según la OPS, la ONU proclamó tal día en diciembre de ese mismo año); esto se determinaba, según las prácticas e historias culturales de cada país.

Con todo lo anterior pretendo cuestionar mitos y eliminar falsedades históricas en torno a esta importante conmemoración, pero también aprovecho el espacio para dos reflexiones: 1) la lucha de reivindicación de la mujer trabajadora se conmemora, no se celebra con rosas y detalles (en caso de que los haya, la recomendación es no olvidar la esencia) y 2) el comercio ha inundado tanto nuestras prácticas sociales que hemos olvidado lo fundamental de esta conmemoración y, bajo esas mismas corrientes capitalistas, hemos propuesto un día del hombre (al menos, en Colombia), cuyo único soporte es el comercio que aprovecha el día de un “santo” para continuar su estratégico curso.

 

 

miércoles, 6 de enero de 2021

Reseña sobre el libro "Resistir a la violencia y construir desde la fe. El caso de El Garzal en el Magdalena Medio, Colombia", de William Elvis Plata

 

Reseña sobre el libro Resistir a la violencia y construir desde la fe. El caso de El Garzal en el Magdalena Medio, Colombia, de William Elvis Plata

Imagen tomada de: https://www.libreriadelau.com/resistir-a-la-violencia-y-construir-desde-la-fe-el-caso-de-el-garzal-en-el-magdalena-medio-colombia-u-industrial-de-santander-ciencias-sociales/p 

Jhon Alexánder Monsalve Flórez

 

Plata, W. E. (2018). Resistir a la violencia y construir desde la fe: el caso de El Garzal, en el Magdalena Medio, Colombia. Universidad Industrial de Santander.

 1. El autor y su contexto

William Elvis Plata es profesor de Historia en la Universidad Industrial de Santander (UIS). Desde su pregrado en la Universidad Nacional de Colombia, enfoca los estudios de la Historia latinoamericana en el hecho religioso, con el trabajo intitulado “Corrientes político-religiosas en el catolicismo colombiano. 1820-1860”. Cursa su maestría en la misma universidad, centrándose, esta vez, en la historia del catolicismo desde 1860 hasta 1880. Luego, en Francia, lleva a cabo sus estudios de doctorado; específicamente, en este posgrado, analiza la vida y la muerte del convento Nuestra Señora del Rosario.

Tales estudios otorgan al profesor Plata una experiencia en el campo de la investigación histórico-religiosa que, con el pasar de los años, es base para aceptar la dirección del Grupo de Investigación Sagrado y Profano, de la UIS, institución de educación superior ubicada en Bucaramanga, Santander, en donde actualmente vive junto a su familia.

El profesor William Elvis Plata también es tenido en cuenta para el desarrollo de investigaciones, tanto de entes públicos como privados, casi siempre centradas en el hecho religioso. Una de estas experiencias culmina en la escritura del libro aquí reseñado: Resistir a la violencia y construir desde la fe. El caso de El Garzal en el Magdalena Medio. La coherencia académica de este investigador y el trayecto que fácilmente se reconoce al leer su currículo da visos de rigurosidad y ciencia en lo que produce. Por supuesto, el libro sobre la resistencia desde la fe en El Garzal no es la excepción.

2. Objetivos e intencionalidad

Tras las líneas, se evidencia un propósito claro: describir el proceso de resistencia desde la fe de los habitantes de El Garzal con respecto a la amenaza de Barreto y de terratenientes por usurparles las tierras. No obstante, este fin merece la especificación de ciertos matices. Por ejemplo, aunque en gran parte se describe este proceso de resistencia, el autor también contextualiza histórica y espacialmente el fenómeno que describe. Además, se hace notoria una perspectiva crítica y analítica de lo expuesto, que sobrepasa el nivel de descripción. Se puede decir, entonces, que el autor describe y analiza, a modo de la mejor sistematización enfocada en un agente externo, el hecho sociohistórico de El Garzal en relación con la resistencia a la violencia y a la propiedad simbólica desde la fe. Eso sí: sin opacar ni cuestionar la narrativa de las víctimas.

3. Metodología y técnicas empleadas

Se retoma, en primer lugar, la última idea comentada en la categoría referente a los objetivos: las interpretaciones del autor no cuestionan la narrativa de los resistentes. Esto ubica la pesquisa dentro de un enfoque de la memoria histórica, centrada siempre en los necesitados, en las víctimas, en “los de abajo”. Tal enfoque permite una historia desde las comunidades que han experimentado situaciones ante las cuales deben ser resilientes. En la descripción metodológica del profesor William Elvis Plata, no es explícita la teoría marxista, ni la de teología de la liberación, pero sí lo es desde la perspectiva de Salvador, el pastor y líder social de El Garzal. La metodología, por supuesto, depende del investigador y no de Salvador, pero el solo hecho de querer rescatar la memoria y de exaltar los triunfos de la fe de esta comunidad sobre conflictos sociales y políticos da el efecto de mantener una posición crítica sobre los sucesos que narra.

Para formar la memoria histórica, el autor (con su grupo de trabajo, claro está) plantea diferentes técnicas de recolección de información: las historias de vida, los mapas de memoria, las entrevistas a profundidad y los talleres, los cuales son grabados y constantemente referenciados en el libro; además, se alimenta de diversos documentos de ONG que han estudiado el contexto y que, por ende, ofrecen marcos para una comprensión mayor. Todo lo anterior ubica a la pesquisa dentro de un paradigma sociocrítico de las Ciencias Sociales y dentro de un diseño etnográfico asincrónico y de revisión bibliográfica recurrente.  

4. Fuentes primarias

Salvador Alcántara es el informante por excelencia. No obstante, la familia y la comunidad de El Garzal también participan. Se realizan entrevistas a profundidad en grupos focales, talleres y actividades de mapas de memoria. Se utilizan también documentos de base hallados en plataformas virtuales de ONG que estudian el contexto e, incluso, el investigador graba en audio una de las asambleas religiosas orientada por Salvador.

5. Base de las fuentes secundarias (bibliografía de apoyo)

Es amplia la bibliografía que utiliza el autor a lo largo del libro, pero se puede dividir en dos grandes categorías: 1) libros y textos científicos enfocados en historia de la violencia o de la resistencia social en Colombia; y 2) libros y textos académicos referentes a la relación entre iglesia y violencia. En el primer grupo, se encuentran documentos como el de Fernán González: “Colombia entre la guerra y la paz. Aproximación a una lectura geopolítica de la violencia colombiana” y como el de Hurtatis Espinosa, relacionado con la resistencia campesina frente a los proyectos latifundistas en el Magdalena Medio; en el segundo grupo, se hallan archivos como “Ciudad, Migración y Religión”, de Demera Vargas, o “Identidad y religión en la colonización del Urabá antioqueño”, de Ríos Molina.

 6.  Estructura e ideas principales

El libro está estructurado en quince apartados, fuera de la introducción y de las fuentes. Los capítulos son breves, lo cual motiva a realizar la lectura de manera seguida, luego de finalizada una sección; además, algunas páginas contienen mapas elaborados (como técnica dentro del proceso) y fotografías de El Garzal. De estos apartados, cuatro están inmersos dentro de una categoría mayor: la resistencia. Justamente, el título del libro inicia con la palabra “Resistir”; es decir, parte de la esencia del texto está incluida en estas cinco secciones. Es pertinente iniciar por aquí. El autor aborda aspectos relacionados con el proceso de resistencia de los habitantes de El Garzal; no era sencillo luchar por la titulación de tierras y no dejaba de ser arriesgado organizarse socialmente. Sin embargo, inician y mantienen como grupo una orientación hacia la justicia, apoyados enteramente en su fe.

A lo largo del libro, la fe, la religión y Dios son constantes. El autor sabe tejer los hilos descriptivos y argumentativos con el hecho religioso. Después de leer sus páginas, queda claro que el éxito de la propiedad de tierras y de la tranquilidad social se debe a la fe que profesan a Dios, desde las iglesias de la comunidad. Así, como si fuera una obra garciamarquiana, Salvador Alcántara dirige a su comunidad, mientras cede su poder a otros líderes. La gente cree en Salvador, sigue a Salvador y lo configuran con un salvador del pueblo. Aboga por los habitantes, construye lazos de afecto con ellos y se enfrenta al mismo Barreto para evitar exilios.

El autor, así tal cual crónica de Leila Guerriero, escribe un perfil bien logrado de Salvador, siguiendo el estilo de todo el libro: la vida de Salvador fluye entre el mar de líneas, a la vez que Plata construye la historia de la violencia en Colombia. Es sobresaliente la habilidad del autor para describir en tan pocas páginas y de manera tan sencilla y amena decenas de párrafos que resumen, sobre todo, la historia del siglo XX en relación con la religión en Colombia y la violencia.

El contexto paramilitar, de guerrillas y de la Violencia en general es abordado de forma ágil; el lector puede ser parte del libro, gracias a las descripciones detalladas del contexto, del río, de las alusiones a la naturaleza. El lector se ve inmerso en una diatriba: entre las bellezas de El Garzal (y su gente) y la impotencia de recordar la historia triste que se ha construido en torno a ciertas localidades como esta.

La fe mueve a los habitantes, hasta el punto de quitarles el miedo. No temen. Tienen el apoyo de Dios. Incluso, Este los protege: hace temblar a los que se aproximan a hacer daños, a matar o a usurpar. Las entrevistas realizadas dan cuenta de la coherencia ideológica entre los habitantes de El Garzal con respecto a su creencia y su práctica. No son gratuitas, por ejemplo, las críticas que, desde la Iglesia cuadrangular, hacen a Salvador: una iglesia que normalmente se ve alejada de asuntos políticos tiene un pastor que aplica, sin saber de términos, una versión evangélica de la teología de la liberación.

7. Conclusiones

El apartado final del libro tiene como título “La fe”. No hay conclusiones, propiamente hablando, pues cada capítulo o sección se concluye de manera independiente. Sin embargo, dice mucho que el autor culmine con la fe haciendo alusión con ella al motor principal de la resistencia de los habitantes de El Garzal. Se citan las entrevistas en donde queda clara la percepción de los informantes sobre la fe, sobre la relación de esta con la sanación, el amor y la justicia social.

8. Comentarios generales

Esta reseña inició con la coherencia académica del autor. Se retoma este aspecto con el fin de exaltar la rigurosidad del libro mezclada con un ritmo y un estilo amplio para un público diverso. No cabe duda de que el tema invita a la reflexión sobre varios aspectos sociales, pero, especialmente, dos de ellos: la violencia sistemática en algunas zonas del país por parte de grupos armados y el poder mítico, místico o real de la fe en Dios. El segundo ataca al primero, pero solo logra vencerlo cuando se piensa social y políticamente; es decir, cuando se configura, se planea o se ejecuta un plan de acción en nombre de Dios y mediante la fe.

 

viernes, 30 de octubre de 2020

Reseña del libro "Estigma", de Erving Goffman

 

RESEÑA DEL LIBRO ESTIGMA, DE ERVING GOFFMAN

Jhon Monsalve 


Imagen tomada de: https://www.amorrortueditores.com/Papel/9789505181995/Estigma
 

Goffman, E. (2012 [1963]). Estigma: la identidad deteriorada. Buenos Aires: Amorrortu

1. CONTEXTO DE LA OBRA

Para comprender las propuestas de Erving Goffman en Estigma (1963), es necesario ubicar al autor, en al menos, dos contextos: el científico y el social. Goffman es sociólogo. Se interesa por las relaciones de los humanos en el transcurrir de la vida cotidiana y, a su vez, por el comportamiento social de los enfermos mentales. Tales intereses nacen de su aproximación hacia los sociólogos clásicos, tales como Durkheim, Weber y Parsons, así como de los teóricos del interaccionismo simbólico, del renacer de la fenomenología y del estructuralismo. A pesar de tener una influencia general de estos antecesores, es fácil ubicarlo, sobre todo y respetando las distancias, dentro del interaccionismo simbólico[1].

Por otra parte, la obra surge en un contexto en donde las diferencias y las desigualdades sociales se ofrecen a flor de piel. Dentro y fuera de los límites de Estados Unidos, se pueden referenciar ciertos sucesos de estigmatización, que hacen de la obra goffmaniana un libro pertinente en pro de las necesidades sociales del momento. Verbigracia, Luther King, quien defiende los derechos de las negritudes, propone marchas y aviva a su gente para la dignificación racial. En Alemania, se construye el Muro de Berlín, dos años antes de la publicación del libro. Y nuevamente en Norteamérica resurge el Movimiento Feminista, en plena crisis de los sesenta[2]. Estas son sin, duda, las acciones iniciales, desde la academia, para la comprensión de la diversidad y de las propuestas favorables para las minorías.

 2. BREVE BIOGRAFÍA DEL AUTOR[3]

Erving Goffman, aunque nace en Canadá en 1922 y muere en Estados Unidos sesenta años después, es descendiente judío y, por tanto, pasa su vida en la experimentación directa de ser el “otro”. Este dato llama profundamente la atención, debido a que, coincidentemente, el libro Estigma es, en esencia, un acto de ubicarse en el lugar del otro, del divergente y de las acciones del desviado social, tal como se aborda a lo largo de esta reseña.

Goffman se casa con una señorita de familia prestante en Boston y, paradójicamente, con los años, esta mujer se suicida por motivos mentales, que son estudiados en diversas clínicas por parte del sociólogo. Sus investigaciones se reconocen en Estados Unidos y en Europa entre los años sesenta y los ochenta y adoptan un toque revolucionario dentro de los límites de la academia: es un defensor de la antipsiquiatría y de los métodos usados para medicar y calmar a los pacientes.

Entre las obras más significativas, se encuentra Asylums, estudio primario en sociología en torno a las discapacidades mentales (de aquí surge la paradoja con la muerte de su esposa); Encounters: Two Studies in the Sociology of Interaction, libro de influencias directas del interaccionismo simbólico; The Presentation of Self in Everyday Life, uno de los estudios sociológicos más reconocidos, dentro del cual se mantiene el enfoque cualitativo y el método observacional de investigación característico de su tesis doctoral; y, entre otras obras, aparece Stigma, en 1963, texto fundamental para el estudio de la integración e interacción social de los sujetos normales y los estigmatizados.

 3. ESTRUCTURA DEL TEXTO

Estigma: la identidad deteriorada, se estructura en cinco capítulos, antecedidos por un prólogo en el que Goffman explica la metodología de análisis de las situaciones de sujetos estigmatizados. Dice basarse en otros estudios de orden sociológico y clínico, a partir de los cuales compila discursos de sujetos estigmatizados. A lo largo de cada capítulo (aunque esta característica disminuye notablemente en los dos últimos), el autor presenta su perspectiva teórica fundamentada en citas textuales de sujetos estigmatizados. Cada apartado, se divide, a su vez, en subtítulos que anteceden la conceptualización teórica esencial de sus propuestas, tal como se evidencia en las ideas primarias y secundarias del siguiente punto.


 4. TESIS PRINCIPALES Y SECUNDARIAS

Con el ánimo de exponer críticamente las tesis de cada capítulo, se opta por presentar, en negrilla y cursiva, la idea principal, y por desarrollar, paso seguido y en letra estándar, las secundarias. Así las cosas, aparece primero, y a modo de cabezote, la tesis fundamental y, después, las ideas complementarias. 

Tesis principal del capítulo I, “Estigma e identidad social”: La carrera moral, entendida como el proceso de adaptación social por parte de los estigmatizados, es el fundamento de los estudios sobre el estigma, pues en tal proceso suceden las relaciones sociales que interesan al sociólogo: entre los normales y los estigmatizados y entre los sabios y los iguales.

Goffman presenta, desde un principio, una definición de estigma relacionada directamente con la conexión entre atributo (o cualidad de ser de cierta manera) y estereotipo (consenso social sobre un aspecto de la identidad). En tal conexión existe una función de desacreditación que desfavorece al sujeto estigmatizado. Por otra parte, el autor plantea, siguiendo este concepto, tres tipos de estigmas: físico, relacionado con las cualidades externas y observables del sujeto; defectos de carácter, entendidos como las acciones no avaladas socialmente: el desempleo, el alcohol, el homosexualismo, etc.; y los estigmas tribales, que se heredan de una generación a otra (aquí cabe la raza, la nación, etc.). El autor centra la atención, sobre todo y a lo largo de sus argumentos, en los dos primeros. 

Desde el primer capítulo, el autor deja en claro uno de los fundamentos de los estudios posteriores que favorecerían las propuestas de igualdad social sin discriminación: las relaciones entre los sujetos que poseen algún estigma y los sujetos llamados “normales”. Es cuestionable, desde las teorías actuales, la denominación de normal, pues, por carga semántica opuesta, configura a los estigmatizados como anormales. No obstante, el término es solo un concepto para dar cuenta de las distancias sociales que existen entre aquellos que viven una vida normal y otros que sufren los desagravios de la sanción social[4].

Lo que queda claro, sin duda, es que, entre la normalidad y la estigmatización, existen otras categorías que surgen de la proxemia entre los estigmatizados y entre estos y los normales: por una parte, aparecen los iguales, categoría en la que se incluyen todos los sujetos considerados estigmatizados, y, por otro lado, aparecen los sabios, aquellos normales que, incluidos y aceptados dentro del grupo de los estigmatizados, saben comprenderlos y pueden orientarlos. En los diversos ejemplos que presenta el autor, se evidencia, verbigracia, el apoyo de enfermeras hacia sus pacientes estigmatizados, caso en el cual una persona normal guía y protege a los estigmatizados. En otras palabras y haciendo alusión a terminología del tercer capítulo, un sujeto del exogrupo de estigmatizados es bienvenido, en función de sabio, al endogrupo, con el fin de aportar, proteger y defender las formas de vida de los “anormales”.

A esta necesidad social de que el estigmatizado se incluya dentro del grupo de los normales, se le denomina “carrera moral”, término clave, no solo para el primer capítulo, sino, en general, para el desarrollo metodológico de lo propuesto por Goffman: lo que interesa a la sociología son las estrategias, con sus características, ventajas y limitantes, que planteen los sujetos normales para aceptar a los estigmatizados, así como las estrategias de estos últimos para inmiscuirse en las aceptaciones de los normales. 

 

Tesis principal del capítulo II, “Control de información e identidad personal”: El sujeto estigmatizado encubre o enmascara su identidad con fines estratégicos, dentro de las relaciones sociales que establece, lo cual da pie a que se configure una biografía propia y se construya otra por parte de los sujetos que lo rodean.  

Uno de los conceptos fundamentales desarrollados durante el segundo capítulo es, sin duda, el de identidad personal. Para Goffman, este término se comprende solo si existen dos características: 1) Marcas positivas, es decir, cualidades propias de la identidad física del individuo que lo diferencian de los demás y 2) combinación de los ítems de la historia vital, entendida como la amalgama biográfica, de carácter y de experiencia, que identifica al sujeto de los demás a lo largo de su existencia.

Con estos dos factores característicos de la identidad personal, el autor explica la importancia de la biografía en el estigmatizado y de los otros como biógrafos. Antes de mostrar tales diferencias, es indispensable comprender que, tras fines estratégicos, el sujeto estigmatizado encubre parte de la identidad que lo acompleja, hasta el punto que él mismo crea para los demás una imagen que lo favorece dentro de los contextos diversos de sociabilidad. La biografía que el sujeto “anormal” puede construir ante los demás suele ser estratégica y, por ende, dinámica.

El reconocimiento de la audiencia permite al sujeto estigmatizado actuar de una u otra forma, dependiendo de los lazos de proxemia que instaure con los diversos grupos. Ante la familia, es más fácil llevar la carga del estigma que ante desconocidos, o viceversa, si las circunstancias biográficas de ese sujeto así lo requieren. Es aquí cuando la identidad personal se integra con el fundamento de la identidad del sujeto en sociedad, hasta el punto de configurarse la categoría de identidad social, cuando el sujeto estigmatizado asume roles diferentes y de forma pertinente frente a los demás.

Es evidente que el autor se propone la comprensión social de las relaciones instauradas por sujetos estigmatizados y normales. Dentro de tal fin, da lugar no solo a la biografía, construida por los estigmatizados, sino también ofrece el análisis de la biografía que crean los otros sobre el sujeto “anormal”. Dentro de esta composición biográfica, Goffman propone dos tipos de reconocimientos que permiten la identificación parcial o total del individuo estigmatizado. En primer lugar, el reconocimiento cognoscitivo, entendido como aquel en que el biógrafo conoce de forma superficial al sujeto; y en segunda instancia, el reconocimiento social, comprendido como aquel conocimiento amplio de un sujeto sobre algún estigmatizado. Las versiones biográficas pueden variar en dependencia del tipo de reconocimiento del sujeto social frente al “anormal”.

Uno de los factores más enfatizados por el autor es la cualidad de encubrimiento por parte de los sujetos estigmatizados. Se comprende la razón: una biografía que surja de los otros es más o menos completa, según el nivel de encubrimiento del “anormal”. El autor considera que, siendo una de las características más notables de los estigmatizados, el encubrimiento forma parte de la conceptualización del proceso de control de identidad. Para ello, propone cinco tipos de este actuar: 1) Se ocultan o borran los signos, tales como nombres, que han sido parte del estigma. Aquí se comprende la razón por la cual muchos delincuentes se cambian el nombre o proponen un alias para sus fechorías. 2) Los sujetos disminuyen el estigma, de tal forma que haga parecer frente a los otros que su dificultad es mucho menor de lo que es en realidad. Por ejemplo, los sordos pueden similar ser distraídos o deprimidos, para pasar, ante los demás, como tales y no como carentes de oído. 3) La tercera estrategia de encubrimiento consiste en dividir sus acciones en dos grandes grupos: uno de los que saben y otros de los que no saben sobre el estigma. La idea del sujeto es hallar confianza y apoyo en los que sí saben, es decir, en parte de los sabios. 4) Los estigmatizados optan los distanciarse para evitar las relaciones interpersonales que los delatan y 5) tal vez, la más oportuna y que se logra con el transcurrir de la carrera moral: la capacidad de renunciar a todo tipo de encubrimiento y ser libre ante los demás.

El capítulo termina no sin antes presentar una precisión con el concepto de enmascaramiento, entendido como la estrategia del estigmatizado para incluirse en sociedad. Mientras que en el encubrimiento el “anormal” oculta sus cualidades poco favorables, en el enmascaramiento las disfraza o adapta para inmiscuirse dentro de los demás grupos sociales. Por ejemplo, un sordo puede practicar el volumen adecuado de la voz para actuar pertinentemente frente a los demás sujetos. Enmascarase es, por tanto, incluirse de la manera más “normal” posible a la sociedad.

 

Tesis principal del capítulo III, “Alienación grupal e identidad del yo”: El sujeto estigmatizado se encuentra en medio de una ambivalencia identitaria cuando siente vergüenza por los demás sujetos de su endogrupo al adoptar una mirada normal del estigma, pero, a su vez, se siente avergonzado con los suyos por experimentar tales sentimientos. Por tanto, el sujeto estigmatizado se aliena de su propio grupo buscando eliminar su diferencia con los normales; y, en el mismo sentido, los sujetos del exogrupo buscan la normificación, es decir, las formas para que el estigmatizado se sienta en confianza y tranquilo con el estigma.

Para Goffman, surge una ambivalencia en el estigmatizado cuando desea alienarse de su endogrupo para parecerse y encasillarse dentro de los normales. Las consecuencias que acarrea tal actitud conllevan una ambivalencia que consiste en el sentimiento de vergüenza del estigmatizado por pertenecer al grupo, así como la pena por avergonzarse de ellos. Entre las cualidades del sujeto estigmatizado, como se ha antecedido previamente, está el deseo por incluirse estratégicamente dentro de los normales; sin embargo, tal propósito trae consigo una ambivalencia: querer y no querer pertenecer al endogrupo.

En la misma línea, el autor describe la incomodidad del sujeto normal cuando establece relaciones con el estigmatizado. El deseo de normificación, es decir, la inclusión al grupo de los normales de aquel que sufre un estigma, es un proceso incómodo para el sujeto normal. Por tanto, Goffman propone ciertos párrafos orientados a la necesidad de apertura social por parte del estigmatizado, verbigracia: “Se considera que, si realmente se encuentra cómodo con su diferencia, esa aceptación tendrá un efecto inmediato sobre los normales, pues los ayudará a sentirse más tranquilos en situaciones sociales compartidas” (p. 151).  

Las actitudes sugeridas por el autor tienden a evitar lo que él mismo considera “alineación exogrupal”. Es común que los sujetos sociales se incomoden frente a la visión de un estigmatizado y, por tanto, desde el exogrupo, también termina siendo alienado. Aquel que sufre el estigma se aliena del endogrupo, pero, en el proceso de incluirse entre los normales, termina alienado por la incomodidad que, según el autor, genera en los demás seres sociales. Ante dicho panorama, es más que comprensible que Goffman opte por realizar, en un importante apartado del capítulo, cierto número de sugerencias para que las relaciones sociales entre normales y estigmatizados se desarrollen con mayor éxito.

Además de la aceptación que el estigmatizado debe sentir a sí mismo, Goffman propone las siguientes recomendaciones para evitar una segunda alienación del estigmatizado, esta vez por parte del exogrupo: En primer lugar, cuando se trata de un estigma físico, se recomienda que el estigmatizado procure mostrarse el mayor tiempo posible, antes de entablar una comunicación con los normales; así las cosas, estos últimos se acostumbran a la imperfección corporal y el impacto es menor. En segunda instancia, el autor sugiere a los estigmatizados que reciban gratamente las ayudas o apoyos que son ofrecidos por los normales, lo cual invita a crear lazos de confianza durante el proceso de normificación. Por último, es importante, según recomendaciones del autor, que el estigmatizado se crea más aceptado de lo que es, para que genere efectos mayores de confianza entre los normales: “En otras palabras, se le recomienda que corresponda naturalmente aceptándose a sí mismo y a nosotros, actitud que no fuimos los primeros en brindarle” (p. 154).

Desde una mirada actual del problema, bien puede considerarse que la responsabilidad de que los estigmatizados sean o no aceptados en sociedad recae directamente en ellos. En parte, según los argumentos de Goffman, es así. Sin embargo, se comprende también que, en los años sesenta y en el contexto del autor (se recuerda la lucha por la igualdad de las negritudes), interesan las posibilidades de inclusión de los sujetos estigmatizados. Un camino que propone Goffman es el del autorreconocimiento del estigma, para enfrentarse a los complejos de la sociedad. No obstante, el sujeto normal también tiene responsabilidades. Cabe aclarar que, a lo largo de todo el libro, configura un peso importante en el hacer del sujeto normal para la inclusión oportuna del estigmatizado. De este modo, quedan implícitas las recomendaciones para los normales con respecto al trato con los estigmatizados, las cuales se pueden resumir así: es posible y necesario, dentro de una mirada sociológica, normificar a los que sufren de un estigma.

 

Tesis principal del capítulo IV, “El yo y el otro”: La desviación normal es la base para la integración entre la identidad del yo estigmatizado y la identidad del otro normal. Llega el momento en que el estigmatizado puede actuar como el normal y, en ese caso, se borran las distancias entre el uno y el otro. Pasa lo mismo con los normales que juegan a ser estigmatizados. El desviado puede ser normal y este último puede ser desviado.

Goffman desarrolla los argumentos del cuarto capítulo (muy breve, en comparación con los anteriores) en función de la construcción identitaria del yo con respecto al otro. Da lugar a analizar la complejidad de adaptación de un sujeto normal que, tras un accidente, puede incluirse dentro de los grupos estigmatizados. Para el autor, no es compleja la confusión identitaria del sujeto en esta tentativa circunstancia, sino la preocupación de este por saber adaptarse a un contexto y a unas formas de vida desconocidas.

Tras la necesidad de ser aceptado, quien sufre el estigma debe desviarse de sus hábitos para adaptarse a otros (ya sea que haya recién adquirido la cualidad negativa o ya sea que la posea desde hace tiempo). Goffman denomina a esta acción “Desviación normal”, la cual surge siempre que el sujeto estigmatizado logra llegar a la meta de su carrera moral. Lo interesante, y siguiendo nuevamente los rasgos de la metodología comparativa utilizada, es que el autor plantea otra manera de dicha desviación: el sujeto normal puede desviarse cuando representa, por una u otra razón, el rol de estigmatizado.

 Desde la postura crítica del que reseña esta obra, la comparación parece ser algo forzada, pero comprensible dentro de ciertos momentos o situaciones en que los normales se mofan o juegan a actualizar el rol de un estigmatizado. Al respecto, el autor asegura que existen circunstancias en que el normal remeda al estigmatizado y que, incluso, sucede lo mismo a la inversa: el estigmatizado juega, en privado, a simular al normal. De esta forma: “(…) el individuo es capaz de representar ambas partes del drama normal-desviado” (p. 166).

Tras estos argumentos, el autor concluye un aspecto teórico que puede ser considerado de los más importantes de la obra: el estigmatizado y el normal no son personas, sino perspectivas, que se intercambian en relaciones sociales para construir identidades humanas.

 

Tesis principal del capítulo V, “Las divergencias y la desviación”: Un sujeto divergente es aquel que no se adhiere a las normas de un grupo, a pesar de ser consciente de que su colectividad lo puede marginar. Tal rechazo lo lleva a ser considerado un sujeto estigmatizado, en otras palabras, un divergente social, que termina haciendo parte de una comunidad igualmente divergente.

El último capítulo, que es el más breve, plantea una distinción importante entre desviación y divergencia. Goffman aborda en el cuarto apartado del libro, tal como se describe anteriormente, la definición de desviación normal, entendida como el juego de roles de los sujetos (estigmatizados y normales) para parecerse a los de su exogrupo. En el caso de los que sufren el estigma, tal desviación suele ser estratégica con el fin de incluirse dentro del grupo de los normales. La divergencia, por su parte, hace alusión a los sujetos que no se identifican con las normas de su endogrupo.

Goffman desarrolla dos tipos de divergencia: la endogrupal y la social. La primera consiste en la actitud de un sujeto estigmatizado que reniega de su grupo y, sin sentir vergüenza por sus iguales, desea pertenecer a los normales o a otros grupos (sea cual sea el caso). El autor no habla, justamente, en tales términos, pero su disertación en torno a cómo la identidad endogrupal no es reconocida por individuos que desertan de su colectividad inmediata hace suponer o permite inferir dos cosas: 1) la relación directa con los sujetos estigmatizados que no se reconocen en su endogrupo y 2) la estigmatización que sufren aquellos que, sin tener cualidades negativas notorias, son estigmatizados por renunciar a ciertos endogrupos.

La divergencia social es más abarcadora, pues se plantea la posibilidad de renegar las cualidades culturales y sociales en las cuales se nace y con las cuales el sujeto no se siente a gusto. En este tipo de divergencia caben los seres sociales que reniegan de su familia, de su religión, de su sistema político, y quienes, luego de renunciar a tales normas, son considerados dignos de estigmatización por los demás.

Habría hecho falta una conclusión general por parte de Goffman. Se entiende que cada capítulo es un todo en sí mismo, pero la complejidad de las propuestas merecía una mirada holística y breve de lo desarrollado a lo largo de las 180 páginas. Con motivo de suplir medianamente esta carencia, a continuación, se plantean unas conclusiones que pueden ser limitadas, pero, por lo menos, presentan una síntesis analítica de lo extensamente desarrollado por el sociólogo.

 5. CONCLUSIONES

Sin duda alguna, la obra de Goffman es una antesala a las relaciones de igualdad propuestas desde las teorías actuales de las ciencias sociales. El autor reconoce la importancia de los intercambios comunicativos entre estigmatizados y normales; por tal razón, plantea el estudio de la configuración indentitaria personal a raíz de las relaciones con los pertenecientes al exogrupo.  Desde el primer capítulo, entreteje la tela de sus argumentos con el hilo de las historias reales tomadas de periódicos y revistas de la época. La carrera moral, definida en las primeras páginas, se conecta de forma pertinente con los juegos de roles adoptados por los sujetos en el proceso de desviación normal. Las sugerencias que propone para los estigmatizados, con el fin de que sean incluidos en los grupos de los normales, se relacionan, así mismo, con la carrera moral, consistente en la optimización de las relaciones sociales entre las perspectivas (como culmina definiendo al estigmatizado y al normal). En últimas, se evidencia a lo largo de los capítulos una necesidad de inclusión social, que trasciende el fundamental análisis de las relaciones entre estigmatizados y normales.

 6. COMENTARIOS Y CRÍTICA

Por último, pueden plantearse ciertas críticas relacionadas, por una parte, con la terminología, y por otra, con las generalizaciones del último capítulo. El concepto de “normal” podría ser valorado negativamente por la asignación contraria al estigmatizado de ese mismo adjetivo: “anormal”. Aunque puede decirse que este juicio negativo se ofrece a la luz de las teorías actuales, cabe recordar que, en Lingüística, Coseriu (1952) ya había propuesto el concepto “normal” para hacer alusión a las formas diversas como se comunican comunidades lingüísticas (los dialectos, en este caso, eran considerados normales, en función de su hacer lingüístico dentro comunidades que así lo consideraban).

En cuanto a las generalidades del último capítulo, se insiste en la poca relación que ofrece el autor con respecto al tema que desarrolla: el estigma. Se habla de desviación y de divergencia endogrupal y social, pero no existe, de forma explícita, una conexión con los grupos de estigmatizados y de su relación con los “normales”.

Sin embargo, no cabe duda de que el propósito sociológico de Estigma es claro y pertinente: analizar las relaciones entre estigmatizados y normales, con el fin de comprender las características de las interacciones sociales que suceden entre ellos. Como se ha insisto en el transcurso de la reseña, Goffman plantea las bases de lo que serían las propuestas libertarias relacionadas con las igualdades. Además, el trabajo expuesto en el libro es apropiado para el contexto de los años sesenta en Estados Unidos, década de constantes recriminaciones de orden social.

 

7.      BIBLIOGRAFÍA COMPLEMENTARIA

Coseriu, E. (1973 [1952]): “Sistema, norma y habla” en Teoría del lenguaje y lingüística general. Madrid: Gredos (3ª edición revisada y corregida), 11-113.

Funes, M. J. (2018). Erving Goffman, su perfil y su obra. Tendencias Sociales. Revista de Sociología, (2), 5-22

Maneiro, B. L. (2003). En el aniversario de Erving Goffman (1922-1982). Reis, 47-61.

Tirado Mejía, Á. (2014). Los años sesenta: una revolución en la cultura. Penguin Random House Grupo Editorial SAS, Bogotá, Colombia.

Urteaga, E. (2010). Erving Goffman: vida y genealogía intelectual. Isegoría, (42), 149-164.



[1] Para comprender las influencias directas de este enfoque teórico-metodológico, se recomienda el artículo: Urteaga, E. (2010). Erving Goffman: vida y genealogía intelectual. Isegoría, (42), 149-164.

[2] Se sugiere como lectura complementaria el siguiente libro: Tirado Mejía, Á. (2014). Los años sesenta: una revolución en la cultura. Penguin Random House Grupo Editorial SAS, Bogotá, Colombia. Aunque el libro no aborda de forma exclusiva las diferencias o desigualdades sociales, presenta, en parte, un panorama global sobre estos movimientos sociales igualitarios en los años sesenta.

[3] Por cuestiones de espacio, se opta en esta reseña por acudir solo a los datos pertinentes del autor con respecto a su obra Estigma. Para los interesados en ampliar la información biográfica de Erving Goffman, se sugiere la lectura (amena, por cierto) de los siguientes estudios:  Funes, M. J. (2018). Erving Goffman, su perfil y su obra. Tendencias Sociales. Revista de Sociología, (2), 5-22 y Maneiro, B. L. (2003). En el aniversario de Erving Goffman (1922-1982). Reis, 47-61.

[4] En los comentarios finales de esta reseña, se halla una postura crítica al respecto, basada en la conceptualización propuesta por Eugenio Coseriu en 1952 sobre “Norma lingüística”.